Yeray Rodríguez, maestro de la palabra

Yeray Rodríguez (Las Palmas de Gran Canaria, 1978) es doctor en Filología Hispánica por la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, profesor de Literatura Canaria en la misma, poeta, verseador, miembro de la Academia Canaria de la Lengua, presentador televisivo... pero sobre todo, un gran conversador.

Yeray Rodríguez es un torrente de palabras, a lo que se dedica en realidad. Lleva toda su vida estudiando el lenguaje, enseñando literatura, analizando el significado de las palabras, escuchando a mayores y niños, todos ellos fuente de saber, desde la experiencia que da la edad y desde la espontaneidad que da la inocencia. Dice Rodríguez que «hay fuente de inspiración en la vida, de donde no podemos despegarnos nunca es de la realidad». Por eso no desdeña la forma de hablar de ninguna época o grupo social, «cada grupo humano se ha expresado en función de sus propias realidades y contexto». Juega en contra que en muchos casos «la memoria, una aliada, no ha tenido la fuerza que debiera», sobre todo en Canarias, «donde nos olvidamos de nuestra historia, de dónde venimos».

¿Y de dónde venimos? Dice Rodríguez que «de mucho sufrimiento, trabajo y dureza», de un tiempo y una vida que las nuevas generaciones han querido «negar» a sus descendientes. La vergüenza, los complejos, pueden ser la causa. «Y el lenguaje es el reflejo de todo eso». Quizás con buena intención, dice, pero ha habido muchas generaciones en Canarias que se han empeñado en esconder su pasado, de donde, advierte, siempre se aprende y mejora. «Con ello han escondido también la lengua y la literatura» local.

Dice Yeray Rodríguez que aprende más de lo que enseña, pues tiene «la suerte» de que se dedica a la palabra «desde distintas opciones», entre las que destaca su faceta de profesor y la de verseador. En las aulas y en los escenarios, «aprendo a vivir de las palabras, rostros y gestos de los otros», afirma.

Todas las palabras son aceptables, ninguna es malsonante, lo que sí chirría a Yeray Rodríguez «es que las palabras se vayan vaciando de contenido, ver cómo hay palabras que entran y salen de nuestras vidas, palabras que están de moda en una época y en otras no». Y como ejemplo, la tan cacareada «crisis», que de tan oída «ya no sabemos ni lo que significa». O nacionalismo. Las palabras, con el tiempo, «se van vaciando y usando a conveniencia, manejando» y llevando a un terreno u otro. Las palabras tienen poder y sus usuarios juegan con ello. Pero «la lengua es de los hablantes, como la literatura es de los lectores», por mucho que algunos intenten impregnarlas de ideología.