La historia común sella las dos Jinámar

Isaac Mendizábal, historiador e hijo del barrio, publica el primer monográfico sobre el pasado del enclave. Confía en que ayude a los vecinos a sentirse más orgullosos del lugar en el que viven y a fusionar el pueblo con el área del polígono.

g. Florido / Telde

A simple vista son dos Jinámar, uno de edificios altos y fundación reciente y otro de casas bajas y calles de trazado centenario, pero les une una raíz común, una historia compartida, entre otras cosas, porque ni una parte del barrio ni otra se entienden sin lo que supuso para ambas los terrenos y los cultivos de lo que con los años se convirtió en una de las mayores fincas del Condado de la Vega Grande. Con esa premisa, la del pasado común parte la investigación del historiador local Isaac Mendizábal Rodríguez, que ha dado lugar al primer libro monográfico sobre la historia de este barrio. «Es inédito, no había nada así, existían textos sueltos, pinceladas sobre asuntos concretos, pero como esto no», apunta Mendizábal.

Historia de Jinámar es el resultado de 22 meses de trabajo de Mendizábal, entre enero de 2017 y noviembre de 2018, que se encerró en bibliotecas, museos, archivos históricos y parroquiales, pero también es el fruto de un sueño, el del presidente de la asociación de vecinos La Concepción de Jinámar, Pablo Rodríguez. Luchador incansable y amante de su pueblo, anhelaba un libro sobre la historia de Jinámar. Llevaba tiempo buscando a quién encargárselo hasta que dio con Isaac, el perfil ideal, un hijo del barrio, de la Loma de Jinámar, de la parte nueva, y además, historiador.

El lector tiene ante sí un texto misceláneo, como apunta en su prólogo el cronista oficial de Telde, Antonio González Padrón, y muy completo, en el que el autor compila referencias de geografía, antropología, etnografía, historia, toponimia o arte, no solo de lo que hoy todo el mundo conoce como Jinámar, sino que también ha incluido a los pagos más cercanos e indudablemente ligados a su pasado, como son Hornos del Rey, Lomo Blanco o el diseminado de Cañada de los Perros.

Cuidar el patrimonio. Isaac Mendizábal confía en que este trabajo contribuya a dos objetivos. A que las instituciones valoren más el patrimonio de este barrio, la mayoría abandonado. Y que también sirva para fusionar el pueblo de Jinámar con el del Valle. «Este libro intenta que todos, los de una parte y los de otra, se sientan orgullosos del lugar en el que viven, tienen una historia común que les identifica, que les arraiga». Se acuerda entonces del Ídolo de Jinámar, una pieza de cerámica de la época prehispánica que ilustra la portada de esta investigación y que para él puede ser un símbolo de ese pasado común. «Todo es Jinámar, no sé por qué le pusieron lo de Valle a la parte nueva cuando en Jinámar hay 5 valles, la historia de este barrio no es la que nos han contado desde hace 50 años para acá».

Y Mendizábal lo demuestra con datos, con documentos históricos, que prueban que esta población que hoy comparten los municipios de Las Palmas de Gran Canaria y Telde ha tenido un papel destacado en el propio devenir de la isla. Desde sus yacimientos arqueológicos, algunos visitables, como el de Llano de las Brujas o La Restinga, y entre los que figura uno de los más antiguos que se conservan en Gran Canaria, el de Los Barros, embutido en el centro comercial El Mirador, y que data del siglo V después de Cristo, a la iglesia de Nuestra Señora de la Concepción de Jinámar, tan trascendente y relevante que su peregrinación, después de la de Teror, es la más importante del calendario pastoral cristiano en la isla, según palabras del autor del libro. «En tiempos acudían hasta los miembros del Cabildo Catedral». A su juicio, «es uno de los templos más significativos de Gran Canaria en cuanto a arraigo social, de fe y de culto».

Pero la historia de Jinámar da para mucho más. Isaac Mendizábal repasa algunos de sus hitos o lugares clave, como pueden ser la Noria, «la mejor obra arquitectónica del siglo XIX y el mejor pozo extractor de toda Canarias», la fundación, en plena II República Española, de la Unión Sindical Obrera, radicada en Marzagán pero también muy ligada a Jinámar, o la Casa de la Condesa, un complejo arquitectónico emblemático hoy presa de saqueos y robos. Y saca del olvido algunos pasajes y enclaves menos conocidos, como la Casa del Peón Caminero, a la orilla misma de la carretera que atraviesa el casco. Quedan ya muy pocas, entre otras cosas, porque el oficio para el que se crearon, el de caminero, ya está extinto. Era el que se encargaba de cuidar y mantener la carretera. Esta casa en concreto data de entre 1862 y 1864 y fue obra de Juan de León y Castillo. Otra curiosidad. En la Cañada de los Perros quedan los restos de la Casa Roja, que estaba dentro de una finca propiedad de Francisco del Río León, tío de Rafael Guerra León, que fue ministro de Obras Públicas en la II República y que veraneaba aquí.