MIKEL CASAL

Ciencia | Medicina

Los años de la sífilis

Durante cuatro siglos, esta enfermedad azotó Europa, estigmatizó a quienes la padecían y causó numerosas víctimas a cuenta de remedios salvajes

MAURICIO-JOSÉ SCHWARZ

Sífilis… la padecieron músicos como Franz Schubert, escritores como Charles Baudelaire, pintores como Toulouse-Lautrec o Van Gogh, delincuentes famosos como Al Capone y monarcas como Enrique VIII de Inglaterra o Iván el Terrible de Rusia… y se sospecha que muchos otros personajes históricos la sufrieron, pero es difícil confirmarlo pues hacían esfuerzos ingentes para ocultarla.

Hoy, todavía, según la OMS solo en 2020 hubo más de 7 millones de infecciones en todo el mundo, y la sífilis congénita, transmitida de la madre al feto, es la segunda causa de muerte fetal.

El primer gran brote de sífilis se produjo en 1495, entre las tropas de Carlos VIII de Francia que habían tomado Nápoles, y en las que había numerosos mercenarios españoles, algunos de los cuales, se afirma, habían sido parte de las tripulaciones de Cristóbal Colón que habían llegado a América.

Poco después de su vuelta a Francia, muchos empezaron a exhibir los síntomas de una terrible enfermedad desconocida que les desfiguraba el rostro y provocaba graves alteraciones que en un 10% o más de los casos llevaban a la muerte. La enfermedad se extendió por Francia y saltó a sus vecinos Alemania y Suiza para cubrir Europa en pocos meses. En 1497 cruza el canal y llega a Inglaterra y Escocia, y para el año 1500 está presente en los países escandinavos, Hungría, Grecia, Polonia y Rusia.

La velocidad de su propagación y sus terribles consecuencias hicieron que Europa se horrorizara y cada sociedad se la atribuyó a sus enemigos. Los italianos la llamaron la enfermedad francesa. Los franceses, enfermedad napolitana. Los alemanes la bautizaron como comezón española. Para los rusos era la enfermedad polaca. Según los turcos era la enfermedad cristiana. Los musulmanes culparon de ella a los indostanos.

Era, además, la primera enfermedad que se identificaba como de transmisión sexual, lo que favoreció el estigma contra sus víctimas: estaban sufriendo el castigo divino por su libertinaje y desenfreno. Eran gente inmoral a la que había que rechazar, aunque se hiciera una excepción con los hombres y mujeres de la Iglesia que la sufrían, incluido el papa Julio II, conocido por haber encargado a Miguel Ángel los frescos del techo de la Capilla Sixtina.

Pero, ¿de dónde procedía?

Un origen incierto

Durante mucho tiempo se tuvo por cierta la conclusión de los primeros estudiosos de la sífilis, según los cuales esta enfermedad había sido adquirida por la tripulación de Colón en el Nuevo Mundo y la habían traído a Europa. Es la hipótesis colombina y se sustenta en la ausencia de casos de sífilis en el Viejo Mundo antes de 1495 así como en los estudios sobre la prevalencia de la sífilis entre los indígenas del mal llamado nuevo continente.

Varios fenómenos han puesto en duda esta hipótesis. La presencia de alteraciones óseas propias de esta enfermedad en los esqueletos de un monasterio británico del siglo XIV indicaba que ya parecía haber una forma muy agresiva de la sífilis en la Inglaterra de entonces. Al paso del tiempo, se han identificado indicios de sífilis en esqueletos precolombinos procedentes de Pompeya y Metoponto, ubicando la enfermedad en la antigüedad clásica. También se han hallado indicios en otros restos del siglo XIV en Austria.

Las hipótesis a partir de allí se ramifican. El estudio de la sífilis en América sugiere que había una forma leve de la enfermedad que podía haber sido común en la infancia y que protegía a los habitantes de la forma más agresiva en la edad adulta. La mutación de la bacteria que causa la enfermedad se evidencia además en la forma en que fue haciéndose más leve y menos mortal hacia el siglo XVII. Esto también abre la posibilidad de que el brote de 1495 no fuera por la presencia de bacterias traídas del otro lado del Atlántico, sino por una mutación en la misma Europa, coincidente en el tiempo con los viajes de Colón, de una enfermedad en general más leve que había tenido momentos críticos en el pasado.

Cualquiera que sea la verdad, incluso si es la mezcla de varias de estas hipótesis, el hecho es que la aparición de la sífilis en Nápoles cambió el rostro de Europa de manera profunda.

Fue el austriaco Joseph Grunpeck quien en 1496 describió con detalle las etapas de avance de la sífilis. En la primera, entre 10 y 90 días después de la infección, se presenta una úlcera genital no dolorosa, llamada chancro, en el punto donde se produjo. Esta úlcera desaparece entre 3 y 6 semanas después. Una segunda etapa se produce de 2 a 8 semanas más tarde de la desaparición del chancro, con una erupción en la piel, fiebre, dolor de garganta, debilidad, pérdida de peso, problemas neurológicos como irritabilidad o parálisis e incluso caída del cabello. Estos síntomas desaparecen por sí mismos y la enfermedad entra en un período latente u oculto donde parece haber desaparecido.

Después de un período que puede ir de uno a veinte años -incluso puede no suceder nunca-, la víctima presenta grandes llagas llamadas gomas en la piel y en los órganos internos, que van acompañadas de destrucción de hueso en unas zonas, sobre todo del cráneo, o de su formación irregular en otras áreas. La piel puede caer, sobre todo la del rostro, como la nariz, y pueden verse afectados el corazón y los vasos sanguíneos. Una forma de la etapa terciaria es la neurosífilis, que ataca al sistema nervioso y puede producir parálisis, depresión, alteraciones de la conducta y psicosis.

Durante más de 400 años no hubo tratamiento eficaz para la sífilis, y por ello se utilizó todo tipo de remedios inútiles pero 'lógicos', entre ellos el uso del mercurio como pomada, ingerido o inhalando sus vapores. Es imposible saber cuántas personas murieron por este venenosísimo remedio más que por su enfermedad.

Experimentos brutales

De 1932 a 1972 se estudió en EE UU el avance de la sífilis en pacientes hombres negros engañándolos sobre el objeto del estudio y a los que se les negó el tratamiento con penicilina cuando ya estaba disponible. En la Segunda Guerra Mundial, el ejército japonés experimentó de modo aterrador con prisioneros tratando convertir la sífilis en arma de guerra, y de 1946 a 1948, otros investigadores estadounidenses infectaron a propósito a víctimas guatemaltecas para estudiar la enfermedad.

En el siglo XX, el combate contra la sífilis logró resultados al fin. En 1905, Erich Hoffman y Fritz Schaudinn identificaron al causante: la bacteria espiroqueta Treponema pallidum, y solo cuatro años después el japonés Sahachiro Hata descubría la arsfenamina, el primer antimicrobiano eficaz que curaba la sífilis. Cuando la penicilina se estudió finalmente en voluntarios y se lanzó al mercado en 1943, la humanidad tuvo por primera vez una cura real, sencilla y efectiva para la enfermedad, dejando atrás siglos de horror, dolor, muerte y condena social.