Martín Chirino: «La pasión es lo que me ha permitido llegar aquí»

16/02/2018

«Si fuera posible visualizar los sueños, este sería el mío», sentenció ayer un emocionado Martín Chirino mientras con el brazo abarcaba el aire a lo largo y ancho de la galería madrileña Marlborough, que acoge la exposición antológica de su obra desde 1952 a 2018.

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El sueño cumplido del artista grancanario, exhibido en su galería «de toda la vida», se compone de doce esculturas –aeróvoros, cabezas, y sus reconocibles espirales–, junto a 29 dibujos inéditos en los que afloran también las formas que han marcado toda su obra.

El título de la exposición, Martín Chirino en su Finisterre, señala a ese espacio metafórico, físico y temporal, donde el autor dice encontrarse y donde, a sus 92 años –cumple 93 el próximo día 1 de marzo– sigue creando en libertad.

«Mi Finisterre es el espacio propio donde hago aquello que quiero», explica, «donde algo me dice trabaja, trabaja, y al final no se sabe por qué pero surge la magia, aparece algo que te tiene seducido y toma forma. Y no sabemos si es bueno ni malo, pero existe», añade.

Junto a una espiral de gran formato, en una sala empapelada por enormes fotos del artista trabajando en la fundición, Chirino se detiene bajo una frase impresa en la pared que ha acabado por hacerse suya: «Sin pasión no hay vida». La lee y afirma con la cabeza: «La pasión es lo que me ha permitido llegar hasta aquí, sin ninguna duda, la pasión me ha traído hasta hoy».

En esa esquina de la galería recibe Martín Chirino el abrazo de quienes van pasando a saludarlo, viejos amigos, gente del mundo del arte, rodeado siempre de su familia –su hija Marta, sus nietas Inés y Clara–, y para todos tiene palabras amables.

La casualidad ha querido que esta muestra retrospectiva coincida con el 60º aniversario de su primera exposición individual en Madrid, que fue allá por el año 1958 en el Ateneo y se llamó Los hierros de Martin Chirino. Y como un herrero se define todavía quien dice que los años no le evitan el gusanillo en el estómago por la responsabilidad de presentar su obra en una muestra de tanto calado.

En tiempos de arte sin discurso, el escultor grancanario Martín Chirino ha alcanzado su Finisterre sin dejar nunca de buscar el compromiso. «El artista tiene que narrar en mundo en el que vive», asegura.