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Los Mejores Productores Sostenibles

un proyecto de

PRODUCTORES SOSTENIBLES

Abejas y huerto ecológico, un matrimonio revolucionario

El negocio agroecológico Saifresc, situado en la histórica Huerta de Valencia, y Miel Antonio Simón, una saga de colmeneros con más de un siglo de experiencia, son una esperanza para preservar el equilibrio ecológico del planeta.

Eva Prieto

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Danzan entre las flores, recolectan su néctar y lo transforman en miel, y en medio de toda esa coreografía hacen una labor insustituible de polinización. Gracias a las abejas, un 80 por ciento de los cultivos del planeta salen adelante para llenar nuestros mercados de frutas y verduras que de otra forma no sería posible. Su protección es vital para nuestro ecosistema, pero la agricultura intensiva ha puesto en jaque su supervivencia. Por eso, la labor de pequeños productores como quienes forman parte de Saifresc, un negocio agroecológico situado en la histórica Huerta de Valencia que produce respetando la biodiversidad vegetal y animal, y Miel Antonio Simón, una saga de colmeneros con más de un siglo de experiencia que impulsa la conservación de las abejas en los espacios naturales más recónditos de la sierra de Madrid, son una esperanza para preservar el equilibrio ecológico del planeta. Sus técnicas no agotan ni perjudican los recursos del medio ambiente, utilizan tratamientos orgánicos y controlan de forma biológica las plagas. Una labor que los ha llevado a obtener el Premio BBVA a los Mejores Productores Sostenibles 2021 otorgado por BBVA.

Antonio Simón

Madrid

Miel Antonio Simón

Madrid

Antonio Simón es el gerente de la empresa familiar Miel Antonio Simón, aunque confiesa que por poco tiempo ya que la quinta generación está preparando su relevo. Ha dedicado su vida entera al oficio de la apicultura, y eso que al principio no quería. Su bisabuelo inició este negocio en 1897, siendo uno de aquellos mieleros que iba de la Alcarria a Madrid para vender miel con las alforjas. «Yo empecé ayudando en casa, pero me marché a trabajar fuera y dije que no volvería a tocar una colmena en mi vida. Estando en Huesca, haciendo una conservera, se metió un enjambre entre unas cajas de tomate y cogí una caja de cartón bastante grande, las metí dentro y las llevé al campo. A los cuatro días apareció otro enjambre en el mismo sitio. Aquel fin de semana vine a Madrid, cogí el material de trabajo de mi padre y empecé con esas dos colmenas. Al acabar la conservera ya tenía 21 colmenas. Aquello le hizo tanta ilusión a mi padre que me regaló 25 más y desde entonces no he hecho otra cosa». Y es que a veces encontramos nuestro destino por los caminos que tomamos para evitarlo.

«Nosotros podríamos vender más si nos dedicáramos a la apicultura intensiva, pero yo a mis hijos no les he enseñado eso»

Aunque la tradición familiar venía de lejos, Antonio fue el primero en envasar la miel y crear la marca. Y cuando empezó su aventura empresarial apareció la varroa, un ácaro que debilita las colmenas hasta su muerte y constituye el principal problema de la apicultura en prácticamente todo el mundo. «Nosotros fuimos de los primeros en usar remedios ecológicos para combatir la varroa. Mi padre, cuando nadie lo hacía, ya se negaba a usar los químicos habituales de la apicultura convencional». Los productos que utilizan para controlar esta plaga no tienen la misma eficacia que los de síntesis o agroquímicos y sin embargo otros apicultores se preguntan cuál es el secreto de su abundante producción. «Llevamos años curando nuestras colmenas en ecológico con productos como el ácido oxálico, que es orgánico y no deja residuos. Pero a otros apicultores este método les parece algo anti económico. Claro, ¿pero entonces qué prefieres? Yo quiero mis colmenas vivas. Además, actuamos en función del ciclo de vida de la varroa porque si se meten dentro de las celdas de la colmena ya no les afecta ningún tipo de producto. Ni ecológico ni convencional». Un trabajo laborioso, artesanal y a fuego lento, que demuestra que para ellos la producción ecológica es mucho más que un negocio. «Nosotros podríamos vender más si nos dedicáramos a la apicultura intensiva, pero yo a mis hijos no les he enseñado eso», sostiene Antonio.

El proceso de elaboración de Miel Antonio Simón es simple y escrupuloso: recogen la miel de las colmenas, la dejan madurar y filtrar. Las abejas no son alimentadas ni tratadas artificialmente y la miel nunca se pasteuriza y no contiene ningún aditivo. «Las abejas fabrican miel para alimentarse, no para nosotros, por eso solo cogemos una pequeña parte y el resto lo dejamos. Son muy generosas». 

«A otros apicultores nuestros métodos les parecen anti económicos, pero yo quiero mis colmenas vivas»

Las colmenas de Antonio se ubican en zonas de interés ecológico, donde no existen elementos contaminantes. «Aunque trabajamos principalmente en Madrid, hacemos apicultura de trashumancia, es decir, cambiamos nuestras colmenas de lugar buscando siempre las mejores condiciones». Se sitúan en montes vírgenes de la Sierra Norte madrileña donde las abejas se alimentan estrictamente de flores silvestres, lejos del mundanal ruido. Así se aseguran de que no se cuela ni una micra de químicos o pesticidas en una miel que, desde hace más de veinte años, supera los estrictos controles del Comité de Agricultura Ecológica de la Comunidad de Madrid. «Tenemos once variedades de miel, aunque algunas las importamos de otros apicultores ecológicos. Y el análisis polínico es muy importante para nosotros porque, por ejemplo, si un resultado no nos da al menos el 50 por ciento de esa planta, esa miel se envía a floral pero no la etiquetamos como variedad propia. No todas las empresas son tan cuidadosas como nosotros con esto». 

