Abraham 'Bulli' Yehoshúa. / Mireya López

Abraham B. Yehoshúa, un pacifista que creía en la guerra, muere a los 85 años

El escritor y exmilitar israelí exploró en sus novelas la tradición sefardí de la que formaba parte y la identidad judía

Miguel Lorenci
MIGUEL LORENCI Madrid

Abraham 'Bulli' Yehoshúa uno de los escritores israelíes con mayor proyección internacional junto a David Grossman y al fallecido Amos Oz, brillante cronista de la tradición sefardí a la que pertenecía, falleció ayer a los 85 años a consecuencia de un cáncer en un hospital de Tel Aviv. Explorador de la identidad judía e israelí, buscó desde la izquierda pacifista soluciones para el conflicto palestino, bien mediante e la formula de los dos Estados, o bien mediante una confederación.

Nacido en Jerusalén en 1936 en el seno de una familia sefardí en la que era conocido como 'Bulli', estudió literatura hebrea y filosofía en la universidad de su ciudad natal. Novelista, ensayista y dramaturgo, entre sus muchos títulos los más destacables son 'Divorcio tardío', 'Marea alta y otros relatos' y 'El señor Mani'.

Paracaidista en su día, padre de un militar israelí, era Yehoshúa un pacifista peculiar que defendía la guerra cuando la creía necesaria. Militó a la izquierda del partido laborista y creó en 1967 'Paz Ahora', un movimiento minoritario entonces y mayoritario a finales del siglo XX.

Profesor de literatura en la universidad de Haifa y habitual colaborador en la prensa europea, en política defendía posiciones pacifistas, aunque no se encontraba cómodo con esta etiqueta. «Si soy atacado me defenderé, de modo que no sé si se me puede llamar pacifista» advertía Yehoshúa, que fue siempre optimista sobre el proceso de paz en Oriente Medio.

«Mi esperanza es sólida y positiva en favor de la paz» repetía. Creía que la paz se impondrá en Oriente Medio y que a pesar de que el ejército israelí fuera la fuerza ocupante en Gaza y Cisjordania, la sensatez se impondrá y los dos pueblos convivirán.

«No me gusta la palabra pacifista. No niego la guerra cuando la creo necesaria. Asumo el compromiso del reconocimiento de los palestinos como un pueblo igual al pueblo israelí, y con derecho a la autodeterminación. Pero no rechacé, por ejemplo, la guerra contra Sadam Husein, que invadió un país y cometió atrocidades. Sí estoy por el reconocimiento de los derechos y la autodeterminación del pueblo palestino. Tenemos un futuro común. No hay otra solución. Otras posibilidades son peligrosas y terribles, porque existe el fanatismo islámico y el judío» aventuaab hace años, en la prsentación en España de uno de sus libros.

Viajes literarios

Un largo recorrido en coche por Andalucía le impulsó a profundizar en la sociedad judía de hace un milenio y en la importancia para la historia hebrea de las comunidades del sur de España. El resultado fue la novela 'Viaje al fin del milenio', una relato histórico y de viajes de largo aliento centrado en las graves diferencias socio-culturales entre los judíos del norte y los del sur en aquel tiempo y destacaba la influencia crucial de la riqueza cultural andalusí en la historia de la cultura judía.

Ambientada en el año 999, –el año 4.758 para los judíos, y 338 años después del viaje de Mahoma de la Meca a Medina–, narra el fascinante y peligrosísima singladura desde Tánger hasta París, a una Europa atormentada ante la proximidad del nuevo milenio, de Ben Attar, un mercader judío de cultura andalusí y que verá afectadas gravemente las relaciones comerciales con su sobrino.

En su novela 'El señor Mani' destripó dos siglos de identidad judía, viajando desde la guerra del Líbano de 1982 hasta mediados del siglo XIX mediante diálogos en los que escuchamos sólo a uno de los interlocutores. En su última novela, 'El túnel', se internó en la oscuridad del alzhéimer a caballo entre el realismo y el simbolismo. Abatido por la muerte de su esposa Rivka, con la que convivió 56 años, exploraba de nuevo la identidad judía.