Rastreados. / CARRASCO

38 sabuesos contra la covid-19

La labor cotidiana de profesionales de diversas ramas, incluido un equipo de militares del Ejército del Aire, está resultando crucial para detectar casos a nivel temprano.

JOSÉ RAMÓN SÁNCHEZ

Cada positivo supone en el caso de Lanzarote hacer una media de 4 a 10 llamadas a contactos de la persona contagiada. Normalmente, con buena acogida, con lo que gana la colectividad.

Con base en varias salas del Hospital Doctor José Molina Orosa de Arrecife relativamente cercanas a Urgencia, esta semana son 38 los profesionales vinculados a la Gerencia Sanitaria de Lanzarote los que se encargan de hacer labores de rastreo de la covid-19 en los siete municipio, incluyendo por supuesto a La Graciosa. El equipo lo forman médicos, fisioterapeutas, enfermeros y auxiliares del propio Hospital y varios centros de atención primaria; así como con el refuerzo de personal del Ejército del Aire. La coordinación corre a cargo de Baltasar Gómez, curtido profesional sanitario.

Su actividad cotidiana, centrada en hacer seguimiento a personas contagiadas, así como a su entorno, con media de entre 4 a 10 registros de contactos estrechos por afectado, está siendo crucial a la hora de permitir una buena contención del coronavirus en Lanzarote y La Graciosa.

Desde el estreno del equipo se han subido a la base de datos interna varios miles de nombres, siempre con afán de ganar tiempo al tiempo. Como bien apunta la doctora Julieth Devia, componente del equipo desde su formación, «se están detectando muchos casos desde el principio». Y con ello se consigue evitar que la enfermedad se propague, gracias al aislamiento domiciliario.

Sirva tener en cuenta que de los 73 casos en activo que se sumaban ayer jueves, para una población de 160.000 residentes, todos ellos estaban protagonizados por pacientes con síntomas leves o incluso asintomáticos; todos controlados y, por ende, aislados.

Con 38, se cumple con el mínimo de un rastreador por cada 5.500 habitantes. No obstante, resalta Baltasar Gómez, dado que estamos inmersos en una lucha sin fecha de caducidad y con riesgo de que algún profesional tenga que dejar de operar, existe un programa para seguir formando a futuros integrantes del equipo. De ejemplo, 3 militares que ya están en condiciones de reforzar a la decena de integrantes del Ejército del Aire que en el conjunto «somos parte de ellos», explica la suboficial Beatriz Ariza. Están en el grupo gracias a la operación Baluarte activada en septiembre.

Junto con su buen nivel de eficacia, a favor de los rastreadores está jugando la conciencia generalizada de la ciudadanía al tiempo de implicarse en combatir la covid-19. «El 80% de la gente colabora muy bien», ensalza el coordinador del grupo. En lo que se refiere al 20% restante, a veces se debe a falta de información y otras a pocas ganas de ayudar; y es aquí cuando toca tirar del poder de convicción, con amenaza de verse obligados los rastreadores a dar parte a las autoridades.

En caso de que algún contagiado o algún sospechoso no respete el confinamiento al que debe atenerse, corre el riesgo de sanción económica. Incluso puede acabar con sus huesos, si el juez lo llegara a ordenar, en prisión.