Imagen de la erupción del volcán de La Palma. / Acfi Press

«¡Volcán, para ya... por favor!

La periodista Cristina Navarro relata sus vivencias ante el fenómeno eruptivo y ante todo el dolor que ha causado en la sociedad palmera

CRISTINA NAVARRO La Palma

El pasado diecinueve de septiembre de 2021, un domingo, cambiaba la historia de la isla de La Palma, de la Isla Bonita; con ello también lo hacía nuestra vida, un movimiento que sin duda nunca pensamos en las consecuencias tan nefastas que acarrearía el hecho en sí y aún lo sigue haciendo. Un volcán irrumpía en nuestros hogares y sentimientos sin piedad, sin opciones ni contemplaciones: vino directo a sepultar nuestros recuerdos.

Ya días antes se nos movía la tierra, un fenómeno que ya conocido por los palmeros: con fecha 26 de octubre de 1971, el Teneguía dejaba ese sabor dulce de un espectáculo, donde nuestros vecinos más longevos y los no tanto nos recordaban, cual diario, lo que había significado para ellos aquellos días, una montaña al sur de la isla que escupía lava incandescente, una película impresionante que casi nadie se perdió. Son muchas las imágenes en fotos y cuadros que acreditan lo que comento, algunos también recordaban el de San Juan, memorias más vagas de un volcán en 1949, donde los que quedan para contarlo lo hacen desde un sentimiento benigno aunque lo malo... no nos lo contaron.

Llega el día, el domingo 19: varios sismos se hacen en la mañana protagonistas de nuestra jornada, hablamos con vecinos y amigos de lo que sigue siendo novedad, llevamos días sintiéndolos pero sigue siendo casi un atractivo. Ese día oigo desde mi balcón a la gente hablando de lo mismo, monotema exclusivo de calle, la tierra se nos mueve y hoy más... Por cierto, añado que ya no disfruto del balcón de mis sueños, mi rincón perfecto para vivir desde ese día: soy una de los más de siete mil personas evacuadas... Yo me fui antes de casa, mi intuición me empujaba a irme. No sé explicarlo. sentí miedo en realidad.

Acabamos de almorzar, en el reloj las tres y poco de la tarde: de repente una explosión sin identificar llega hasta nuestros oídos. A mí me coge en Los Llanos de Aridane, mi hermano me llama, algo grave ha ocurrido, sus palabras: «Ya reventó»... Me deja un sudor frío en el cuerpo, cuelgo y me lanzo a poder ver ese espectáculo de la naturaleza. La vida nos había dado la opción de visualizar algo precioso, una película en color de un fenómeno de nuestra tierra, una ilusión, algo maravilloso para nuestros sentidos y para el turismo... Cuánta ignorancia tenían mis pensamientos: en apenas dos horas me di cuenta de la magnitud de aquello, quién nos iba a decir aquel día que todo iba a cambiar en nuestras vidas. (Mientras escribo estas palabras a tiempo real, ya comienzan a bajarme las lágrimas; yo nunca miento)

Sirenas, luces, atascos, gritos, azoteas repletas de gente inmortalizando el momento, ilusos todos al pensar que el volcán se iba a ir 'rapidito'... Casi un mes lleva viviendo con nosotros y ya ni lo miramos.

Me gustaría plasmar mi experiencia cuando vives en la casa de tus sueños, en el lugar que has elegido o te regalan tus antepasados, un hogar donde esas paredes te han visto ser feliz, donde estuvieron tus abuelos y la construyeron, donde un sacrificio te hace tener un espacio ideal para vivir, donde has celebrado cumpleaños y alegrías, donde has visto a tus hijos crecer y sonreír, (lloro otra vez), cenas con amigos, ilusiones encerradas y sentimientos bonitos en el recuerdo, espero que nunca jamás sepan lo difícil que es meter en dos maletas tu vida emocional, guardas escrituras y facturas, fotos de tus hijos cuando eran pequeños, algunas ropas y zapatos... Por un momento tienes la sensación de que robas en tu propia casa: intentar llevarte lo más importante en un tiempo determinado no es fácil. Recuerdo salir por la puerta, tras varios viajes hasta el coche, pararme en el portal con las llaves en la mano, mirar hacia detrás y romper a llorar, pensando que quizás fuesen las llaves lo único que me quedase de aquel lugar, mi casa, mi sueño.

