El conjunto de cuevas es espectacular. Son una veintena, están conectadas entre sí y estructuradas en varios niveles. / Arcadio Suárez

Cuevas de Calasio, pasto del olvido

Abandono. El yacimiento, en el barranco de Silva, espera por un plan que lo rescate. Alberga la cavidad artificial más grande de Canarias. El Ayuntamiento pide al Cabildo que lo adecente

Gaumet Florido
GAUMET FLORIDO Telde

Lo único que está en buen estado en las cuevas de Calasio es el camino que conduce hasta ellas desde la pista de tierra que une Las Medianías con Santidad. Antes había que intuirlo entre las tabaibas y los riscos que marcan la bajada al barranco de Silva. No está señalizado, pero al menos es ancho, está bien delimitado por líneas de piedra y también parece limpio de vegetación. Fue obra de personal de convenio a principios de este mandato, a propuesta del edil de Medio Ambiente, Álvaro Monzón. De lo que no avisa la senda es de la mezcla de sensaciones que provoca llegar al destino. La espectacularidad sobrecogedora de una veintena de cuevas artificiales apenas asomadas entre un mar de cardones gigantes pone la piel de gallina, pero no tarda en trufarse del sabor amargo que produce verlas sumidas en el más absoluto abandono.

Son los restos de lo que debió ser un poblado de los antiguos canarios, uno de tantos que hicieron de este emblemático barranco su lugar de residencia. Llaman la atención por sus dimensiones. De hecho, en la Guía del Patrimonio Arqueológico de Gran Canaria advierten de que una de las cavidades, con forma de nave invertida, es seguramente la cueva artificial más grande de Canarias. Con todo, no es la característica que más parece interesar a los especialistas. Si algo les atrae es la complejidad de este entramado arquitectónico troglodita, con cuatro grupos principales de cuevas intercomunicadas entre sí por pasillos y accesos en alto, todos ellos, por cierto, labrados en la toba con los materiales rudimentarios de que disponían aquellos prehispánicos.

Las hay circulares, otras de planta rectangular y techo con forma de una casi perfecta bóveda de cañón, con una estancia, con dos y hasta con ocho nichos, y estructuradas en varios niveles. Si el complejo ahora resulta llamativo, más debió serlo antes de que se cayeran parte de las cornisas de algunas de las cuevas. Como testigos de esos derrumbes quedan moles pétreas gigantescas, hechas pedazos, amontonadas delante de las cavidades a las que antes daban sombra. Y entre ellas, como testimonio del desprecio de la civilización que cogió el testigo de aquellos primeros habitantes, bidones herrumbrosos, palés,… Había más, pero fue pasto reciente del fuego. Un largo y voluminoso manto de ceniza da idea de las dimensiones que llegó a alcanzar aquel incendio, que se llevó la basura pero también pudo dañar el techo de la cueva, la más grande de este conjunto.

Uno de los ediles de Patrimonio Histórico que ha tenido esta ciudad, Ignacio Serrano, hizo al menos el intento en 2015 de iniciar un camino para la recuperación de este enclave. Bajo la batuta de un entusiasta de la arqueología, experto conocedor de los yacimientos de Telde, Francisco Peinado, aquel concejal dejó redactada una hoja de ruta para sacar del ostracismo a este rincón de la historia de Gran Canaria. En 8 meses y de la mano de una cuadrilla de trabajadores de un plan de empleo, iban a mejorar el acceso, eliminando tuneras y diseñando un trazado más corto, y limpiarían las cuevas y su entorno. Pero todo fue en vano, como casi todo lo que se ha intentado con este enclave, que, dicho sea de paso, depende del Cabildo, que no da avío con los casi 1.200 yacimientos de la isla a su cargo.

La complejidad y grandiosidad de las cavidades convive con la basura de la civilización que cogió el testigo de aquellos primeros canarios. / Arcadio Suárez

El actual edil del área, Héctor Suárez, lo incluyó en su carta de peticiones en un encuentro reciente con responsables de la institución insular, pero le dijeron que la prioridad este año es otra en Telde, el de Cuatro Puertas, buque insignia en el municipio. Calasio tendrá que seguir esperando. Al menos sirve para que las palomas tengan un refugio seguro. Y para que senderistas o caminantes de paso hagan de vientre a salvo de las miradas. No hay cartel que lo indique, pero restos de papel en varias tongas prueban que el baño preferido es la segunda planta de la cueva situada más al este.