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Elena Sánchez no para de llenar cartuchos de gofio para sus clientes. Arcadio Suárez
Molino de Fuego

121 años con aroma a gofio en San Gregorio

Desde el año 1903 elaboran en Telde un producto de enorme calidad. «Es un orgullo poder mantener esta tradición», destaca Elena Sánchez, dueña, socia y empleada

Sábado, 18 de mayo 2024, 21:44

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El trajín diario se detiene cuando uno pasea por la calle María Encarnación Navarro, en el barrio teldense de San Gregorio. A medida que uno se acerca al número 25 de esta céntrica vía, el olor a gofio recién molido le impregna de recuerdos, de aromas de antaño y de unas ganas terribles de poder comprobar cómo se puede mantener una tradición gracias a un producto que va muy identificado con la idiosincracia de los canarios. Entrar en Molino de Fuego es un paseo por la historia de la ciudad de Telde.

Cada vez son menos los molinos que tuestan y muelen en la isla. Esto provoca una ventaja y un placer añadidos, con la ventaja de que recién hecho está más delicioso; unido al placer que produce en el molino y alrededores el aroma que desprenden el tostado y la molienda del gofio.

Molino de Fuego cumple 121 años de vida. Elena Sánchez, dueña, socia y empleada, es la cara visible tras el mostrador. Pertenece a la cuarta generación de una tradición familiar que sigue muy vigente. Cada día atiende a una clientela fiel que acude a esta céntrica calle de San Gregorio para llevarse su gofio. El gofio de millo canario es su producto estrella, pero Molino de Fuego también elabora gofio de trigo, cebada, argentino y tostado. La venta de gofio a granel es incesante. El goteo de personas que acuden a la tienda es contínuo. La media de venta en Molino de Fuego es de unos 300 kilos diarios, lo que deja bien a las claras que este producto continúa teniendo mucha vida.

Con el paso de los años, Elena Sánchez destaca que la gente ha perdido algo de pausa, «ya que ahora todos van con prisas o de forma estresada». Dentro de su fiel clientela, la socia, dueña y empleada de Molino de Fuego resalta «que muchos jóvenes, sobre todo deportistas, han incluido el gofio en su dieta, algo muy importante».

Su alto valor nutritivo, su bajo coste, su carácter perecedero y su delicioso sabor lo convierten en un símbolo culinario y cultural del archipiélago. El uso de este completísimo alimento rico en vitaminas y fibra sigue vigente. Tradicional en desayunos, mucho más saludable que los cereales habituales, pues no contiene azúcar; también en comidas, espolvoreado en el potaje, e incluso como postre. Las nuevas creaciones de los profesionales de la restauración lo emplean en toda clase de platos, pues su versatilidad y posibilidades lo convierten en un ingrediente muy fácil de integrar, que además es un superalimento, ya que posee vitaminas del grupo B (la tiamina, la niacina y el ácido fólico), hierro, magnesio, fósforo y zinc.

En Molino de Fuego no paran cada mañana desde muy temprano. A las siete ya están en el molino preparando para abrir a las 8.30 horas para que los clientes tengan su gofio a punto. Se ponen las máquinas en marcha tostando y moliendo, y así se inicia un ritmo vertiginoso diario, de lunes a sábado. Hoteles y restaurantes de Gran Canaria son proveedores de este gofio que destaca por su sabor. Es tal el prestigio de Molino de Fuego que han cosechado muchos premios en los últimos años por su calidad, destacando la Gran Medalla de Oro en el Concurso Oficial de Gofios Canarios Agrocanarias 2022.

«Yo me he criado aquí. Siempre he estado a la sombra de mi padre y debo decir que me encanta mi trabajo», resalta Elena Sánchez cuando puede hacer un pequeño parón, entre pedido y pedido. Se da la curiosa circunstancia que también ofrecen gofio argentino, cuyo grano lo guardan en lo que llaman piscina y lo van reponiendo cada dos o tres meses. El proceso que llevan a cabo para sacar del millo local un reluciente y sabroso gofio, es tan simple como efectivo. Primero se limpia el grano. Se le quita todo el polvo, los carosos y las piedrillas que pueda tener con un máquina especializada. Se deja secar y de ahí va directamente al horno, donde se tuesta para darle su rico sabor. Se deja enfriar un día y transcurrido ese tiempo estará listo para moler, servir y degustar.

El cereal tostado y después molido que en Canarias llamamos «gofio» era el sustento principal de los primeros habitantes del archipiélago. Elaborado con granos que cultivaban, sobre todo cebada y trigo, se tostaban en un recipiente de barro cocido y después se molía a mano con la ayuda de dos piedras de origen volcánico, una fija sobre la que ponían el grano tostado y otra encima que hacían girar con ayuda de un pequeño palo.

Molino de Fuego es ejemplo de tradición y un trabajo hecho con mucho mimo. En el despacho, al margen del trajín diario de visitantes a por gofio, no hay que olvidar que también es panadería y los sábados ofrecen pan de millo, otro de los productos codiciados, y también es dulcería. Con cuatro empleados, en el que se incluye Elena, como dueña y socia, y su marido, Santiago Rocha, como administrador, Molino de Fuego sigue elaborando un producto cien por cien natural y de enorme calidad.

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