El bosque minimalista de Mena

Fernando Mena (Los Llanos de Aridane, La Palma, 1958) ha mostrado su trabajo en Tenerife, Lanzarote, Fuerteventura y La Palma. «Hasta ahora nunca había expuesto en Gran Canaria», comenta con cierta perplejidad el artista que confiesa estar trabajando en varios proyectos para cubrir sus lagunas canarias: La Gomera, El Hierro y La Graciosa.

Carmen Delia Aranda
CARMEN DELIA ARANDA

Aunque ha protagonizado una veintena de exposiciones colectivas y lleva décadas aplicándose en dominar la naturaleza pétrea del basalto, su trabajo podrá verse por primera vez en Gran Canaria, en el espacio cultural S/T, gracias a las relaciones personales que ha cultivado en los últimos tiempos. «Desde hace cuatro años paso todos los fines de semana en Gran Canaria», afirma el artista, un gran conocedor de las rocas canarias gracias a los 16 años que pasó regentando una cantera de piedra en Tenerife. Tras este periodo, vendió su parte del negocio y se dedicó en exclusiva a la escultura. La renovada torre de la Catedral lagunera, la reconstruida iglesia de Buenavista del Norte, la plaza del auditorio de Tenerife, el Parador Nacional de Turismo de La Palma y la restauración del Obispado de La Laguna tienen como denominador común el material extraído de la cantera de Mena, un lugar del que sacaba las mayores y más singulares piedras para hacer sus esculturas. «La cantera me dio la oportunidad de hacer cosas grandes. Ahora hago obras más pequeñas, desarrollo otras ideas», explica el artista en una conversación telefónica.

A finales de los años 70, Mena comenzó Bellas Artes en la especialidad de Pintura en la Universidad de La Laguna. Luego, tras formarse en la Escuela de San Carlos y en Círculo de Bellas Artes de Valencia, regresó a Tenerife y completó sus estudios de Bellas Artes con la especialidad de Escultura. Desde entonces, el basalto, una de las piedras más duras, ha sido su materia prima favorita. «Siempre he sentido mucha atracción por los materiales de las islas», afirma Mena, que a partir de esta noche presenta nueve obras de este material, además de dos esculturas en bronce, en su exposición Laurisilva. «Es un homenaje a este bosque del cuaternario porque este tipo de vegetación atrapa la humedad de las nubes y la capta para la tierra. Es una forma de mostrar mi agradecimiento a esa vegetación. Creo que no somos conscientes de lo que aporta a las islas», asegura el escultor que lamenta que en Gran Canaria quede un reducto mínimo y casi testimonial de lo que algún día fue el gran bosque de Doramas.

El escultor ha abrazado la hoja como símbolo del bosque. «Es una forma abstracta muy simbólica y universal. Puede representar la cara o el sexo de una mujer», cuenta Mena sobre las posibles lecturas de las figuras que protagonizan su proyecto.

Las grandes formas ovales se nos presentan con distintos acabados, incluso una de ellas aparece parcialmente cubierta con una lámina de pan de oro.

En la primera sala, una pieza rompe la unidad formal del conjunto. «Evoca una máquina de coser. Es un homenaje a mi madre que era modista», dice el autor, que tiene obras públicas en Los Cristianos, Tegueste y en el Museo de Arte Contemporáneo de La Palma, entre otros lugares.

En la segunda salita, Mena reflexiona a través dos piezas de bronce sobre la dificultad de la convivencia y la falta de libertad. «Me baso en las emociones cuando trabajo. Intento transmitir una emoción de la mejor manera que puedo», apunta el artista que siempre comienza su trabajo con lápiz, un papel y un «sentimiento» que compartir.

Datos para la visita

Qué. Laurisilva, esculturas de Fernando Mena.

Horario: Hasta el 6 de julio, de lunes a viernes, de 17.30 a 20.30 horas.

Dónde. En la sala S/T, en la calle de Enmedio sin número, en la capital grancanaria.