Ante aquel momento convulso en La Palma se forma el caos, evacuaciones masivas se llevan a cabo. El volcán de Cumbre Vieja ha erupcionado en el lugar inesperado, el día tampoco fue el previsto e incluso llegamos a pensar que no lo hiciera. Por lo menos la hora nos fue a favor: la luz del día nos daba tregua a que aquel desorden tomara algo de forma, con colas de coches subiendo de la costa, vehículos de emergencias como locos en nuestras carreteras, un punto de mira, todas las viviendas ubicadas en las faldas de la zona baja del Pico Birigoyo, donde salía esa humareda gris oscura acompañada de un sonido sordo, un 'runrún' que en ese entonces asemejé a unas rocas bajando por un barranco de gran cauce y con velocidad.

Perspectiva nocturna del volcán. / EFE

Dos horas, ese fue el tiempo en el que ese gran espectáculo visual se hizo añicos en mi cabeza, donde esa ilusión de ver un volcán una vez en la vida se fue al traste. Ya en ese momento nos dimos cuenta de esta desgracia: el volcán nos iba a hacer mucho daño, nos iba a cambiar para siempre nuestras vidas y nuestra preciosa isla de La Palma.

Ya esa misma tarde comenzó el sufrimiento. Advertidos de la posibilidad, incierta o no, para algunos barrios no fue suficiente. Al haber erupcionado mucho más al norte de lo esperado, hizo que muchos vecinos se fueran de su casa con lo puesto, sin tiempo para enseres importantes, sin ropas ni papeles, incluso con grandes problemas de transporte, las calles colapsadas y con el añadido de animales y mascotas, granjas y empresas sin tiempo para nada.

Caras de desolación, de incertidumbre, esa idea remota de perderlo todo perturba la mente de los palmeros, una duda que no tarda mucho en hacerse realidad. La lava de este demonio empieza a bajar por el terreno, aún algunos lo veían emocionados, poco después lloraban. Primeras viviendas sepultadas, también bodegas y cuartos de apero, una boca eruptiva que expulsaba tristeza: esto acababa de empezar.

De repente nos vemos 'vendidos', nos apoyamos en el boca a boca y en algunos medios que nos informan, queremos saber si nuestras casas siguen en pie y es primordial para nuestra salud psicológica, comienzan las ruedas de prensa, los drones y los vídeos caseros, imágenes dantescas de casas cayendo... Con mis propios ojos vi cómo la lava engullía una vivienda familiar, una cosa es verlo en la tele y otra en directo, es como si la estructura fuera de papel y sin vacilar se la llevara. Te das cuenta ya en ese momento de la gran importancia que le damos a las cosas materiales, les digo que en esos momentos nada te consuela, ni siquiera ese recurso de que la vida es lo más importante. Ves en unos minutos, según la velocidad de la colada, cómo tu casita se va y se hunde en la nada, miles de sentimientos y recuerdos quedan sepultados para siempre. Lo que sienten ustedes al ver la televisión no es en absoluto comparable a lo que sentimos los palmeros. Incluso gente que ha venido a trabajar en la isla lo ha dicho: «En la tele no se ve realmente la magnitud de todo esto, es horrible, muy duro».

Sin duda alguna este volcán de Cumbre Vieja va a dejar una cicatriz enorme en nosotros, van a pasar años para que se intente normalizar nuestras vidas, también para la isla.

Los días pasan y las coladas aumentan, noches sin dormir por ese sonido estremecedor. Parece que es por la tarde-noche cuando su energía aumenta, el cielo se nos ilumina y también los caminitos que va inventando por nuestra tierra, se acerca a barrios muy poblados. Tras arrasar muchas edificaciones en Las Manchas, sigue bajando y después le tocará a Todoque... Fue en ese lugar donde mi salud emocional cayó: como integrante de la prensa llegas a lugares donde solo llegan los vecinos, en esas últimas oportunidades de dejarlo todo detrás, me rompió por completo ver tanto sufrimiento, tanto dolor acumulado en treinta minutos, camiones repletos de trozos de vida sin orden, mal colocados por las prisas para intentar llevarte un trocito de tu hogar.., lloré mucho, otra vez. Mirar hacia atrás y ver tu casa por última vez es extremo, emocionalmente hablando, nunca más la verás en tu vida, y encima te va a ser muy difícil ubicarla después, en fin... Ahora toca La Laguna y bajando a la costa...

Cerca de un mes de agonía, ahora acompañado nuestro dolor con más miedo, una sismicidad que altera nuestras horas, una incertidumbre que nos aterra, un final de un volcán que no llega, y es que por ahora... No parece tener signos de agotamiento. ¡Para ya... por favor!