El historiador Carlos Delgado junto una imagen de la Virgen del Carmen. / c7

San Vicente Ferrer ya puede presumir de museo sacro

La historia de Valleseco está ligada a la de la santo patrón Vicente Ferrer y a su parroquia. Ahora una de las salas del templo se convierte en museo

Patricia Vidanes Sánchez
PATRICIA VIDANES SÁNCHEZ Valleseco

Valleseco es el municipio más joven de Gran Canaria, dado que se independizó de Teror en 1842, constituyéndose como Ayuntamiento, y en 1846 adquirió su ermita la condición de parroquia.

Antes, y hace ya 275 años, se llevó a cabo el traslado de la imagen de San Vicente Ferrer desde la iglesia parroquial de Nuestra Señora del Pino de Teror hasta su ermita recién construida en 1746. Ahora, y coincidiendo con tanto aniversario, Valleseco estrena la Sala de Arte Sacro San Vicente Ferrer, que ocupa una de las salas de la propia iglesia.

El nuevo espacio que abre da cuenta no solo de la fe de los vallesequenses, sino también de su historia y patrimonio. La sala de arte sacro es fruto del laborioso trabajo de investigación llevado a cabo en los últimos meses por los comisarios Roberto Dávila Rodríguez y Carlos Delgado Mujica, historiadores y gestores en patrimonio artístico, arquitectónico, museos y mercado del arte.

Carlos Delgado recuerda que este museo de arte sacro en realidad tiene como precedente la apertura del museo parroquial en 1999. «Ahora es una sala más diáfana en cuanto a las piezas; hay muchas piezas rescatadas de los fondos de la iglesia, que incluso no se recordaban en el imaginario colectivo». Y de eso se trata, «de rescatar la memoria a través del patrimonio sacro vinculado a San Vicente Ferrer».

San Vicente Ferrer como eje

Y en este nuevo museo, de libre acceso, San Vicente Ferrer tiene un papel protagonista. La sala está organizada en torno a dos capítulos: «la vinculación del pueblo a San Vicente Ferrer y a la Virgen María encarnada en la Virgen de la Encarnación, del Carmen, del Sagrado Corazón de María».

Pero es San Vicente quien inicia el recorrido «con objetos vinculados a la vida del santo patrón y de la parroquia», un ajuar reunido durante siglos por los ciudadanos, según cuenta el historiador Carlos Delgado.

«Ha sido un proceso complejo. Desde el punto de vista artístico pero también desde el ámbito de la emotividad que puede abrazar una pieza, del arraigo de las personas por una imagen, un lienzo, una escultura. Y por eso fue complejo, porque había que vincular las dos cuestiones», la vertiente artística y patrimonial con la más sentimental y devocionaria.

Aunque hay un gran variedad de obras, el especialista destaca tres piezas. «El estandarte de San Vicente, del último tercio del siglo XIX, que fue restaurada recientemente por el vallesequense Iván Arencibia Rivero. El cáliz indiano del siglo XIX que se usa tradicionalmente el día de la función de San Vicente Ferrer. Y el relicario de los años 30 realizado en Madrid, que contiene las reliquias del santo patrón, una pieza de orfebrería magnífica que contiene el elemento óseo, la reliquia más grande que se conoce del mundo. Y tenemos la suerte de tenerlo aquí», relata Delgado.

Con todo, se trata de «dar valor a la historia de un pueblo», que se refleja a través de unas piezas producto de «la movilización a través de la fe».