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Alberto S. Darias posa durante la entrevista con este periódico. Arcadio Suárez
Al Alba, la utopía con nombre de canción
Cultura

Al Alba, la utopía con nombre de canción

Alberto S. Darias cumple un año con un proyecto personal que pretende abrir puertas en la cultura en tiempos complejos y faltos de escena

David Ojeda

Las Palmas de Gran Canaria

Sábado, 16 de marzo 2024, 23:15

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Al principio fue la palabra y la guitarra. El poder de la canción en un escenario. Las letras por la vía de la filología. Hasta que llegó la edad del sustento, de trillar calle como comercial. Alberto S. Darias es un hombre sin miedo a reinventarse, que en la madurez vital se ha decidido por la utopía de la gestión cultural desde una ciudad sin espacios para ello. Al Alba cumple un año y él celebra su locura.

Sus testimonio es tan válido como el de cualquier otro para hacer una división de aguas del estado actual del sector. Tal vez, la relevancia se la aporte el aparecer de una nada en una escena comprimida y fijada a la realidad de un tiempo complejo.

Reciclarse, en la primavera de la vida, tratando de abrir puertas en un espacio complejo necesita un ejercicio de comprensión. «Tras el cierre de Olympia –empresa troncal en su vida– me tuve que reinventar. Y aunque venía del mundo comercial no dejo de ser un hombre de letras, un tío al que la cultura le apasiona. Por eso nació Al Alba, porque me apetecía mucho ponerme el traje de Quijote», explica.

Con esas herramientas construyó su proyecto. Una empresa unipersonal que le vuelve a emparentar con un mundo que conoció hace muchos años, cuando afinaba la guitarra para subir a los escenarios en los que se desarrollaba la canción de autor en otros tiempos. No tan antiguos pero que parecen distantes. «Apostar por la cultura ya se sabe lo que supone. Si además te vas al segmento al que yo me posiciono yo lo de Quijote se queda corto. Aunque es cierto que como nadie pone el foco ahí estoy encontrando un espacio», expone.

El primer año de Darias como promotor le ha confirmado los propósitos fundacionales de su apuesta personal. «Hay un montón de manifestaciones artísticas que se pueden hacer que los programadores culturales desprecian. Ahí es donde me quiero instalar yo, aunque sé que es complejo», indica.

En sus primeros pasos se aprecia la misma vocación que le invocó a componer hace décadas. Ahora, de su mano llegan ciclos como el '12 noches de autor', que cada mes presenta a un cantautor en las salas del Castillo de Mata. Es una forma de desafiar la realidad de este momento, en el que los autores de voz y guitarra no encuentran su espacio. «Hemos ido claramente a peor. Hace unos 20 años había un circuito muy amplio en el que cualquiera podía tocar; Las Palmas de Gran Canaria ofrecía esa posibilidad a los jóvenes cantautores o las bandas. Yo pude tocar en el Cuasquías o en el pub La Calle, era otra ciudad con otra oferta», manifiesta.

Una ciudad sin locales donde tocar

Ese planteamiento surge directamente del formato de pregunta y respuesta. Nace de desnudar al sector y conocer sus fortalezas y, claro, sus debilidades. «Lo primero que hice cuando empecé la andadura con Al Alba fue sentarme con cantautores, con poetas, para intentar comprender cómo veían ellos la distribución cultural. Y todos me decían lo mismo: No tenemos donde tocar. No hay un circuito activo y eso es lo que me gustaría conseguir de la parte pública, generar un punto de encuentro con la canción de autor», responde inmediatamente.

Y es que no tira la toalla. Cree que su propuesta tiene respaldo. «Tengo la teoría que cuando en las programaciones culturales se ofrece un espacio para la canción de autor la gente responde. En enero arrancamos las '12 noches de autor' con Luis Quintana y se llenó. 115 butacas, 115 personas. Hubo gente que se tuvo que marchar a su casa. Lo mismo sucede con Patios Encantados en Telde, que organiza Ari Jiménez. No es un género de masas pero el público sigue estando ahí», asevera convencido.

Eso le ha llevado a un año de sabores inciertos, de puertas que se abren y otras que duelen al golpear sus narices. «El destinatario final al que yo asisto es un organismo público. Me estoy encontrado con concejales de cultura con mucha empatía y disposición. Pero también hay otros que por venir de un proyecto pequeño no te reciben o si lo hacen es para hacerte perder el tiempo. A mí me pasó en una ocasión en la que me han hecho ir dos veces a una reunión, le he preparado una propuesta, y luego han pasado cinco meses y no se dignan ni a responderme. Aunque sea negativa», comenta mientras desarrolla con ilusión otros proyectos que aseguran que poco a poco se irán desvelando.

La palabra y la canción, siempre cosidas, siguen siendo los elementos sobre los que Al Alba pretende lanzar su proyecto cultural a otro estatus. «Trabajamos, por ejemplo, en un proyecto de musicalización de poetas canarios. Una muestra ecléctica que he hecho yo mismo de nombres como Tomás Morales, Alonso Quesada o Santiago Gil, con la intención de que músicos grancanarios conviertan en canciones esos poemas. No es algo nuevo, pero se trata de presentar el proyecto con un concierto en Las Palmas de Gran Canaria, presentar la poesía como algo muy potente para que se acerque a la gente joven girando por toda la isla», expresa defendiendo una utopia con nombre de canción.

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