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'Hermine' obliga a Canarias a confinarse de nuevo

La población canaria vuelve a revivir el encierro por la covid, aunque en esta ocasión por la meteorología adversa

Dánae Pérez
DÁNAE PÉREZ Las Palmas de Gran Canaria

Las calles, desiertas. El barrio, en silencio, ya no se despierta al ritmo de 'Resistiré', del Dúo Dinámico. Los vecinos tampoco se congregan en las ventanas o balcones para homenajear e insuflar ánimos a los sanitarios. Los perros han perdido el poder de sacar a pasear a sus amigos bípedos. Sin embargo, Canarias vuelve a estar confinada; esta vez no por la covid, sino por las lluvias persistentes asociadas a la tormenta tropical 'Hermine'.

En esta ocasión, el motivo del confinamiento se ve, se huele, se siente y se escucha... ¡vaya si se escucha! Muchos han visto interrumpido su descanso por el incesante tintineo de las gotas en la mañana de este domingo. Lo cierto es que en la capital grancanaria no ha parado de llover desde ayer, aunque este 25 de septiembre las precipitaciones caen con más intensidad, obligando a la ciudadanía a refugiarse en el hogar.

Quedarse en casa, incluso, ha sido una de las recomendaciones del Gobierno de Canarias ante el temporal. El presidente de la autonomía, Ángel Víctor Torres, anunciaba ayer, en rueda de prensa, que se trataba de una oportunidad para pasar más tiempo con la familia... o con Netflix. Y es que las plataformas de streaming han vuelto a rescatar al ser humano de las horas muertas.

Si bien, aunque el paisaje, plomizo y lluvioso a más no poder, invita a pasar un 'finde' de esos de mantita y peli, la temperatura tira por la borda ese ideal, esa imagen que tanto gustito da solo de pensarla. Pues 'Hermine' está dejando mucha lluvia, pero nada de frío; el bochorno sigue pegándose al cuerpo, paradójicamente, como la ropa mojada.

Eso sí, los ha habido precavidos. Ya desde el pasado viernes y el sábado por la mañana, ante el aviso de la situación meteorológica que se avecinaba, muchas personas se agolparon en los supermercados para proveerse de suministros, una escena que recordó, quizás ligeramente, a aquellas compras masivas de papel higiénico.

Ante esta situación, cabe la pregunta, ¿cuántos sobres de levadura, además de velas, se habrán metido en los carritos? Y es que si hay algo que tenemos hoy, que en el último encierro por el coronavirus no, es la experiencia. Entonces, el ser humano descubrió que la vida entre cuatro paredes se lleva mucho mejor con pan y deliciosos queques caseros.

Otra vía de escape que halló en aquel momento, aunque siempre hubiera estado ahí, fueron los libros. «Los libros van siendo el único lugar de la casa donde todavía se puede estar tranquilo», arguyó el admirable escritor argentino Julio Cortázar. Vienen a ser, algo así, como el refugio dentro del refugio, la posibilidad de viajar sin moverse del sillón, de conocer gente nueva, de respirar olores e, incluso, degustar sabores desconocidos.

Sí, Canarias vuelve a estar confinada; lo está por motivos diferentes, las circunstancias también son distintas, pero la solución, el salir ilesos de este episodio adverso, pasa por lo mismo: por la prudencia, por cuidarse a uno para cuidar a los demás, al conjunto de la ciudadanía. No hay que olvidar el estado en el que han quedado muchas carreteras en Gran Canaria, prácticamente anegadas, la caída de árboles o desprendimientos para llegar a la conclusión de que el mejor plan es quedarse en casa.