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Debate migratorio.

Canarias se llena de inmigrantes... pero son italianos

La mayoría es partidaria de limitar la llegada de inmigrantes. Pero, con el censo en la mano, el foco no debe estar en los que llegan de África, sino en los europeos

FRANCISCO SUÁREZ ÁLAMO

Las Palmas de Gran Canaria

Lunes, 5 de abril 2021, 14:57

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La mitad de los canarios -entendiendo como tales a los residentes en las islas- se muestran favorables a frenar el establecimiento de más población extranjera en el archipiélago. ¿Y es mucha o poca la población foránea que ha llegado a las islas en los últimos años? Los números hablan por sí solos: en 2001 había en las islas 1.781.366 residentes, de los que 107.930 eran extranjeros; en 2020 había 2.175.952 personas viviendo en Canarias, de las que 292.542 eran extranjeros. Si se tiene en cuenta que en los últimos años la cifra de muertes supera a la de nacimientos y que la mejora de la calidad sanitaria y asistencial incrementa la esperanza de vida, la conclusión es evidente: el archipiélago crece poblacionalmente porque sigue recibiendo un volumen importante de población extranjera. Y no hay que mirar hacia África ni a quienes vienen en pateras o cayucos, pues esos acaban mayoritariamente siendo devueltos a los lugares de donde partieron o derivados a la península y de ahí al resto de Europa: de los 292.542 extranjeros de 2020 -según datos del Instituto Canario de Estadística-, casi la mitad (134.837) son de países comunitarios, seguidos de los procedentes de América (84.660, en su gran mayoría sudamericanos), mientras que los africanos son 26.579.

El pasado mes de enero, este periódico publicó una información que ya reflejaban según las tendencias demográficas analizadas por el Instituto Nacional de Estadística (INE), que Canarias será en 2035 la tercera región, detrás de Madrid y Cataluña, que «ganará más población en España, con un crecimiento poblacional absoluto de 188.272 personas, un 8.4% más que en la actualidad. Con ello la región rozaría los 2,5 millones de habitantes». Y el INE también señala el saldo migratorio exterior (sin contar los movimientos entre residentes de otras autonomías) como la causante de ese crecimiento.

Las impresiones de la ciudadanía ante esa realidad actual y de las tendencias a medio y corto plazo fueron analizadas en el Sociobarómetro de Canarias hecho público la semana pasada. A la pregunta siguiente: «¿Está usted de acuerdo o en desacuerdo con la frase 'Canarias no debe admitir más población a vivir aquí'?», las respuestas fueron las siguientes: un 26% dijo estar muy de acuerdo; un 28,2% está más bien de acuerdo; un 29,3% más bien en desacuerdo; un 8,1% muy en desacuerdo y un 8,5% no se definió. En números globales, son mayoría los que creen que hay que poner un tope (54,2% frente al 37,3%). Por islas, en El Hierro y Gran Canaria donde se dan los porcentajes mayores de personas favorables a esa limitación: 58,5% en el primer caso y un 56,4% en el segundo; por contra, es en La Gomera donde se da, con diferencia, la tasa de rechazo más baja, con un 44,9%.

Conviene añadir algunos datos más del Sociobarómetro sobre cómo valoran los canarios esa presencia de foráneos: el 56% está básicamente de acuerdo en que las personas migrantes desempeñan trabajos que los canarios no quieren hacer, frene a un 37,3% que no comparte esa afirmación y un 5,9% que no se define. Pero si se pregunta lo siguiente: «¿Está usted de acuerdo o en desacuerdo con la frase 'Las personas migrantes quitan puestos de trabajo a la gente canaria'?», las respuestas, un 14,4% dice estar muy de acuerdo; un 25,9% más bien de acuerdo; un 36,9% más bien en desacuerdo; un 16,1% muy en desacuerdo y un 6,7% no se define. O sea, que un 53% no ve al inmigrante como un 'ladrón de empleos', frente a un 40% que sí interpreta que quita opciones en el mercado laboral a los canarios.

