Bernabé Quintana, con una muestra de su colección / acfi press

Quintana, una colección de cuchillos canarios conseguida «a pico y pala»

Este amante de lo tradicional es uno de los principales coleccionistas de cuchillos canarios que hay en Gran Canaria

ACFI PRESS Las Palmas de Gran Canaria

El cuchillo canario es uno de los principales referentes de la artesanía del Archipiélago. Sus orígenes probablemente están en la cuchillería española, ejemplares que llegaban de Albacete o Toledo y a los que los artesanos isleños, especialmente de Gran Canaria, les empezaron a dar un sello de identidad siendo uno de los más elaborados del mundo. Datar exactamente el primer cuchillo canario es complicado, pero sí se puede suponer que fue entre finales del siglo XVIII y principios y mitad del XIX porque en la Exposición Provincial del año 1862 de Agricultura, Industria y Arte que se celebró en Las Palmas de Gran Canaria ya se hacía mención honorífica a varios cuchilleros con la denominación de Cuchillo a Uso del País.   

Precisamente uno de esos cuchilleros era Matías Croissier, del que Bernabé Quintana Alfonso (Teror, 1977) tiene algún cuchillo fechado en 1869. Bernabé es uno de los principales coleccionistas de cuchillos canarios que hay en Gran Canaria, una colección basada más en la diversidad que en la cantidad porque una colección «por tener 100 piezas iguales no es mejor que otra». Así, la recopilación de estas piezas que tiene Bernabé se acerca a los 120 con casi toda la tipología de cuchillos canarios posibles.    

Hablando de estas piezas de la artesanía isleña, Bernabé resalta el libro de José Juan Sosa Perdomo y Juan Zamora Maldonado y de él destaca la clasificación que se hace y que distingue cuatro tipos de cuchillos canarios: «Unos sin ningún tipo incrustaciones -hay que tener en cuenta que existía el cuchillo de cabo palo o cuchillo con arandela de cuernos pero no llevaba incrustaciones-, luego estaban los lineales con rayas y cruces, otros con motivos florales que representan tallos, petalos..., y luego están lo que tenían dameros, que suelen estar en los que también tienen motivos florales pero no siempre es así. Estos cuatro tipos englobaría a todos los cuchillos canarios».    

El primer cuchillo que tuvo Bernabé fue uno de su padre: «Siempre lo llevaba en la cintura, como mucha gente de Teror porque era un pueblo eminentemente agrícola y ganadero. Yo tenía el gusanillo porque siempre tenía afán por coleccionar, monedas, soldados de plomo, y los ojos se me iban a los cuchillos canarios. El de mi padre es muy sencillo, pero tiene un gran valor sentimental como le pasa a mucha gente de las islas, que no quieren desprenderse de ellos porque el valor no es el económico, sino el sentimental por su procedencia».    

De su colección, este terorense se queda con el de su padre por su valor sentimental, pero no duda en resaltar otros que le traen gran recuerdo: «Tengo uno de 1886 que es muy raro porque no tiene la forma cilíndrica tradicional del cuchillo canario, sino que el cabo y los casquillos son octogonales y la hoja tiene la forma del cuchillo americano bowie». Y es que dentro de su colección hay piezas que le han llegado desde Tenerife hasta Estados Unidos, pasando por la Península, Francia o Sudarmérica ya que muchos de ellos eran de canarios emigrantes que se llevaban recuerdos de la isla.   

Pero tener una recopilación así no es nada fácil: «Hay que estar ahí a pico y pala, mirando mucho por internet por si surgen oportunidades. Así me pasó con uno que tiene los escudos del Barcelona y de la UD Las Palmas. No aparecía ni como cuchillo canario, sino como cabot, que es como se le denomina en Cataluña. Es una pieza singular porque fue comprado en Barcelona y se debió regalar a los directivos del Barcelona porque por un lado tiene su antiguo escudo, anterior al año 73 con la fecha de la inauguración del Nou Camp, y por el otro lado el escudo de la UD Las Palmas, la flor central está con azules y rojos del Barcelona y las arandelas de los lados con el azul y amarillo de los colores de la UD».    

Reunir tantos cuchillos no sólo consiste en reunirlos, sino que además conlleva un exhaustivo mantenimiento: «Hay que engrasar el cabo, mantener la hoja para que no se oxide. Yo no soy partidario de quitarle la patina que tiene del tiempo, sino conservarlo poniéndole vaselina que conserva la hoja. No es costoso, lo bueno es tenerlos en un sitio donde no les dé cambios bruscos de temperatura porque el cabo suele estar hecho de material orgánico como el cuerno y un cambio de temperatura dilata o contrae y puede dar problemas con el cuchillo a la hora de soltar piezas».    

Mucho futuro

Bernabé considera que no se pueden comparar los cuchillos que se elaboraban a finales del siglo XIX o principios del XX porque las nuevas técnicas abren posibilidades para innovar, aunque pese a ello tiene claro que «no es una tarea fácil, necesita tiempo y dedicación» y se felicita porque ve mucho futuro en esta obra de la artesanía canaria: «Ahora mismo estamos viviendo una segunda etapa dorada del cuchillo canario, con montón de artesanos, una nueva etapa en la que salen artesanos que hacen verdaderas obras de joyería con una imaginativa espectacular. Gente joven y por ello creo que hay un futuro garantizado, más como objeto decorativo o de coleccionsmo que por el uso antiguo como herramienta de trabajo».    

Y es que estas piezas tienen mucho trabajo para su elaboración, especialmente el cabo. «Ahí está la principal diferencia con el resto de cuchillos. El cuchillo floreado empieza a estar presente a partir de 1880, lo que era menos visto porque llevaba mucha más elaboración y no estaba disponible en todos los bolsillos, era más para las familias de abolengo. En cuanto a las hojas, aunque estaban las típicas de abrecartas, lo normal es que siempre tuvieran la misma morfología, con una garganta, la barbilla, la zona de corte, el pete, la punta y, por ejemplo, en algunos, llevaban la firma del artesano en el colchón. Y en los del siglo XIX muchos llevaban un pequeño contrafilo que yo creo que era un tema estético. La hoja es enteriza y sigue para atrás en lo que se denomina la espiga, que es donde después se colocan las demás piezas rematando el cuchillo. El cabo son anillas que se van introduciendo en la espiga y se remacha al final con la perilla».    

Por último, Bernabé, que recuerda que los cuchillos se dedicaban principalmente a la agricultura y a la ganadería en sus orígenes pero que ahora básicamente son elementos para coleccionar o para decorar y que su origen está básicamente en Gran Canaria, lanza un guante a las instituciones: «Creo que tanto el Gobierno de Canarias como el Cabildo deberían contribuir más a dar a conocer el cuchillo canario y sobre todo los diversos tipos que hay, cómo es su elaboración, para que la gente conozca realmente todo el trabajo que conlleva. Creo que nos falta apoyo de las instituciones, al cuchillo canario se le daba más bombo y platillo en los años 40, 50 y 60, tal vez hasta finales de los 80, que habían ferias y exposiciones de artesanía donde se les daba premio y se incentivaba a los artesanos a superarse que hoy en día. Sería bueno crear un Museo del Cuchillo Canario y que se divulgue».