Momento en que los familiares de la víctima se lanzan sobre el furgón que trasladaba al agresor. / C7

El cadáver de Yurena estaba envuelto a tal presión que creció de volumen al abrirlo

Acaba la vista por la muerte de la joven en 2017 a manos de su pareja, Ayoze Gil, que este viernes pidió perdón. Las forenses, sorprendidas por cómo envolvieron el cuerpo. «Como una momia»

Gaumet Florido
GAUMET FLORIDO Telde

«Estaba en el maletero del coche envuelto en bolsas de basura como una momia, con cintas de embalar colocadas a presión». Así describen en su informe las forenses Natalia Mederos y Esmeralda Romero lo que vieron cuando se procedió al levantamiento judicial del cadáver. Este viernes en la sala declararon que estaba sujeto con tal nivel de tensión que cuando lo desenvolvieron «cogió volumen, como que se había reducido su tamaño al menos un tercio».

En la quinta y última sesión del juicio que se ha venido celebrando en la Audiencia Provincial por la muerte de Yurena López a manos de su pareja, Víctor Ayoze Gil, el 31 de marzo de 2017 en Lomo Magullo, las peritos hicieron esta precisión a preguntas de la fiscal delegada de Violencia sobre la Mujer, María Luisa Ordóñez, que luego recordó en su alegato final ante el jurado que esta es otra prueba más de la implicación de José Manuel H., que tuvo que haber ayudado a envolver el cuerpo a su amigo, el otro acusado en esta causa, el autor confeso del crimen, Ayoze.

Las dos forenses, que aseguraron que «nunca se habían encontrado un cadáver en aquellas condiciones», también apuntaron que, por lo analizado en la autopsia del cuerpo, la muerte de Yurena debió producirse entre las 10 y las 12 de la mañana de aquel 31 de marzo y que fue por estrangulamiento. Confirmaron que el agresor probablemente la matara colocado a horcajadas sobre la víctima y que presionó con las manos sobre su cuello. Una especie de hematoma en los dos costados de Yurena, no compatibles con una contusión, sino con una fricción, probarían que Ayoze se situó sobre ella y la sujetó por el tórax, para inmovilizarla.

Estas apreciaciones de las forenses, que manifestaron también que el agresor debió estar dos o tres minutos presionando el cuello de Yurena hasta que perdió la conciencia, reforzaron la convicción de la fiscal y de las acusaciones particular y popular de que Ayoze Gil debe ser condenado por asesinato y no por homicidio.

En sus conclusiones finales del juicio, pendiente ahora del veredicto del jurado, la fiscal dijo tener claro que Ayoze, que le había hecho creer a Yurena que aceptaba que dejaran la relación, descubrió aquella mañana que Yurena se mensajeaba con otro chico, la empujó sobre la cama sin que pudiera defenderse y la asfixió. Luego bajó el cuerpo al garaje, fue en busca de su amigo José Manuel H., que le ayudó a embalar el cadáver para deshacerse de él, lo metió en el maletero de su coche y lo llevó a una finca familiar donde pensaba enterrarlo. Pero volvió a casa, contó a sus padres lo que hizo y fue a comisaría a confesar su crimen.

El letrado de Ayoze, Sergio Valentín, se quedó con las lesiones que las forenses también certificaron en su defendido, unos arañazos, y la herida en un labio y la contusión en un ojo de Yurena, para insistir en que el ataque no fue por sorpresa y que antes de la muerte hubo un forcejeo previo, lo que le llevaron a insistir en la tesis del homicidio. Y el abogado de José Manuel H., José Luis Benítez, se agarró a la tesis de las forenses de que el cadáver estaba flácido y que nunca presentó la rigidez típica de los fallecidos por la elevada presión a la que fue envuelto. Como dijeron que el 'rigor mortis' aparece a las dos horas, el cadáver, según Benítez, debió ser envuelto antes de las dos de la tarde, que es justo la hora a partir de que la instrucción del caso dice que José Manuel ayudó a envolver el cuerpo, lo que desarma, dijo, su implicación.

Ayoze aprovechó su derecho a la última palabra y pidió perdón a la familia de Yurena y a la suya.