La columna de ceniza y la incandescencia de las coladas, ayer al amanecer. / Rubén López/IGN

Dos meses de destrucción y sin señales claras que anuncien el fin de la erupción

Los vaivenes del volcán continúan. Los científicos esperan que el último repunte de la actividad sísmica haya sido un episodio puntual

Carmen Delia Aranda
CARMEN DELIA ARANDA Las Palmas de Gran Canaria

El volcán palmero de Cumbre Vieja cumple hoy dos meses desesperando a los habitantes del Valle de Aridane y a los científicos con su comportamiento errático.

Tras un repunte de la sismicidad, con 325 terremotos localizados el miércoles, la mayor cifra de sismos diarios desde el inicio de la crisis volcánica, ayer retomó su tendencia descendente. Los temblores se moderaron en cantidad e intensidad, se redujo el tremor -la vibración que provoca la actividad eruptiva- y la deformación del terreno se estabilizó. Sin embargo, a estas alturas, nadie puede predecir cómo se comportará mañana y, menos aún, cuándo dejará de lanzar ceniza y lava.

La erupción comenzó en la sobremesa del domingo 19 de septiembre. Ese día, a las 15.13 horas, una columna incandescente se levantó con estruendo sobre Cabeza de Vaca, en el municipio de El Paso.

Desde entonces, 7.000 personas han sido desalojadas de sus viviendas levantadas a base de años de ilusión y esfuerzo al pie de Cumbre Vieja. De ellas, unas 2.000 han perdido sus casas, pasto de las coladas que han borrado del mapa barrios como Todoque, El Pampillo, Callejón de La Gata, Los Campitos o la mitad sur de La Laguna.

Las coladas del volcán, monitorizado por una legión de científicos, han cubierto de 1.048 hectáreas, de las que 43 corresponden al terreno ganado al mar por el delta lávico, creado en la costa de Tazacorte a trompicones desde el 28 de septiembre y la actualidad, entre la extinta playa de Los Guirres y la isla baja formada en 1949 por el volcán San Juan.

El 20 de septiembre, tras un día de actividad, el volcán mostró su poderío destructivo arrasando 159 edificios. Su voracidad la confirmó el 29 de septiembre, cuando sepultó 151 construcciones en El Pampillo. Ese día, tras solo diez de actividad eruptiva, ya había cubierto 339 hectáreas y había destruido 855 edificaciones.

Hasta ayer, los ríos de lava, con una anchura máxima de 3.100 metros entre ellos, habían devorado 1.462 edificaciones a su paso, de las que 1.181 eran viviendas. La mayoría de las residencias desaparecidas, 861, se ubicaban en el municipio de Los Llanos, mientras que El Paso ha perdido otras 221 casas y Tazacorte, 99.

Otras muchas viviendas han quedado sepultadas por la ceniza que el volcán lanza sin apenas descanso sobre el Valle de Aridane mientras los equipos de bomberos, militares y voluntarios se afanan en retirarla para evitar que los techos y tejados colapsen.

Ese manto negro también está implicado en la única muerte vinculada a la crisis volcánica; la de un hombre de 72 años de El Paso que accedió el 12 de noviembre a la zona de exclusión para limpiar ceniza. Las circunstancias de este luctuoso suceso aún se están investigando.

Además, durante las últimas semanas, cuatro personas resultaron heridas cuando retiraban la ceniza de azoteas y tejados. Tres fueron hospitalizadas, una de ellas en cuidados intensivos.

En este negro panorama, los científicos son los únicos que aportan un poco de luz e insisten en que el volcán de Cumbre Vieja está perdiendo fuelle pese al último repunte de la actividad. «Estos episodios de intensificación pueden ser puntuales, lo que hay que valorar son las tendencias», dijo ayer la directora del Observatorio Geofisico Central, Carmen López.

Así, pese a que el volcán emitió ayer entre 16.000 y 32.000 toneladas de dióxido de azufre (SO2), recalcó que los datos satelitales muestran una tendencia descendente en la emisión de este gas.

Además, la portavoz del comité científico en el Plan Especial de Protección Civil y Atención de Emergencias por Riesgo Volcánico de Canarias (Pevolca) indicó que los temblores han experimentado un acusado descenso respecto al miércoles, el día con mayor sismicidad sentida de las últimas dos semanas, y que el tremor, cuya señal había repuntado, cayó ayer notablemente.

Sin embargo, las bocas del volcán siguen lanzando piroclastos, gases y lava con una actividad variable. El aporte principal nutre la colada que avanza con parsimonia por suelo no hollado entre las montañas de La Laguna y Todoque, con su frente a 300 metros del mar. También continúa llegando lava al delta lávico, pero menos que en días anteriores, explicó el portavoz del comité técnico, Francisco Prieto.