Exposición

El diálogo pictórico de dos orillas atlánticas

16/11/2019

El Norte, el Sur; la Macaronesia, el Cantábrico; la luminosidad, la grisura del cielo; la atmósfera oscura y densa, la claridad de los colores brillantes; el horizonte como una posibilidad esperanzadora o como un muro de cemento. Todo parece contrapuesto en las visiones que ofrecen del mar el pintor asturiano Miguel Galano (Tapia de Casariego, 1956) y el canario Luis Palmero (La Laguna, 1957).

Sin embargo, en sus cuadros de pequeño formato habita la misma poesía. Ambos sintetizan en las formas y colores las sensaciones rotundas que transmiten a quienes las contemplan. Este diálogo pictórico entre dos orillas del mismo océano se puede contemplar hasta el próximo 20 de diciembre en la galería Manuel Ojeda de la capital grancanaria, donde, por primera vez, han coincidido estos creadores en un proyecto titulado De mar a mar, comisariado por Juan Manuel Bonet y Andrés Sánchez Robayna.

«Llevamos muchos meses hablando por teléfono y WhatsApp para hacer esta exposición», comenta Luis Palmero del encuentro pictórico con Galano, al que aún no conocía personalmente.

Ambos han abierto 30 pequeñas ventanas al mar y a las orillas atlánticas en composiciones que plantean un extraño diálogo desde la confrontación de formas y colores casi opuestos. «El proyecto es el encuentro de dos mares; el de Asturias, por un lado; y el de Canarias, por otro», explica el galerista Manuel Ojeda, sobre este proyecto que también ha quedado plasmado en una carpeta gráfica con textos del crítico y poeta Juan Manuel Bonet y de su colega canario Andrés Sánchez Robayna.

En el caso de Galano, la tristeza, la oscuridad y la soledad que transmiten sus composiciones en blanco y negro de óleo sobre papel, lienzo y madera logran sobrecoger al espectador, si bien huyen del impacto paisajístico de la grandiosidad. «Encuentro el motivo de la pintura en unas paredes, un banco de un parque, una farola, un atardecer... Es lo más lejano a la grandilocuencia. Los objetos se empequeñecen. Están más cerca de lo íntimo, de la voz baja», dice.

La oscuridad tenebrosa de su paleta de negros y grises separa al asturiano de Luis Palmero, que en sus collages de pinturas y dibujos emplea colores planos, brillantes y alegres.

«A pesar de nuestra aparente distancia estamos más próximos de lo que podría decir un vistazo poco reposado. Él es también a su manera íntimo. Los dos huimos de ese aparato conceptual que baña plásticamente todo el arte contemporáneo, de esas manifestaciones que parten de un texto o que buscan un pretexto conceptual. Defiendo más la pintura muda, que no necesita ningún andamiaje para ser. Sino que todo eso, lo lleva puesto», explica Galano sobre su forma de entender la plástica. «Esa pintura muda no quiere decir que no transmita nada. Me interesa que la pintura golpee de una manera silenciosa», abunda el autor.

También Palmero detecta puntos de encuentro con Galano. «En el fondo, los dos miramos la luz; interpretamos la luz de un determinado territorio y ese contraste me parece muy interesante», comenta el pintor canario quien presenta una serie de collages donde la pintura, el dibujo, el lienzo y el papel se encuentran. «Voy pintando las piezas por separado. Luego las uno y lo que sale tiene apariencia de figuración, pero en el fondo son obras bastante abstractas», explica este explorador del minimalismo y las geometrías.

Uno y otro caminan en el límite entre la abstracción y la figuración; y mientras el tinerfeño investiga la capacidad de las formas geométricas para transmitir estados de ánimos, sensaciones, deseos y paisajes mentales; el asturiano crea un mundo oscuro reinterpretando los géneros clásicos de la pintura para insertarlos en las claves de un particular romanticismo del Norte; «un mundo oscuro que tiende a la bruma, al gris, que no tiene que ver con la superficie del mar o las cosas sino con el alma misma», dice Galano.