Los 25 años del Bar Perola

ANIBAL SANTANA / AGAETE

José Juan Dámaso, el Perola, lo hace todo a lo grande, como grande es su macizo cuerpo, más de 100 Kg. de peso, necesario para albergar su inmenso corazón. Por esas circunstancias, cuando decidió dar un giro copernicano a su actividad económica, pasando de la venta ambulante de lotería, a tabernero de pro, no podía elegir mejor fecha para abrir su bar, que el día de Canarias, el 30 de mayo. Como se ve, todo a lo grande.

Y así para iniciar esta nueva actividad, montó su Pub vintage año 50 del siglo pasado, el Bar Perola, eligiendo para ello una tienda de las llamadas en canarias de aceite y vinagre, en las que, en una parte se vendía toda clase de productos y en la otra se despachaban copas: de ron, coñac, etc. con las consabidas tapas de tomate, pejines, o cualquier vianda que sirviera para acompañar el trago. Lo abrió en una esquina, al lado de la plaza de la Constitución en Agaete, aceptando la condición de la parte arrendadora del local de no alterar en absoluto la estructura, mobiliario y contenido de la antigua tienda, y de este modo, el visitante puede observar bajo una pátina de polvo, las antiguas botellas, de marcas, ya desaparecidas del mercado, de distintas bebidas alcohólicas y en sus vitrinas, las cajas de tabaco de Progreso, Mecánico, amarillo y blanco, Kruger, así como las fosforeras de mecha, boyas para la pesca y un largo etcétera de otras chucherías. Resulta curioso observar en un rincón de la tienda/bar, un antiguo letrero que, a todo color, anuncia las ventajas del denostado plaguicida, DDT.

Desde el inicio de la actividad el Bar Perola, se convirtió en el centro de todas las miradas de los muchos visitantes que acuden a Agaete, igualmente, fue durante un tiempo la cabecera de presentación de unos de los más emblemáticos programas de televisión: Tenderete. Pero, sobre todo, es el lugar en donde la mayoría de los que pululamos por la Villa, recalamos a saciar la sed a base de botellines con la consabida tapa de manises y chochos. Pero ojo también está preparado para satisfacer paladares más exigentes, con platos elaborados con muchísimo mimo por Ma, madre del Perola, como carne de conejo frita, cochino en adobo, ropa vieja etcétera. Y sobre todo el plato de alta cocina, papas con berberechos, servidos por su paciente hermana ayudante Yaya y la pizpireta Guay.

Pero el Bar Perola es algo más, es el sitio en donde se disfruta de una buena parranda, cuando algunos, pertrechados de guitarras, de timples y cantores, son acogidos por la sonrisa bonachona del Perola. Lo mismo que cuando acuden los forofos futboleros, sobre todo los aficionados al Madrid y al Barcelona, en esos partidos del siglo que se repiten habitualmente, hay a veces más ambiente en el Perola, que en los estadios. Aunque él no para en barras, si hay que organizar la celebración de un bautizo, un cumpleaños, lo que sea, allí está el Perola. Como siga por ese camino, cualquier día lo veremos oficiando bodas.

Todo lo comentado anteriormente está bien siempre y cuando no hagan enroñar al bueno del Perola, cuando eso sucede, nuestro hombre se viene arriba y lo más suave que sale de su boca, es lo de bobo, refiriéndose al parroquiano que ha conseguido alterar su jobiana paciencia, y si este insiste él, imperturbable, le señala al cartel que me permitió poner hace unos años, que exhibe con mucho orgullo y que reza así; «Bar Perola, único bar del mundo donde el cliente nunca tiene la razón».

Pero por si algo destaca el Bar Perola, es porque en la emblemática fiesta de la rama se convierte en el meeting point, de toda la ciudadanía canaria y foránea. Uno de los gritos más repetidos en los días previos a la fiesta, es: Nos vemos en el Perola.

Gracias Perola por estar ahí y que perdure.

Asesor fiscal

Aníbal Santana

Opinión