«La apicultura ecológica ofrece un producto de calidad que ayuda al planeta y la Tierra se está quejando»

Además de producir una miel exquisita, Antonio se dedica a dar charlas y conferencias sobre apicultura ecológica, consciente de que las abejas son un tesoro para la humanidad y es nuestro deber protegerlas. «El 80 por ciento de la producción hortícola está polinizada por las abejas. También hay otros polinizadores como los abejorros, las mariposas… Pero sin las abejas melíferas nos moriríamos. Por eso es un orgullo que BBVA y los hermanos Roca nos hayan dado este reconocimiento. Es una oportunidad para mostrar que la apicultura ecológica ofrece un producto de calidad que ayuda al planeta, porque la Tierra se está quejando, pero afortunadamente cada día hay más gente que piensa como nosotros». 

Saifresc

Valencia

Saifresc

Valencia

La histórica Huerta de Valencia conforma un particular paisaje integrado por canales de agua, caminos rurales y campos de cultivo labrados durante siglos que, desde el inicio de la dominación árabe en la zona, han servido de despensa al territorio valenciano. Allí, Quico Barat, Julio Quilis y Fermín Salcedo, tres ingenieros agrícolas, contribuyen a mantener vivo este territorio milenario con la producción de verduras, frutas y hortalizas ecológicas y de temporada. «Nuestros padres no querían por nada del mundo que fuéramos agricultores, pero aquí estamos», comenta Julio. 

«Nuestras familias vienen de una generación en la que los químicos eran lo mejor para la agricultura, pero cuando nosotros empezamos en esto nos dimos cuenta de que eso no era bueno»

La agricultura forma parte de sus vidas desde que tienen uso de razón y gracias a su formación y a la amplia tradición familiar agrícola, desde el principio apostaron por una producción lo más respetuosa y natural posible. «Nuestras familias vienen de una generación en la que los insecticidas y los fitosanitarios eran lo mejor para la agricultura. Y cuando empezamos en esto nos dimos cuenta de que eso no era tan bueno como se vendía y que cada vez había que invertir más y más dinero para lograr resultados. Se desarrollaban nuevas técnicas que lo único que hacían era encarecer los procesos, pero los precios no iban en consonancia». Los tres socios decidieron aunar la experiencia de sus padres, los métodos tradicionales de sus abuelos e incorporar sus conocimientos como técnicos agrícolas para crear Saifresc (Hortaval Natur). «No queríamos que nos pasara lo mismo que a nuestros padres. Ellos producían, lo llevaban al mercado y les daban lo que consideraban. Por eso, lo primero que hicimos fue diferenciarnos del resto con productos de proximidad, frescos y recién recolectados. Tenemos más de 70 variedades de hortalizas». 

Ellos están en las antípodas del monocultivo. En las tierras legadas por sus familias cultivan cítricos, frutales, hierbas aromáticas, verduras… Y toda la producción está certificada como producto ecológico. Una gran variedad que enriquece el territorio, proporciona el hábitat para más especies y ofrece más recursos a los polinizadores. Las técnicas de producción ecológica que emplean ayudan a preservar la calidad del suelo, del agua y del aire como, por ejemplo, el aprovechamiento de los restos de poda para nutrir las plantas y mejorar la consistencia del terreno. Pero además están comprometidos con la generación de ZeroResiduo, por eso la mayor parte de los productos Saifresc, se encuentran a granel o bien en envases no plásticos y compostables. En su distribución utilizan canales cortos y directos, del campo a la tienda más próxima, para reducir al máximo la huella de carbono en su transporte.

«Sabíamos que otra manera de producir era posible, pero no por cambiar lo químico por prácticas sostenibles obtienes resultados en dos días. Es un proceso largo»

«Nosotros no dejamos nuestros productos en manos de nadie. Desde el principio quisimos que fueran directamente a los consumidores, pero a veces esto no es posible, así que hacemos venta online y venta directa en tiendas especializadas o que apuestan por productos de mayor calidad. El precio debe ser el idóneo para el agricultor y para el cliente, por eso es importante ahorrar intermediarios y hacer una venta lo más directa posible», comenta Julio. «Sabíamos que otra manera de producir era posible, pero no por cambiar lo químico por prácticas sostenibles obtienes resultados en dos días. Es un proceso largo. La tierra necesita años para recuperar su fertilidad y el propio productor también debe trabajar una mentalidad en la que no todo es producir cantidad, sino calidad. Bueno, y encontrar un nicho de mercado, claro, unos clientes que lo valoren y quieran comprar». 

Para nadar contra corriente se necesita pasión y perseverancia. «Queremos demostrar que se puede y que esto sea un impulso para otras empresas porque fácil no es. Los problemas empresariales implican mover economía, dar trabajo a gente, mover productos… Pero es importante no dejarse orientar por intereses comerciales porque cuando el agricultor descubre todas las herramientas que tiene a su alcance, se da cuenta de que no le están asesorando bien. Hay gente que tiene miedo de cambiar su modelo negocio porque hay casos en los que la producción sí se reduce pero, una vez que vuelves a lograr un equilibrio en el cultivo ecológico, el rendimiento y la calidad merece la pena». 

Para estos tres socios el movimiento agroecológico va más allá de cualquier distintivo. «La etiqueta de ecológico no sé si me gusta. Preferiría que me dijeran que estamos haciendo las cosas razonablemente bien», reivindica Julio. Por eso, el premio BBVA supone un espaldarazo. «El Comité de Agricultura de la Comunidad valenciana nos animó a presentarnos. Yo era muy escéptico, pero mucha gente nos animaba… Así que cuando ganamos no nos lo podíamos creer».