Grabado de Antonio de Nebrija.

'Antonio de Nebrija o el rastro de la verdad' bucea en la biografía de un «detective de las letras»

José Antonio Millán escribe un ensayo biográfico del humanista y filólogo cuya presentación supone el punto de partida de las actividades que formarán parte de la conmemoriación del quinto centenario de su muerte

Iker Cortés
IKER CORTÉS Madrid

Dice José Antonio Millán (Madrid, 1954) que cuando le plantearon escribir un libro sobre Antonio de Nebrija, con motivo de la conmemoración del quinto centenario de su muerte, se preguntó qué sabía él del filólogo y humanista que vivió a caballo entre la Edad Media y el Renacimiento y asistió a la invención de la imprenta. «Me daba la impresión de que sabía bastantes cosas que me animaron a entrar en el proyecto, pero estaba muy equivocado», señala el escritor y filólogo.

Afirma haber cambiado muchas de las ideas que tenía en torno a la época y la figura de este sevillano, que iba para sacerdote -«fui arrastrado al matrimonio por la incontinencia», llegó a escribir con mucha sorna- y acabó sistematizando la gramática y el alfabeto castellano 200 años antes de crearse la Real Academia de la Lengua Española para que sus lectores aprendieran latín.

Lo cuenta Millán en 'Antonio de Nebrija o el rastro de la verdad' (Galaxia Gutenberg), un ensayo biográfico, que se presentó ayer en la Universidad Nebrija de Madrid en un acto en el que participaron el rector, José Muñiz, y el exdirector de la RAE Darío Villanueva. Supone el inicio de las más de setenta actividades que se proyectan para el aniversario.

El libro fue «incubado en el silencio y la soledad de la pandemia», explica Millán. Aquel confinamiento atroz, paradójicamente, le sirvió para concentrarse en la redacción de una obra que, entre otras cosas, «rompe con la idea que el franquismo plantó en los estudiantes de que era un lingüista a favor del imperio», señala el editor Joan Tarrida.

Entre las curiosidades, destaca su lucha contra las ediciones no autorizadas -hizo una pequeña fortuna con sus libros de texto- o cómo se desmarcó de la edición de la 'Biblia Políglota' que hizo el cardenal Cisneros al detectar errores y sugerir correcciones que éste último evitó incluir para no ir contra la Iglesia. «Era un detective de las letras», concluye Millán.