Los delfines de Pozo no se dejan ayudar

GAUMET FLORIDO | G. F. / SANTA LUCÍA DE TIRAJANA

Aún no se sabe bien por qué dos delfines de dientes rugosos llevan instalados en la costa del Sureste de Gran Canaria desde el jueves pasado, pero si algo les quedó claro ayer a los integrantes del dispositivo que se montó para ayudarlos y devolverlos a alta mar es que débiles, lo que se dice débiles, no están. Eso sí, uno de ellos, la hembra, está enredada en sedales y otros artilugios de pesca. Ayer le libraron de algunos, pero le queda mucho.

«Están potentes». Esa es la expresión con la que los describía ayer el veterinario Pascual Calabuig, director del Centro de Recuperación de Fauna Silvestre del Cabildo. Volvía a casa cansado después de una jornada intensa que arrancó a las diez de la mañana y que no pudo culminar como esperaba. «Hemos tenido el mayor dispositivo que se ha montado en la historia de Canarias para coger a unos delfines, pero no fue posible, los agarramos hasta tres veces, y siempre se lograban escabullir», apuntó.

No se dejan ayudar. Aún se ven con fuerzas y escapan. Durante tres horas, desde las dos a las cinco de la tarde, la barca de Salvamar con base en Arguineguín, Menkalinan, y un barco pesquero, Juanfe, de Rayco García, se batieron el cobre, ayudados por los buzos del Grupo de Rescate Delta de Agaete, pero no pudieron atraparlos.

El objetivo, explicaba ayer a pie de orilla, en Pozo Izquierdo, Manuel Arvelo, profesor de la ULPGC y miembro del Instituto Universitario de Sanidad Animal, era tratar de acercarlos a las embarcaciones, desenredarlos de lo que llevaban encima, izarlos en camillas especiales para animales en la Salvamar y trasladarlos unas millas adentro, a alta mar, para alejarlos de los peligros de la costa. Pero no fue posible. No se dejaron. «Al principio lográbamos cogerlos, pero pronto aprendieron y ya no hubo manera», señaló Calabuig.

Ayer por la tarde los habían vuelto a perder de vista. La marea había bajado mucho y se alejaron un poco más de la orilla. También el mar andaba un poco rizado, lo que dificultaba la localización de los dos delfines. No fue ayer la única vez que dejaron de verlos. Lo que sí subrayaron es que el primer día que llegaron, el pasado jueves, cuando uno de ellos varó y fue devuelto al mar, no lucían en su cuerpo la maraña de redes de ayer. «Las pillaron estos días en la costa».

En el dispositivo también colaboraron agentes del Seprona de la Guardia Civil, voluntarios de Protección Civil y estudiantes de la Facultad de Veterinaria de la ULPGC, en tareas de vigilancia.