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Estado en el que quedó la casa de Rosario Santana tras haber sido okupada. Le arrancaron las ventanas, las puertas y hasta el contador de la luz.
Más de una década luchando por recuperar su vivienda para nada

Más de una década luchando por recuperar su vivienda para nada

Cuando Rosario consiguió echar a la vecina que había okupado su casa en Jinámar tras 10 años de batallas en los juzgados, lo que se encontró fue un hogar desvalijado, inhabitable y cargado de deudas.

Lunes, 20 de julio 2020, 08:16

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Ya no sabe a quien recurrir. Rosario Santana ha tocado las puertas del Ayuntamiento, la policía y del resto de instituciones, pero no le ofrecen ninguna solución. Habita en el salón de un pequeño estudio propiedad de un amigo porque su casa, ubicada en la calle Fernando Sagaseta, en el parque público de viviendas de Jinámar, se encuentra inhabitable. Eso sí, al mismo tiempo el inmueble está repleto de deudas que ella misma tiene la obligación de costear con su modesta pensión de viudedad.

Pero lo peor es que la teldense llegó a esta situación tan crítica por culpa de su generosidad. Corría el año 2003 cuando sufrió un grave accidente doméstico al caerse de una altura de dos pisos. Requería de una delicada recuperación y como vivía sola con su hijo, que posee un 65% de minusvalía, decidió quedarse con sus padres en el Puerto. «Mientras me recuperaba en Las Palmas, una vecina de mi mismo bloque me pidió vivir temporalmente en mi piso con sus hijos en lo que encontraba algo mejor. Yo accedí, sobre todo, pensando en los más pequeños», explica Rosario, relatando una de los peores decisiones que ha tomado en su vida.

Porque para su sorpresa, una vez mejor, quiso volver a su hogar y le fue imposible. Su vecina se había convertido en okupa. Ahí es cuando empezó una larga y cruenta batalla judicial que se alargó más de 10 años y que supuso para ella un agotamiento físico y mental que aún hoy le pasa factura. «Mientras, tuve que quedarme en casa de un amigo en Playa del Hombre porque mis padres fallecieron. Se supone que iba a ser algo temporal, pero aquí sigo. Duermo en el salón y no tengo ni un armario para guardar mis cosas», relata.

Y es que su situación, a pesar de que la ley terminó por darle la razón, no mejoró. Cuando por fin recuperó su hogar, lo que se encontró fue desolador. «No había muebles, puertas... No había nada, ni el contador de luz. Solo paredes. Me destrozaron la casa con mala fe y encima a quien me hizo esto le dieron otra vivienda», clama esta mujer de 69 años, exhibiendo la desesperación que siente al ver que después de tanta lucha, la pelea por lo que es suyo no le ha servido de nada. Actualmente tiene que hacer frente a los impuestos de la casa sin poder disfrutar de su calor.

Exige una solución ya. Y la merece tras tantas injusticias.

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