La invención mitológica de Alzola

Tome los temas clásicos de la tradición pictórica y los personajes de la mitología clásica, imprégnelos del brillante colorido y las prácticas del arte pop y de las formas heredadas de las vanguardias artísticas. A estos ingredientes, súmele la ironía y el saber hacer de un artista que lleva cerca de medio siglo apegado a los pinceles. Métalo todo en la coctelera con algunos toques del paisaje canario y el resultado, quizás, podría parecerse en algún punto a la exposición que hoy inaugura Juan Luis Alzola bajo el título Nuevas Mitologías Hespéridas en el Centro de Iniciativas Culturales de la Caja de Canarias (Cicca) de la capital grancanaria, con el comisariado de Antonio P. Martín.

Carmen Delia Aranda
CARMEN DELIA ARANDA

El artista, miembro de la denominada Generación de los 70, recurre a colores de una alegría casi agresiva para desplegar un personal universo mágico poblado de un bestiario de engendros semi-humanos; perros martirizados, dragones, seres alados, monjes-buzos consagrados a la pesca, cabritos, guiñapos o comefuegos. Con estos personajes reinterpreta temas de la tradición mitológica y pictórica. De esta forma, sus composiciones sitúan al público entre el extrañamiento de lo fabuloso y la familiaridad de una iconografía ya conocida que incluye, además, elementos ligados al imaginario identitario canario.

«Esto podría ser una hipotética invención transversal sobre Canarias. Pero no es una exposición sobre el archipiélago, sino sobre los personajes vegetales, animales e híbridos que pululan en un paisaje y una consciencia transformada», comenta Alzola. «Le puse Nuevas mitologías Hespéridas porque los griegos se referían a las Hespérides como una tierra ignota, la más occidental, que se podía asimilar a Canarias o Cabo Verde, pero, en el fondo, se referían a una tierra desconocida», aclara.

Las referencias a las islas son obvias, sobre todo en varios cuadros protagonizados por dragos y dragones en actitud de defender su hábitat. «Hay un juego de imágenes y palabras. El drago se llama Dracaena draco», desvela el creador.

Alzola despliega este imaginario en 40 obras realizadas principalmente entre los años 2000 y 2005 que nunca había expuesto con anterioridad. «Tengo muchas más obras de estas. Creí que era interesante mostrarlas», señaló el pintor poco propenso a las exhibiciones, como lo demuestra el hecho de que, desde 1971 hasta ahora, sume un total de 18 exposiciones individuales.

Alzola llegó al arte tarde y por afinidad intelectual. «Estaba estudiando Filosofía y letras y me metí en Bellas Artes. Al terminar, me encontré con una serie de amigos, como Tony Gallardo, y fundamos un grupo que se llamaba Contacto 1 en la transición, una época muy político-artística», cuenta sobre sus ya lejanos inicios en la pintura.

Sin embargo, a pesar de llevar toda la vida dedicado a sus pinceles, nunca ha vivido del arte. «Para mí ha sido prácticamente imposible. Es una vocación y lo que me gusta. Profesionalizarte en el arte es casi imposible y en Canarias es más difícil aún. Para vivir del arte hay que vender y aquí hay un sistema de galerías y coleccionistas prácticamente inexistente. Es imposible. Tendrías que desplazarte, pero decidí lo que me gusta es estar aquí», indica el artista que no tuvo esta meta entre sus objetivos.

«Yo no he querido vivir del arte, sino vivir como un artista. Esa ha sido mi realidad. Creo que la mayoría de los artistas de Canarias tienen este problema: sobrevivir del arte es muy difícil», subrayó Alzola quien expresó su deseo de que esta realidad cambie y las nuevas generaciones de creadores tengan otro horizonte. «Ojalá esta profesión fuera como una más; que uno pudiera sobrevivir, estar y relacionarse y tener un estatus determinado como corresponde a cualquier tipo de trabajador, cosa que no es cierta», apunta.

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