Exposición

Dos creadoras arrastradas al CAAM por las mareas globales

25/10/2019

El mar y la condición insular impregnan las piezas que exhiben la venezolana Nela Ochoa y la joven aragonesa Natalia Escudero producidas en su residencia artística en el museo de Vegueta

c.d. aranda /Las palmas de gran canaria

El mar nos separa del resto del mundo y, al mismo tiempo, nos conecta con otros territorios bañados por las mismas aguas.

Esa paradoja ha interesado a Nela Ochoa (Caracas, 1953) y Natalia Escudero (Zaragoza, 1991); las dos creadoras que han pasado cuatro semanas en el Centro de Atlántico de Arte Moderno (CAAM) para desarrollar sus proyectos artísticos, tras ser elegidas en una convocatoria a la que concurrieron alrededor de 60 propuestas.

Sus obras se expondrán desde hoy y hasta el próximo 24 de noviembre en la sede del museo situada en el número 9 de la calle Balcones. «Desde que se inició en 2017, esta es la tercera edición del programa Artistas en Residencia, que no solo pretende promover la producción de artistas canarios sino nacionales e internacionales», indicó el director del CAAM, Orlando Britto, que subrayó el honor que supone para el museo acoger a una creadora de una trayectoria tan dilatada como la de Nela Ochoa, afincada en Tenerife hace dos años.

La contaminación de los océanos y sus efectos sobre los seres vivos centra la propuesta de Ochoa, presidida por una ola de tres metros de alto realizada con plásticos encontrados en la franja costera durante limpiezas de fondos y playas. «Registraba las bolsas de basura para sacar los plásticos azules, blancos y negros», explica la artista que con esta pieza pone de relieve la dimensión del problema de la contaminación marina. «El mar no tiene fronteras. Es la continuidad de las islas. Lo que pasa en una orilla llega a otras», dice la creadora que acompaña esta ola plástica con la que homenajea al maestro japonés Katsushika Hokusai y su popular grabado La gran ola de Kanagawa.

No obstante, Ochoa no solo propone este trabajo como una denuncia. «También es positiva porque plantea la posibilidad de usar la basura para crear», afirma la venezolana que acompaña esta pieza de tres impresiones sobre madera donde recrea nuevas especies animales modificadas por la basura marina y la instalación mural Exponja, realizada con estropajos metálicos. «Reproduce la secuencia genética de la esponja volcán, que está en peligro de extinción en Canarias», añade la artista que abandonó su país hace dos años ante la imposibilidad de seguir produciendo obras. «La situación en Venezuela es imposible. La gente ha tardado mucho en darse cuenta de que aquello es una dictadura», comenta Ochoa que impartió talleres para usar el arte como medio de denuncia. Huyó de la violencia de Caracas para asentarse en Isla Margarita. «Cuando faltó el agua, la luz, el teléfono e internet decidimos venir», dice la artista, cuyo marido es de origen canario. «La vida es muy corta para pasarla luchando contra los narcos, los militares y los extremistas», añade.

Esa paradoja ha interesado a Nela Ochoa (Caracas, 1953) y Natalia Escudero (Zaragoza, 1991); las dos creadoras que han pasado cuatro semanas en el Centro de Atlántico de Arte Moderno (CAAM) para desarrollar sus proyectos artísticos, tras ser elegidas en una convocatoria a la que concurrieron alrededor de 60 propuestas.

Sus obras se expondrán desde hoy y hasta el próximo 24 de noviembre en la sede del museo situada en el número 9 de la calle Balcones. «Desde que se inició en 2017, esta es la tercera edición del programa Artistas en Residencia, que no solo pretende promover la producción de artistas canarios sino nacionales e internacionales», indicó el director del CAAM, Orlando Britto, que subrayó el honor que supone para el museo acoger a una creadora de una trayectoria tan dilatada como la de Nela Ochoa, afincada en Tenerife hace dos años.

La contaminación de los océanos y sus efectos sobre los seres vivos centra la propuesta de Ochoa, presidida por una ola de tres metros de alto realizada con plásticos encontrados en la franja costera durante limpiezas de fondos y playas. «Registraba las bolsas de basura para sacar los plásticos azules, blancos y negros», explica la artista que con esta pieza pone de relieve la dimensión del problema de la contaminación marina. «El mar no tiene fronteras. Es la continuidad de las islas. Lo que pasa en una orilla llega a otras», dice la creadora que acompaña esta ola plástica con la que homenajea al maestro japonés Katsushika Hokusai y su popular grabado La gran ola de Kanagawa.

No obstante, Ochoa no solo propone este trabajo como una denuncia. «También es positiva porque plantea la posibilidad de usar la basura para crear», afirma la venezolana que acompaña esta pieza de tres impresiones sobre madera donde recrea nuevas especies animales modificadas por la basura marina y la instalación mural Exponja, realizada con estropajos metálicos. «Reproduce la secuencia genética de la esponja volcán, que está en peligro de extinción en Canarias», añade la artista que abandonó su país hace dos años ante la imposibilidad de seguir produciendo obras. «La situación en Venezuela es imposible. La gente ha tardado mucho en darse cuenta de que aquello es una dictadura», comenta Ochoa que impartió talleres para usar el arte como medio de denuncia. Huyó de la violencia de Caracas para asentarse en Isla Margarita. «Cuando faltó el agua, la luz, el teléfono e internet decidimos venir», dice la artista, cuyo marido es de origen canario. «La vida es muy corta para pasarla luchando contra los narcos, los militares y los extremistas», añade.

Nuevas conexiones.

Los objetos son la materia de trabajo de la artista Natalia Escudero que, con solo 28 años, ya ha expuesto en Kassel, Pekín o Tokio y se sitúa entre las jóvenes promesas de la creación española.

En el CAAM, presenta su proyecto Golden Accidente en el que, a través de dos vídeos e instalaciones que combinan pintura y objetos, crea nuevas conexiones entre Canarias y Japón, basándose en el valor que se otorga en ambos archipiélagos a los fragmentos cerámicos. Estos trozos de loza los reconvierte en islas misteriosas de una cartografía imaginaria junto a objetos recogidos en ambas latitudes en la instalación San Borondón; una reconstrucción.

El mar, que baña ambos territorios, y la similitud de la arena de las dunas de Maspalomas y el polvo de oro; empleado en Japón para reparar las fracturas de las piezas cerámicas, son otros de los elementos sutiles que emplea la creadora para inventar un archipiélago propio donde los trozos de alfarería se convierten en islas.