Cifras de vértigo

Lo cierto es que los números hablan por sí solos de la condición del archipiélago como polo de atracción de extranjeros que llegan para quedarse. O al menos lo hacen durante un largo periodo de tiempo. Las cifras son en algunos casos de vértigo: 107.930 en 2001; 307.009 en 2011 (el año que el registro marcó su récord); 246.758 en 2017; y 277.034 en 2019. Y si se compara el último registro oficial de extranjeros con el de la evolución poblacional, más llamativo es: de los 22.563 habitantes más en Canarias en 2020 respecto a 2019 (+1,05%), 15.508 fueron extranjeros (un 5,6% de crecimiento). Si se añade el dato de que la población entre 0 y 14 años decreció un 1,68% ante la evidencia de que hay más muertes que nacimientos, no queda duda de que el archipiélago crece poblacionalmente por una masa foránea que ha seguido llegando. Y que lo ha hecho incluso en años de crisis económica mundial, como la que estalló en 2008.

Las islas de Tenerife y Gran Canaria acaparan el mayor número de extranjeros, siendo también las más pobladas. Pero son significativos también los registros de Lanzarote y Fuerteventura. De los 292.542 extranjeros censados en 2020, el 45,1% estaban en Tenerife (132.027); el 25,2% en Gran Canaria (73.592); el 12,6% en Lanzarote (36.758) y el 12,4% en Fuerteventura (36.371). Pero es que en el año 2000 en Tenerife solo había 32.666 extranjeras, de manera, en números redondos, han llegado 100.000 en dos décadas; en Gran Canaria casi 50.000 (eran 25.611 en el 2000); en Lanzarote se ha multiplicado por cinco y en Fuerteventura esa multiplicación se dispara: por nueve, al tener 4.124 extranjeros a comienzos de siglo.

Por países, Italia es a día de hoy el país que más emigrantes envía a las islas, con unos registros en los últimos años sencillamente espectaculares: eran 3.473 en 2020 y fueron 40.492 los italianos registrados en Canarias en 2020. Es a mitad de la primera década del presente siglo cuando el crecimiento empieza a ser exponencial: 7.823 en 2004; 15.459 en 2008; 20.934 en el año 2012 y 28.536 en 2016.

La comunidad venezolana es la segunda en cantidad, con un crecimiento que se mantiene imparable a medida que empeora la situación política, económica y social en un país que durante décadas fue lugar de acogida para emigrantes canarios. En el año 2000 había en las islas 4.379 venezolanos y en 2020 eran 23.805.

En el caso de los marroquíes, han pasado de 4.180 a comienzos del presente siglo a 16.444 el pasado año, seguidos de los 16.322 colombianos (eran 1.393 en 2000) y los 15.769 cubanos (3.986 en el año 2000).

Sin xenofobia

El portavoz de Nueva Canarias (NC) en el Parlamento regional, Luis Campos, señaló en el reciente debate del estado de la nacionalidad que era preciso debatir acerca del crecimiento desde el punto de vista territorial, pero también desde el demográfico, aunque haciéndolo sin planteamientos xenófobos.

Durante su segunda intervención en el debate sobre el estado de la nacionalidad canaria, habló de la necesidad de definir un nuevo modelo de desarrollo para las islas señaló que como territorio insular que es Canarias tal vez sea preciso hablar de su desarrollo demográfico.

Luis Campos insistió en la necesidad de «elevarnos» sobre la coyuntura para intentar tener una visión estratégica para ser capaces de decidir hacia donde ir, para lo cual, a su juicio, es preciso definir nuevos modelos y establecer la diversificación, según recogió la agencia de noticias Efe.

Una diversificación que «probablemente» no es inventar algo nuevo, ni crear un nuevo Silicon Valley, sino que «seguramente» se trata de ver cómo evolucionar a partir de las potencialidades del archipiélago y repensar «algunas cosas que nos han hecho fuertes».

Durante los dos mandatos de Paulino Rivero como presidente del Gobierno de Canarias se planteó igualmente desde el Ejecutivo la necesidad de abordar ese debate, que pasaría por definir la capacidad de carga poblacional de las islas y encontrar fórmulas en el marco comunitario que permitirían poner límites a la llegada de inmigración irregular. No faltaron desde los partidos de ámbito estatal críticas ante una posible xenofobia, mientras que el propio Paulino Rivero subrayó que había otras regiones ultra periféricas que habían tomado medidas en ese sentido. Fue una discusión que se produjo sobre todo en los años en que la crisis de 2008 golpeó severamente y, sin embargo, siguió creciendo a ritmo constante la llegada de foráneos.

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