Algunas de las zapatillas expuestas en la primera sala de la exposición, dedicada al break dance.

Arte callejero en interiores

El Museo Nacional de Antropología cuenta los orígenes del grafiti en España a través de pintadas, zapatillas, ropa, fotos, carteles o casetes de los 80 y 90

Iker Cortés
IKER CORTÉS Madrid

Adentrarse desde hoy en el Museo Nacional de Antropología es casi como pasearse por las calles del Madrid que lo acoge. Porque entre los muros del recinto se expone ya, y hasta el 1 de noviembre, 'Todo comenzó en el 84. Orígenes del graffiti en España', una muestra que se asoma al nacimiento de la cultura hip hop y del grafiti en ciudades como Madrid, Barcelona y Sevilla y a su desarrollo entre 1984 y 1991. «Fueron los pioneros, la generación perdida, a partir de ahí cambiaron mucho las cosas y vino otra generación con otros aires», explica Francisco Reyes, comisario de una exposición con la que el Ministerio de Cultura inaugura un ciclo de proyectos dedicados a las culturas urbanas.

En orden cronológico y organizada en tres salas y un distribuidor -dedicado al primer grafitero español, Muelle-, la exposición ahonda a través de objetos, fotografías y proyecciones audiovisuales en el inicio de ese movimiento gracias a la explosión del 'break dance' en España en 1984 y luego la del grafiti y el rap, entre 1989 y 1991, con una sala dedicada a las firmas originales de los primeros artistas y los comienzos del rap en España. La tercera sala da cabida a los testimonios gráficos sobre la dimensión que tuvo este fenómeno cultural.

Aunque el título llame a engaño, 'Todo comenzó en el 84. Orígenes del graffiti en España', no se dedica solo al arte de pintar y firmar las calles. «No se puede hablar solo de grafiti obviando todo lo demás -explica Reyes-, por eso hemos decidido contar la verdad y sobre todo ponerlo todo en contexto. En 1984 sabíamos lo que era el grafiti, pero estábamos bailando».

Referentes del género

Prendas de ropa, zapatillas y cinturones, equipos de música, vinilos y casetes, fanzines, carteles, entradas de conciertos, bocetos, correspondencia, firmas originales... Son algunos de los objetos, recopilados con la complicidad de personas clave de la cultura hip hop en sus inicios -coleccionistas, raperos, escritores y 'breakers'-, presentes en una colección distinta, que se ha adueñado de este centro museístico, a juzgar por la cantidad de texto escrito a mano, con spray y rotuladores, que desborda sus paredes. «Para leerte todo igual tienes que estar tres horas», dice entre risas el responsable del proyecto, que ha escrito buena parte de los textos junto a otros referentes del género como Kapi, Zeta, Suso33, Toro, Mata, Remebe, Randy y Larry88, entre otros.

A partir del 1 de noviembre, todos los textos desaparecerán. ¿Acaso buscaban replicar lo efímero de un grafiti? «En realidad, todas las exposiciones lo son», contesta. «Lo que hemos intentado es ser originales y que la gente, en lugar de encontrarse un montón de textos pegados con vinilo y letra de imprenta, se encuentre con un trozo de calle bombardeada con grafitis, con letras, con colores, con churretones... Queremos que la gente se sienta en un barrio de mierda, lleno de grafitis y de firmas», concluye.

Tres de las imágenes presentes en la exposición.