De leyenda. Tito Cabrera, en una de las pruebas en las que compitió, en los años 50 y 60. / FOTO CEDIDA POR LA FAMILIA

De la bici sin frenos a la gloria

Tito Cabrera. La leyenda del ciclismo teldense ya cuenta con una placa en su recuerdo en Los Llanos. Fue un ídolo local y un ejemplo en los años 50 y 60 del siglo XX

Gaumet Florido
GAUMET FLORIDO Telde

La fama es muy efímera, y la memoria de los pueblos, a veces, muy corta, sobre todo si no se cuida. En esos dos pozos pareció perderse la leyenda de Tito Cabrera, aquel histórico ciclista de Telde cuyo legado solo pervive gracias a que cada año la ciudad en la que vivió, su ciudad, organiza una competición ciclista que lleva su nombre. La Cronoescalada Ciudad de Telde-Memorial Tito Cabrera, que en noviembre celebró su 19º edición, mantiene la referencia pública del personaje, pero es muy probable que la inmensa mayoría de los teldenses de menos de 50 años no sepa quién fue aquel que da nombre a la prueba y que ya falleció hace muchos años, el 3 de diciembre de 1994.

«Fue un ídolo para los jóvenes de Telde de los años 50 y 60 del siglo XX», recuerda el cronista oficial de Telde, Antonio González Padrón, siempre empeñado en rellenar esas lagunas de la memoria colectiva, y el artífice también de que en la última edición del recorrido histórico 'Recordando Los Llanos de San Gregorio', con la colaboración del Ayuntamiento, se colocara una placa conmemorativa en su casa. Fue un carpintero, de los mejores, que amaba el ciclismo y que compitió y ganó algunas de las carreras más emblemáticas de la época, entre ellas, la mítica Condado de la Vega Grande, en su edición de 1959.

El periodista Felipe del Rosario Betancor, en su libro 'Moviendo piñones por Gran Canaria', narra cómo fue la gesta de Miguel Cabrera González, más conocido por Tito, que venció en aquella aclamada competición de dos etapas y en un solo día. Los corredores partían de la capital, llegaban hasta Teror y bajaban por Tafira, pasaban por los municipios del sureste y acababan la primera etapa en Arguineguín, en la finca del conde, que patrocinaba y daba nombre a la prueba. Allí comían y de allí partía la segunda etapa de la prueba, que acababa otra vez en la capital.

Distintas estampas de Tito Cabrera. En la superior posa con algunas de las copas que ganó. / Fotos cedidas por la familia

Felipe del Rosario cuenta que Tito, que corría en las filas del equipo grancanario C.D. Racing, llegó segundo a la meta de Arguineguín, pero que a la vuelta aprovechó la difícil cuesta de Las Crucitas, entre el Cruce de Arinaga y Agüimes, para darle caza y adelantar al que iba primero, a Martín Suárez, hacerse con el Premio de la Montaña, y mantenerse a la cabeza hasta el final. «Su paso por Telde fue apoteósico, entre el clamor de la muchedumbre», apunta Felipe del Rosario.

Contribuyó a engrandecer su leyenda el hecho de que, como cuenta el autor de 'Moviendo piñones por Gran Canaria', esta prueba no había conocido la victoria de un grancanario desde su primera edición, en 1953. Tito Cabrera fue el primero, lo que le convirtió en toda una referencia popular. Y tenía mucho mérito en alguien que, advierte el cronista de Telde, venía de una familia muy humilde y que dio sus primeros pasos en este deporte, siempre de forma amateur, con bicicletas alquiladas, medio destartaladas, y sin frenos ni cambios, porque eran más baratas. «Tito frenaba plantando las dos piernas en tierra, con las alpargatas», apunta Antonio González. Le alquilaba las bicis otro histórico, Paquito el de las bicicletas, que tenía su taller en Los Llanos, en la esquina de las calles Ruiz y María Auxiliadora.

Según el cronista, Tito Cabrera se crió primero en la calle Argentina, también en Los Llanos, cerca del Mercado Viejo, donde su padre, que era carpintero, tenía el taller. Después su familia compró un solar en la de Alférez Quintana Suárez, donde abrió otro taller, que fue el que heredó Tito Cabrera cuando siguió con el oficio de su progenitor. Y allí compatibilizaba su oficio y su afición. «Empezó compitiendo en las pruebas de las fiestas, era muy hábil en las carreras de cintas y fue sumando triunfos».

Entre las competiciones a las que no faltaba estaba la que se celebraba en Telde, entre los Siete Puentes y el Parque Franchy Roca. Todo su tiempo libre lo dedicaba a correr. Con mucho esfuerzo ahorró para comprarse su primera bici, «que no era de segunda mano, sino de tercera o de cuarta». El propio Cabrera llegó a contarle a González Padrón que las cámaras de las ruedas de aquella primera bicicleta tenían tantos parches que ya no se veían las propias cámaras. Más tarde consiguió su primera Orbea, marca nacional.

«Era un hombre muy delgado, y no muy alto, y eso le ayudaba», señala Antonio González, quien también subraya de Tito Cabrera su talante «generoso y bondadoso» y su compromiso por ese deporte al que había dado tanto y que nunca dejó de promocionar entre la chiquillería. Él mismo recuerda cómo de niño se pasaba por su carpintería para que aquella leyenda deportiva le arreglase los frenos de la bici o le colocase la dinamo. No le cobraba. Todo lo hacía por amor a este deporte, el mismo que le llevó a coleccionar cajas de fósforo en las que salían imágenes de sus ídolos del ciclismo o por el que iba al cine cuando le decían que el Nodo emitiría noticias de las pruebas.

Casado con Carmen Suárez Fleitas, tuvo cuatro hijos, Francisco Miguel, Inmaculada, Braulio y Yazmina, y solo el primero ha heredado el gusto por el ciclismo. Sacó la afición de su padre, como muchos de los que hoy practican este deporte en Telde, aunque no lo sepan. Figuras como las de Tito Cabrera son las que abren el camino.