La historia de los Miller regresa a Canarias

El consultor ambiental descendiente de la familia británica responsable del desarrollo comercial de la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria, William Miller, ofrece mañana una conferencia en la Casa Colón sobre la influencia de sus antepasados en el puerto. Además, cederá al Cabildo algunas fotografías y objetos del archivo histórico de su familia, para el que sugiere un museo naval emplazado en el edificio Miller.

Descubrir de dónde procede la pasión de William Miller por estudiar a sus antepasados parece evidente tan sólo con escuchar alguna de sus múltiples historias. «Siempre he sido un gran entusiasta de la historia de los Miller, desde que mi padre, Basil Miller, escribió Canary Saga. The Miller Family in Las Palmas (1824 - 1990), y en 2007 publiqué mi propio libro ahondando en nuestros orígenes escoceses hasta el año 1600», explica el graduado en Biología ya jubilado, que comparte parentesco con más de 200 descendientes de Miller en Inglaterra, Escocia, Estados Unidos, Nueva Zelanda, Australia y España, en concreto, Tenerife.

Precisamente, William Miller ofrecerá una introducción al Archivo Miller mañana junto a March Luke Henry en el marco de las IV Jornadas de fotografía histórica de Canarias en la Casa Colón, a partir de las 20.30 horas.

El edificio Miller, un museo naval

El Archivo Miller contiene numerosas fotografías históricas del desarrollo de la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria, así como documentos y objetos de interés que contribuyen a dibujar el relato de la familia en las islas. Por ese motivo, el descendiente de la familia ofrecerá mañana al Cabildo un álbum de fotos original de Tomás Miller, una medalla de su abuelo Gerald concedida por el rey de Inglaterra por su trabajo como cónsul en la Isla y un emblema por el 50 aniversario como miembro del Círculo Mercantil, además de una cubertería de plata con el símbolo de los de su estirpe, el león. «Me gustaría que todo ello fuera a para al edificio Miller y que se convirtiera en un museo naval que contara la historia de la compañía de nuestra familia y del puerto en general», explica William Miller, que afirmó que las instalaciones no están aprovechadas teniendo en cuenta el patrimonio cultural que representa.

El biólogo-historiador también señala al capitán mercante recientemente fallecido Juan Garrido López, que en un intento de mantener vivos los archivos del Puerto de La Luz conservó en la azotea de su casa el camarote del emblemático remolcador Fortunate: «Sería maravilloso que también estuviera presente en el museo; la ciudad necesita un espacio así para contar su historia».

Por pura casualidad

El imperio de la familia británica protagonista del desarrollo comercial de la Isla pudo no haber pasado jamás, ya que su tataratío James Swanston Miller arribó al Archipiélago por pura casualidad: camino de América, su barco fue atacado por los piratas en las costas de Fuerteventura y a pesar de que robaron hasta las botas, se le perdonó la vida a la tripulación. Así, sin nada que perder, el joven escocés consiguió trabajo en Gran Canaria junto a un francés afincado en España, Francisco Gouaié, que se apiadó de su injusta situación y, con el tiempo, James empezó su propio negocio.

Fue entonces cuando comenzó a desarrollar una pequeña fortuna y pidió ayuda a su primo Tomás Miller. Pronto se iniciaría en la industria del carbón, convirtiendo Gran Canaria en el punto franco de todos los barcos que transitaban rumbo a África y América, y su legado continuó hasta después de la Primera Guerra Mundial, cuando los herederos terminaron vendiendo la compañía.

Pero, ¿cuál es el motivo por el que marcharon de Escocia, en primer lugar? Este historiador de la familia británica apunta a dos razones: el descubrimiento de la vacuna contra una de las enfermedades que causaba mayor mortandad infantil en la época, la varicela, y la revolución agrícola británica. En consecuencia, las familias crecieron en número al tiempo que se redujo la mano de obra en las granjas, lo que obligó a muchos a emigrar a tierras extranjeras.

Cuentos de espías

El abuelo Gerald Miller se hizo cargo de la histórica compañía hasta el estallido de la Segunda Guerra Mundial, cuando fue reclutado como espía para la Marina Real Británica, ya que el primer ministro Churchill temía que los alemanes tuvieran un plan para invadir las islas y dejarlos sin puerto franco.

La respuesta fue un contraplan británico, la conocida Operación Pilgrim, que comenzaría con el desembarco en la zona menos vigilada de la Isla, la Playa de Arguineguín. En la familia Miller, varios miembros fueron entrenados para la misión: el propio padre de William, Basil Miller, también fue reclutado para la causa, y en sus prácticas tuvo que bucear más allá de la barrera de Las Canteras con sus camaradas; su tío Ian, por otro lado, fue entrenado para sobrevolar en paracaídas la base de Gando. El rumbo que habría tomado la historia tras la posible invasión nunca lo sabremos.