Ángel Luis Tadeo, millonario en valores de vida

El legado que dejó a sus hijos, que siguen la estela familiar con su proyecto, es aplicar sus valores de vida

CANARIAS7 Las Palmas de Gran Canaria

Su vocación empresarial era tan importante como su canariedad. En su discurso insistía a menudo en la necesidad de comprometer al empresariado canario porque «si caminamos juntos, alcanzaremos los objetivos que nos hemos propuesto». El legado que dejó a sus hijos, que siguen la estela familiar con su proyecto, es aplicar sus valores de vida. La verdad es que, aunque el empresario muriera joven, con tan solo 59 años, parece que vivió cien vidas. Su obra más personal es el Edificio Dunas Triana, en pleno centro de la Calle Mayor de Triana en Las Palmas de Gran Canaria, donde desarrolló un conceptual en modo condominio americano con su seguridad 24 horas y con oficinas y viviendas de alto standing.

Todavía, en esos años, se acercaba al viejo bar del Barrio de San José, a ver a sus amigos de siempre y disfrutar de una tertulia animada y fuera de los focos. Es lo que pasa cuando el dinero pasa a formar parte de la segunda división. En primera estaban su familia, sus proyectos y lo mejor, la satisfacción propia de realizarlos. Tadeo era un hombre de grupo, cuando un negocio estaba cerrado se iba a desconectar y dejaba que su equipo de confianza ultimara los detalles del trato. El papeleo, los beneficios y los demás parámetros que están ligados a un trato comercial eran cosa de su equipo; el puro negocio, el construir algo de la nada era su verdadera satisfacción. Se caracterizaba por acción-reacción. Lo demostró con creces haciendo que personas de su alrededor utilizaran su influencia para conseguir cerrar negocios en los que el propio empresario no tenía ningún interés, el único placer era conseguir cerrar el trato, generar dinero todos los días y para todos los que le rodeaban; una habilidad innata cada día más infrecuente.

Por eso, es necesario mirar atrás y descubrir parte de esa magia. Tadeo, como el flautista de Hamelin, acumulaba seguidores, aprendices, profesionales y, sobre todo, gente humilde con corazón y talento, que era lo que realmente le gustaba. Y a todos ellos les abría su casa de par en par sin pedigrí y listas de reserva. Su familia, hoy día, sigue su estela. No sabemos si, como dijo en televisión alguna vez, habrá una tercera generación, pero es evidente que la segunda debe seguir sus pasos con el mismo orgullo, con la misma energía y con la misma canariedad que exhibía su padre.