Imagen de la fajana que se comió la playa de Los Guirres. / C7

El abecedario para un volcán donde la X todavía es el nombre

El impacto global de la erupción extendió topónimos, acrónimos y vocablos acuñados en Canarias por la comunidad hispanohablante

EFE

«Malpaís», «fajana», «jameo», «Pevolca», «Todoque», «sorriba»... El impacto global de la erupción que este sábado se ha dado por terminada en La Palma ha extendido por la comunidad hispanohablante un puñado de topónimos, acrónimos y vocablos acuñados en Canarias en torno al mundo de los volcanes.

Este es el posible abecedario de un volcán en el que abundan las cifras, las magnitudes que describen cuánto mide, cuánto ha durado, cuántas propiedades ha destruido, cuánta lava ha emitido, cuántos terremotos ha generado... pero sobre el que persiste una incógnita, un nombre. Su nombre. El que llevará en los libros de Historia.

A de angustia. Ha sido la palabra más repetida entre quienes han sido evacuados de sus casas o han perdido sus tierras de cultivo, su trabajo o su medio de vida, y también ha hecho mella entre aquellos que gestionaban una emergencia que ha tenido momentos críticos.

B de Blanco, María José. La portavoz del comité científico que vigiló la erupción durante la mayor parte de sus tres meses de duración ha sido la cara visible en los informes diarios del Pevolca, junto a su director técnico, Miguel Ángel Morcuende.

C de Cabeza de Vaca. Es el nombre de la zona del municipio de El Paso donde estalló el volcán a las 15:13 horas del 19 de septiembre.

D de dióxido de azufre. Las emisiones de SO2, de decenas de miles de toneladas diarias, uno de los indicadores de referencia de la erupción, han complicado mucho la vida en el Valle de Aridane y, en los últimos días del volcán, obligaron a confinarse durante horas en sus casas a casi 33.000 vecinos de la isla.

E de estromboliana. Así ha sido la erupción de La Palma: explosiva y con gran emisión de cenizas, gases y lava.

F de fajana. Tres catedráticos expertos en Geología y léxico antiguo de las islas sostienen que no es la palabra adecuada para definir un delta de lava en la costa, pero esta erupción ha resucitado y difundido por todo el país este canarismo antiguo.

G de Los Guirres. La playa que lleva ese nombre desapareció bajo el segundo delta de lava de la erupción. Era uno de los atractivos turísticos de Tazacorte y toda una de la referencia en el mundo del surf.

H de hectáreas. Este volcán deja 1.218 hectáreas cubiertas por la lava, cifra nunca antes vista en las erupciones que ha vivido La Palma desde que hay registros históricos. En ellas, hay 370 hectáreas de cultivo sepultadas, entre las que se incluyen algunos de las fincas plataneras más productivas de toda Canarias.

I de ciencia. Porque en esta erupción la ciencia la han escrito cinco «íes»: Instituto Geográfico Nacional, Instituto Volcanológico de Canarias, Instituto Geográfico y Minero de España, Instituto Español de Oceanografía e Instituto de Productos Naturales y Agrobiología-CSIC.

J de jameo. Otro canarismo que se ha hecho popular en esta erupción (por si no lo había conseguido ya hace 50 años la obra de César Manrique en Lanzarote): define el vacío que queda al descubierto al hundirse el techo de un tubo de lava.

K de kilómetros. 68,89 kilómetros tiene de perímetro la zona cubierta por las coladas de lava y 73 son kilómetros de carreteras y calles que han quedado impracticables.

L de La Laguna. Es uno de los barrios que mayor destrucción ha sufrido, al ser atravesado por una de las coladas, que se detuvo a escasos metros de su iglesia. Si alguien buscaba aquí la palabra lava, mejor que siga a la M.

M de malpaís. No hay vocablo que defina mejor el terreno yerno, impracticable y quebrado que dejan tras de sí las coladas de lava de un volcán que este concepto acuñado hace siglos en Canarias. Es de uso común en América casi desde los tiempos de la Conquista y forma parte del léxico científico internacional de la Geología.

N de Navidad. El plazo de diez días dado por los científicos para dar por finiquitada la erupción, sin verse sorprendidos por un repunte como el del San Juan (1949), que se reactivó al cabo de tres días de silencio, termina hoy, 25 de diciembre. Doble día de fiesta en La Palma.

