Una agricultura con visión de futuro

Eleuterio Padrón es otro agricultor ejemplar. Heredó el amor al campo de su familia y se lanzó a recuperar fincas cuando todos le llamaban lunático. Hoy explota 140.000 hectáreas de forma sostenible, con la máxima calidad, y con el relevo generacional de su hijo Marcos, que surte a restaurantes que buscan lo mejor.

Carlos Sixto De Inza Serrano
CARLOS SIXTO DE INZA SERRANO

El caso de Eleuterio es de ida y vuelta en el mundo de la agricultura. En sus orígenes, su familia, tanto su abuelo como su padre, fueron medianeros en Tinajo, dedicados en gran parte al cultivo del tabaco, cuando estaba en auge en esta zona de la isla.

De ahí surgió su amor por la naturaleza. Sin embargo, con la llegada del boom turístico a la isla entró de lleno en este sector, donde se mantuvo durante años. Hasta que un día, por casualidad, entró en contacto con un viejo amigo de la familia que le devolvió de nuevo a sus orígenes. Fue hacia 1992, cuando su amigo y mentor, Juan Pacheco, que por entonces había empezado a implantar en la isla el riego por goteo, le inspiró para que se dedicara al cultivo del tomate. Sus inicios fueron tímidos, «por casualidad», como el propio Eleuterio explica, y para cuando quiso darse cuenta se había lanzado a recuperar suelo que llevaba abandonado durante décadas.

«Apenas tenía 30 años y en el pueblo todos me veían como a un lunático». Sin embargo, se puso manos a la obra empezó a trabajar tierras abandonadas en pleno monte, «suelo por el que nadie daba un duro», y hacia el año 2000, tras trabajar muy duro logra adquirir una finca de 5 hectáreas, en pleno monte, que él mismo adapta para sembrar.

Empieza plantando sandías y tomates y poco a poco va ampliando la variedad de cultivos. A medida que va prosperando, adquiere otras dos fincas de gran tamaño, que hoy explota con un rendimiento extraordinario, mediante una agricultura moderna, ecológica que cuida al extremo el medio ambiente con una amplia variedad de productos de la máxima calidad.

Con el tiempo ha logrado que su hijo Marco de 26 años se haya metido de lleno en el mundillo. Él mismo ha elegido su especialización, a través de la venta especializada a pequeños restaurantes que demandan la máxima calidad de productos de la huerta típica de Lanzarote.