Pesadilla hasta la Navidad en Brasil

El grancanaria Alberto Arucas Santiago está atrapado en la ciudad de Natal a la que llegó el pasado 3 de marzo. Sus vuelos de regreso a la isla son constantemente cambiados de fecha, la última de ellas retrasada hasta el 31 de diciembre.

David Ojeda
DAVID OJEDA

Alberto Arucas Santiago sueña cada noche que recorre el Barranco del Laurel, en Moya, donde tiene una casa y un pequeño terreno. Una sensación de paz y bienestar que se derrumba cada día cuando despierta y comprueba que sigue junto a su mujer e hija en la ciudad de Natal, en Brasil. Llegó al país el pasado 3 de marzo para pasar 20 días y la última vía que le ofrecieron es un billete para volver a casa en Navidad, el 31 de diciembre.

«Soy una persona fuerte pero he tenido momentos en los que he tenido que irme a un cuarto para llorar solo, sin que me vea mi hija», confiesa desde la casa en la que viven su particular confinamiento, aunque sea mejor llamarlo calvario.

Este grancanario de 50 años está acostumbrado a viajar a Brasil. Su esposa es brasileña y tienen una niña de siete años. Viajaron hace dos meses con la aerolínea portuguesa TAP, que ahora no les ofrece ninguna oportunidad decente para regresar. «Ni en la agencia de El Corte Inglés, ni en la compañía, contestan en ninguno de los números a los que llamamos. TAP me va mandando correos para cambiarme la fecha de retorno y la última que nos ofrecen es un disparate: para el 31 de diciembre», cuenta con un claro deje de desesperación.

Alberto y su familia se encuentran en la ciudad de Natal. Estuvieron en un hotel que les rescindió la estancia y tuvieron que reaccionar para encontrar la casa de alquiler en la que se encuentran en estos momentos. Habían ido a Brasil a visitar a sus suegros, que en estos momentos se quedan con ellos en la vivienda alquilada.

Decir que tienen miedo no es cruzar fronteras sensacionalistas. Es lo que transmiten sus palabras. «El presidente de este país está loco. No hay un confinamiento como el de España, la gente está en la calle. Se vive una inseguridad muy grande. Donde viven mis suegros hay mucha familia por eso decidimos que se vinieran con nosotros, que a través de las noticias estamos siguiendo las pautas que se marcan en España. Si logramos salir de aquí ellos no podrán venir con nosotros, porque no tienen nacionalidad española, y eso me parte el corazón», relata desde un país en pleno estallido social y con una crisis interna abierta en el gobierno de Jair Bolsonaro. «Esto aquí es una bomba», sintetiza Arucas Santiago.

Como han relatado otros ciudadanos canarios que se han quedado bloqueados en otros países de Latinoamérica como Perú o Chile, la sensación de indefensión es enorme. «Hemos contactado con el consulado y con todas las instituciones posibles y nadie nos ayuda. Ni nos guían. Hablé con una persona de un consulado que solo me ofrecía vías suicidas para salir de aquí. Me dice que coja a mi familia y vaya a Sao Paulo, que es la única manera de salir del país. Y es la ciudad en la que más estragos está haciendo el coronavirus», relata.

En cualquier caso, no sería un viaje sencillo. Desde el punto del país en el que él y su familia se encuentran hay 2.995 kilómetros. «Me llegaron a decir que lo hiciera en coche, pero eso es una locura. El país en este momento es muy peligroso. No me atrevo a ir con mi familia con todo ese recorrido. Ahora mismo se escuchan disparos desde la casa en la que nos estamos quedando. Al principio los oía y me quedaba congelado y asustado. Ya hasta me he acostumbrado. En la calle me han ofrecido venderme un arma», relata.

Gestiones

Mientras tanto asegura que sigue intentando sin éxito conseguir vías más seguras de salida moviendo a contactos en Gran Canaria. «Tenemos recursos para intentar salir. No estoy pidiendo, por ejemplo, que nadie nos pague nada. Podemos comprar billetes o lo que haga falta, pero necesitamos que nos atienda alguien. Nadie coge el teléfono en las compañías o en la agencia de viajes», asegura.

Alberto Arucas Santiago y su familia viven con desesperación su situación. No es la primera vez que hacen un llamamiento para intentar obtener una respuesta. «Un itinerario de salida», como el mismo define su búsqueda.

Por lo pronto siguen formando parte de esa estadística silenciosa a la que pocos ponen rostro. Forman parte de esos grupos de canarios que se quedaron aislados por la Covid-19 fuera de las islas y que mientras comprueban desde el exterior como las islas avanzan en sus desescaladas ellos están más confinados que nunca.