Ñ. Contiene la Ñ: daños. Esta erupción ha sido la más destructiva del último siglo en Europa. El Gobierno de Canarias valora por ahora los daños en más de 900 millones de euros.

O de observada. Es, sin duda, otro de los adjetivos que definen la erupción. Pocos volcanes habrán sido tan monitorizados de principio a fin por la ciencia, con tanto detalle, tanto despliegue de instrumentos y tantos expertos de tantos países. Y pocos, o ninguno, han sido tan observados por el público, no solo en fotografías de impacto global, sino a través de una transmisión televisiva sin precedentes: 86 días, las 24 horas, sin interrupción.

P de Pevolca. Aunque la erupción submarina de El Hierro (2011-2012) ya lo hizo circular por los informativos, ahora media España maneja el acrónimo del Plan Especial de Protección Civil y Atención de Emergencias por Riesgo Volcánico de Canarias. Es solo un documento, un texto, pero en esta erupción ha cobrado personalidad. Ha sido la representación de la autoridad, por antonomasia.

Q de queso. En el sector agropecuario, los daños más graves se los ha llevado el plátano, pero el primer golpe lo sufrió la cabaña ganadera de El Paso. Y el primer negocio en resurgir de sus cenizas tras ser arrasado por el volcán fue una quesería artesanal, Tajogaite.

R de reconstrucción. «La emergencia no terminará cuando se apague el volcán, terminará cuando se complete la reconstrucción». Es el compromiso que han repetido varios responsables políticos en sus visitas a la isla. La tarea supone un desafío sin precedentes, por el volumen de propiedades e infraestructuras destruidas, pero también ofrece una oportunidad de futuro para La Palma.

S de sorriba. Es otro canarismo que define el agotador trabajo que convirtió en 1949 decenas de hectáreas de la erupción del San Juan en algunas de las fincas plataneras más cotizadas de Canarias. Consiste en acarrear toneladas de tierra fértil desde otro lugar de la isla para cubrir la lava. ¿Se podrá hacer esta vez? Algunas voces ya lo sugieren, pero toda La Palma es Reserva de la Biosfera.

T de Todoque. Podría ser de tremor, la señal de la que toda la isla lleva pendiente desde hace tres meses, en especial desde que se detuvo a las 23.00 horas de 13 de diciembre, en el día 86 de erupción, pero la T de este volcán es, sin duda, de Todoque. Es el barrio que quedó sepultado por las coladas en la primera semana y que hizo ver a todos las verdaderas dimensiones de la catástrofe que se avecinaba.

U de UME. La Unidad Militar de Emergencias es punta del iceberg de un despliegue de casi 1.000 efectivos de diferentes cuerpos de seguridad y protección civil que incluye a Policía, Guardia Civil, Policía Canaria, policías locales, Armada, bomberos de todas las islas y voluntarios de diferentes lugares del país.

V de vivienda. Este volcán ha destruido 1.345 hogares, en una cuenta que podría crecer cuando se valore cómo están las decenas de casas que la lava no ha tocado, pero que han quedado tapadas por varios metros de capa de ceniza.

W de WhatsApp. El servicio de mensajería más popular no solo ha servido para hacer circular bulos acerca del posible megatsunami de La Palma o la calidad del agua, sino también como cauce para coordinar ayudas económicas, facilitar servicios gratuitos de atención psicológica o, simplemente, enviar mensajes de apoyo.

X. Es la incógnita de este volcán. Aún no tiene nombre. Se lo podrán los científicos atendiendo a algún tipo de referencia ligada al lugar donde se encuentra o a su historia. No necesariamente lo bautizarán en breve. Con el volcán submarino de El Hierro de 2011, tardaron cuatro años en darle el nombre de Tagoro.

Y. Contiene la Y: Tajuya. El mirador por excelencia del volcán, situado a tres kilómetros y medio del cono. En torno la iglesia del barrio de El Paso, se han congregado durante tres meses científicos, periodistas, vecinos afectados y miles de turistas.

Z de zahorra. Este volcán ha cubierto extensas superficie con cientos de toneladas de lapilli, piroclastos de pequeño tamaño, más grandes que la ceniza, muy apreciados para ciertas técnicas de cultivo, porque «atrapan» la humedad del aire. En Canarias hay varias palabras para describirlos: en Lanzarote se les llama «rofe»; en Gran Canaria, «picón»; y en la islas occidentales, «zahorra».