Un puchero con mucha estrella

Visitar La Gomera y no ir a casa de Efigenia es como el que va a Cuba y no ve La Habana, que dice el dicho popular. Efigenia Borges agasajaba a los turistas cuando ni se sabía lo que era el turismo, les daba de comer y los cuidaba. Medio siglo después, en su casa de comidas sigue haciendo lo mismo. Su puchero trasciende fronteras.

ROSA RODRÍGUEZ | SANTA CRUZ DE TENERIFE

El director de la Guía Michelin, Michael Ellis, daba anoche a conocer en Tenerife los nombres de los restaurantes de España y Portugal que conseguían su primera, segunda y hasta tercera estrella Michelin. Evidentemente, el restaurante La Montaña no estaba entre los que colgarán en su puerta estrella alguna. Ni falta que le hace. A Efigenia Borges le sobre con que la gente vaya a comer su puchero, el que lleva preparando con los productos de su huerta desde hace más de 50 años en su casa de comidas del caserío de Las Hayas, en Valle Gran Rey.

El investigador histórico Pablo Jerez Sabater también se ha rendido a los encantos de Efigenia Borges y a los de su puchero. Dice Jerez Sabater que «Efigenia es gastronomía», pero no la de la de estrellas Michelin, sino de la tradicional. Volver a su casa de comidas es hacer un viaje en el tiempo. Allí está Efigenia, como siempre, «enseñando a los turistas a comer su puchero y su gofio con mojo». Ella misma, dice, se lo revuelve en el lebrillo y si se descuidan se los mete en la boca. «Esto se coge así y se come así, zas y les mete la cuchara en la boca», relata Jerez Sabater, convencido de que a quien comió ese puchero no se le vuelve a olvidar en la vida.

Pero Efigenia, que no se sabe ni qué edad tiene, «porque nunca lo dice», es «un símbolo, santo y seña de la gastronomía gomera», asegura Pablo Jerez Sabater, que no ha dudado en dedicarle un texto [ íntegro en www.canarias7.es] después de que, hace unos días, se reencontrarse con ella y con su puchero.

Dice el historiador que «hay mujeres que por sí mismas acaban convirtiéndose en referencia para un pueblo. A ese pueblo sumémosle otros y digamos que ahora es una isla entera. De esa relación, de ese mito, de esa suma de valor y tradición, surge con voz propia la figura de Doña Efigenia Borges o, lo que es lo mismo, Efigenia la de Las Hayas», en Valle Gran Rey.

Del puchero de Efigenia han dado buena cuenta turistas famosos y menos famosos, pero si hay una que lo ha llevado bien lejos ha sido la canciller alemana Angela Merkel, que siempre que vista La Gomera, normalmente en torno a la Semana Santa, no deja de pasar por su casa. Y quien no lo crea, que vaya al restaurante La Montaña y se fije en las fotos que cuelgan de sus paredes. Allí, además de Angela Merkel y su marido, penden imágenes de muchos otros famosos, medio famosos y, sobre todo, personas anónimas y muchos, muchísimos recortes de prensa que dan medida de la fama del puchero de Efigenia Borges.

Cuando en 2010, los actores Juan Echanove e Imanol Arias visitaron La Gomera con su programa Un país para comérselo, fueron, como no, a casa de Efigenia, un restaurante humilde, sin estrellas ni soles, pero con medio siglo de historia que su propietaria, ahora ayudada por uno de sus hijos, Sergio Méndez, sigue regentando y «hablando el idioma que hablen los que se sientan a su mesa» y, si es preciso, metiéndoles el puchero en la boca.