Casas cubiertas de ceniza en Las Manchas. / Cober servicios audiovisuales

Las lluvias fuertes y la ceniza, una combinación peligrosa

El Pevolca vigila el curso de una vaguada atlántica. Los accidentes de tráfico, los desplomes de techos y la formación de un lahar son los principales riesgos

Carmen Delia Aranda
CARMEN DELIA ARANDA Las Palmas de Gran Canaria

La formación de una borrasca al oeste del archipiélago preocupa a los gestores de la emergencia volcánica. Aún es pronto para saber si este frente atlántico incidirá en La Palma, pero la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET) prevé activar mañana el aviso amarillo por lluvias intensas en la isla. Esta circunstancia abre un escenario con nuevos riesgos para la población del Valle de Aridane.

«Es una conjunción de multipeligros. Las lluvias intensas por sí solas constituyen un problema y el volcán, también», explica la volcanóloga del Instituto Geográfico Nacional, Alicia Felpeto.

El nivel del riesgo dependerá de la fuerza de la borrasca que, según la AEMET, podría descargar hasta 60 litros por metro cuadrado en 12 horas en el este de La Palma. «Incluso si cayera poca lluvia, hay que tener mucho cuidado con la conducción. El pavimento con ceniza y lluvia es tremendamente resbaladizo. Hay que circular con sentido común y precaución», indica Felpeto.

La AEMET prevé que llueva mañana en La Palma, donde pueden caer 60 litros por metro cuadrado en doce horas

Otro de los riesgos vinculados a la lluvia y al proceso eruptivo es el que ocasiona la ceniza depositada en los tejados y cubiertas de los edificios. «La ceniza fina y el lapilli (picón) absorben el agua y aumentan de peso. En los edificios sería un problema porque les añadiría más carga», subraya la geofísica.

En el caso de que las precipitaciones fueran más intensas, los problemas serían distintos. «Se producen escorrentías que arrastran la ceniza que encuentran a su paso y que son mucho más densas que el agua por sí sola», explica la autora del mapa de peligrosidad que ha servido para prever el camino que tomaría la lava del volcán palmero.

Felpeto advierte de que, dependiendo de la cantidad de material que arrastre las escorrentías, serán más o menos dañinas. En el escalón de mayor peligrosidad está el lahar: «una corriente de lodo que se produce cuando hay una descarga muy intensa de agua», indica Felpeto sobre este fenómeno frecuente en Indonesia, donde las lluvias del monzón provocan grandes avenidas con el material fragmentario de los volcanes que sepultan todo a su paso. «No creo que se den las condiciones para que se forme un lahar. Hay material piroclástico suficiente, sí, pero no tenemos esa cantidad de agua», afirma.

En todo caso, si se producen escorrentías, no discurrirán por las zonas habituales porque el propio proceso eruptivo ha modificado la topografía y cambiado las cuencas de drenaje.

«El mayor problema es el arrastre de la ceniza», sostiene la volcanóloga que recuerda que mezclada con la lluvia puede tupir las alcantarillas en las zonas urbanas.