Jornadas

Argullol: «Sin ilusión ni deseo no se vive, se sobrevive»

23/10/2019

El poeta, narrador y ensayista Rafael Argullol (Barcelona, 1949) lleva toda su vida fascinado por la belleza. Este miércoles, a las 20.00 horas, el catedrático de Estética y Teoría de las Artes en la Facultad de Humanidades de la Universidad Pompeu Fabra cerrará unas jornadas dedicadas a explorar la belleza desde distintas disciplinas artísticas en la Fundación Martín Chirino de la capital grancanaria.

«La belleza es una mezcla de celebración y sacrificio, en el sentido de arriesgar, de apostar y de saber luchar para hacer apuestas firmes. La consecución de la belleza, al igual que la satisfacción y el placer, requiere de ciertas dosis de sacrificio», explica Argullol, quien dialogará con la historiadora del Arte, Ángeles Alemán, sobre el esfuerzo que exige la excelencia estética, algo que plasmó en su libro Maldita perfección (Acantilado, 2013) y homenajeará a uno de sus vínculos con Canarias, a su amigo, el poeta tinerfeño José Carlos Cataño, fallecido en agosto.

El experto señala que las experiencias estéticas que proporcionan la naturaleza o del arte son formas de conocimiento no siempre son placenteras. En este sentido, pone como ejemplos una tempestad, el universo o un cuadro de Goya; elementos donde se mezcla el caos y la violencia. «La belleza también implica entrar en las partes oscuras de la condición humana», dice el autor que encuentra en el juego, la contingencia y lo vertiginoso nuevos orígenes de la belleza, aunque también la vida moderna incorpora obstáculos inéditos para encontrarla, como «el horror de ir siempre con prisas».

Para Argullol, la ética de un creador es su ética. «Un artista tiene que ser verdadero consigo mismo, no debe atender a una verdad teológica ni a unas leyes del mercado, ni a lo que diga su agente. Tiene que ser coherente con su verdad. Esa es su ética», apunta el experto que no cree que el mundo sea más o menos feo que en otros momentos de la historia. «Séneca o Cicerón –dice– ya hablaban de la juventud apática, de la confusión del mundo, del triunfo del dinero, de la política del simulacro y del espectáculo. Son cuestiones que siempre han acechado a la condición humana», manifiesta sobre el aspecto de nuestro tiempo. Además, cree que la belleza es un concepto totalmente subjetivo. «En un solo día el mundo puede ser precioso y horrible porque definimos el mundo según nuestro estado de ánimo. Uno puede estar en la ciudad más fea del mundo que, si está enamorado, está encantado», comenta el creador barcelonés que cree que la sensación globalizada de amenaza que experimenta el planeta alimenta la aparición de «extremismos salvadores». Algo que, en el caso de la irrupción de la extrema derecha en España, no le ha extrañado. «Siempre ha tenido un suelo fértil porque no hubo una ruptura real con el franquismo. Los hijos del franquismo no se atrevieron a reanimarlo, pero los nietos son más descarados y sí se han atrevido», dice el pensador que opina que la mayor amenaza que percibe el mundo se debe a la explosión demográfica del último siglo. «En cien años hemos multiplicado por nueve la especie humana. Eso ha generado grandes migraciones que se perciben con una sensación de amenaza», comenta este europeísta que cree que la desilusión ya ha ganado las elecciones del próximo 10-N. «Lo más problemático –afirma–, no solo en España sino en Europa, es que la democracia es muy frágil. Para que una idea fructifique tiene que estar rodeada de ilusión y deseo, la vida sin deseo no es vivir, solo sobrevivir. El proyecto europeísta ha ido perdiendo fuelle. La Europa que se construye no es la de Goethe, Rilke o Valéry, es de burócratas y contables», que entiende que la pérdida del sentido de la cultura ha dejado espacio a egoísmos de todo tipo, sobre todo capitalistas.