En pantalla, la portavoz del comité científico Carmen López. / C7

La ciencia del volcán, con nombre de mujer

Cuatro mujeres volcadas en el seguimiento de la erupción cuentan su experiencia en el Instituto Geográfico Nacional

DANIEL GÓMEZ Santa Cruz de La Palma

Carmen López, Elena González, Alicia Felpeto, Laura García-Cañada y Carmen del Fresno son algunas de las investigadoras que conforman el equipo del IGN que trabaja para la erupción en La Palma. Mujeres que han demostrado que no importa el género en el mundo de la ciencia.

Carmen López, física de formación especializada en geofísica, la ciencia que estudia la Tierra desde el punto de vista de la física, es la directora del Observatorio Geofísico Central del Instituto Geográfico Nacional (IGN). En el último mes y medio ha hecho de La Palma su casa, compaginando el trabajo al pie de la lava con el análisis de datos que ejecuta en el centro de operaciones del IGN en la planta baja del mirador de Tajuya.

Carmen López también es la encargada de actualizar la información científica del Plan de Emergencias Volcánicas de Canarias (Pevolca) cuando no se encuentra María José Blanco, directora del IGN en Tenerife. De hecho, fue la propia Carmen López la que indicó en la rueda de prensa del miércoles que la evolución del volcán comenzaba a mostrar «signos positivos» para una extinción que, matizó, todavía no se puede anticipar porque indicadores como la emisión del dióxido de azufre y la sismicidad continúan en valores elevados.

Pero en esta ocasión Carmen López no viene a hablar de la erupción, sino el papel de la mujer en la ciencia, para lo que también es una voz autorizada. «No debería existir la necesidad de abordar este tema, pero sí que existe y me da rabia. Me da rabia porque ahora tenemos la cultura suficiente para que se produzca un cambio drástico y suficiente en la situación de la mujer», comenta Carmen López.

Los datos le dan la razón. Según Naciones Unidas, las mujeres constituyen un 28% del total del personal investigador en el mundo. Sólo el 3% de los Premios Nobel han sido para ellas. Apenas uno de cada cinco países ha alcanzado la paridad de género en cuanto al personal de investigación y España no es uno de ellos. Un reciente estudio del Ministerio de Ciencia advierte que las mujeres representan menos del 30% del personal investigador y que entre el 20 y el 30% de ellas pueden alcanzar los escalones más altos de la carrera investigadora, con lo que esto implica a la hora de tomar decisiones.

Sobre este último tema ahonda Alicia Felpeto, otra experta en geofísica del IGN que trabaja en La Palma y que también es una voz autorizada. «En los puestos más altos no acaba de haber un cambio, y esto es quizá lo más importante. En general falta un poco de visión femenina en estos puntos, y eso se nota a la hora de prestar atención a los detalles y abordar ciertos problemas».

La importancia de los referentes

Para Alicia Felpeto otro punto sobre el que pone el acento son los datos de cómo las niñas comienzan a perder interés por las carreras científicas. «Me resulta chocante y es sintomático de que algo no va bien. Por eso creo en la importancia de los referentes. De mostrar que si yo pude, tú también». Una encuesta realizada por Microsoft, reveló que las niñas en Europa de alrededor de 11 años de edad, se interesan por las materias en Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas (STEM por sus siglas en inglés), pero luego rápidamente lo pierden cuando cumplen los 15 años.

Pero no en todas las STEM es así. En una de las carreras científicas donde existe cierta paridad es la de matemáticas. Laura García-Cañada y Elena González son matemáticas del IGN y trabajan para el grupo de deformaciones, ese indicador que tanto ha seguido la gente para advertir el fin del volcán. Tanto Laura García-Cañada como Elena González coinciden que si bien matemáticas es una carrera en la que hay muchas mujeres, luego no todas acaban trabajando en esta materia.

«En mi caso nunca he notado ningún impedimento para ser lo que he querido ser. Pero sí que en algunos momentos he notado soledad como mujer. Tener una mesa con 20 personas y ser la única mujer sí que me ha sorprendido, pero yo me sentía como una más en esa mesa. Una de las cosas que me sorprendió cuando estudié es que éramos una mayoría bastante amplia de mujeres en la carrera, pero luego cuando empecé a estudiar no era así», expone Laura García-Cañada en un caso muy similar al de Elena González.

«Cuando yo estaba estudiando éramos una mayoría de mujeres, pero el problema vino después, a la hora de ejercer la profesión. Creo que es porque de alguna manera existen roles intrínsecos que te llevan a abandonar la carrera científica. Es una aventura muy exigente, que te exige trabajar fuera de un horario. Eso significa que te quita tiempo para tu familia y tus intereses. Con los hijos cuesta todo más, lo digo por experiencia. Pero aunque siempre tengas la sensación de que pudiste haber hecho más, tanto como investigadoras como madre, lo puedes compaginar. Y esto también es importante que se visibilice», agrega Elena González.

Carmen del Fresno, sismóloga del IGN, también apunta la importancia de que existan referentes. «En mi caso no busqué referentes porque vivía rodeada de científicas. Desde mi bisabuela materna, todas las mujeres de mi familia han cursado estudios superiores y la mayor parte de ellas carreras de ciencias. Pero sé que esa suerte que tengo yo no la tienen otras familias, por lo que es interesante que las mujeres científicas se den a conocer».

Carmen del Fresno también comenta su experiencia universitaria. Estudió física y se especializó en geofísica en un entorno en el que había más hombres que mujeres, tanto por parte del alumnado, como por parte del profesorado. «Sin embargo, recuerdo con cariño grandes profesoras que sabían transmitir su gran pasión por la ciencia», apunta.

Cuando no se habla del tema

Sin embargo, el punto clave, el punto en el que coinciden todas las investigadoras consultadas, es que lo ideal es que este reportaje no debería estar publicándose. Porque lo ideal en el ámbito profesional no es hablar del género, sino del currículo, de la valía, de las habilidades. Lo ideal es no cuestionar la capacidad de una científica por si es o no madre. Lo ideal es que en los puestos directivos no haya que estar contando el número de mujeres y hombres. Pero lo ideal no es lo real en este momento.