Jesús Millán, durante el juicio. / efe

El Supremo fija en 13 años la condena al homicida de Morro Jable al apreciar abuso de autoridad

El Alto Tribunal recalca en que no hubo asesinato al no apreciar alevosía en el ataque, como así determinó la Sala de lo Penal del TSJC

Francisco José Fajardo
FRANCISCO JOSÉ FAJARDO Las Palmas de Gran Canaria

La Sala Segunda del Tribunal Supremo aumentó a 13 años de prisión la condena a Jesús Millán por el asesinato en 2018 del hombre al que había denunciado en cuatro ocasiones por vivir en parte de un piso de su propiedad en Morro Jable, en el municipio de Pájara. La sentencia determina que el fallo de apelación dictado por la Sala de Penal del Tribunal Superior de Justicia de Canarias estuvo acertado en cuanto a que el hecho fue un homicidio y no un asesinato tanto en cuanto no existió alevosía, pero incluyó la circunstancia agravante de abuso de la autoridad como así interesaron las acusaciones particulares en los recursos de casación interpuestos.

En este procedimiento celebrado por la Sección Sexta de la Audiencia Provincial de Las Palmas ante un jurado popular, el veredicto hecho público el 13 de noviembre de 2020 determinó que el acusado había cometido un delito de asesinato al entender que existió alevosía en el ataque que acabó con la vida de E.J.O.H. La defensa recurrió en apelación ante la Sala de lo Penal del TSJC entendiendo que no existió tal circunstancia y el Tribunal estimó la petición el 6 de abril de 2021 rebajando la condena a un delito de homicidio por el que pasó de los 18 años y medio de cárcel a 12.

Ahora, en un fallo dictado el pasado 28 de octubre, el Alto Tribunal estima que, entendiendo que el delito fue homicidio, cabía apreciar la agravante de abuso de superioridad, estimando de esta forma de manera parcial el recurso presentado por las acusaciones particulares y dejando la condena en 13 años y el pago de 150.000 euros para el hijo del fallecido y otros 100.000 para la madre.

Entrando en el detalle de la sentencia, el Alto Tribunal fundamenta de forma detallada su decisión. Describe de esta forma que la existencia de mínimos gestos o acciones defensivas pueden no desestimar la concurrencia de la alevosía, pero lo es ante un conato de inmediatez y carácter sorpresivo en los que, por ejemplo, «la víctima se tapa con los brazos la cara para que no le acuchille, utiliza las manos para defenderse en casos como el citado en los que con armas o instrumentos capaces de causar la muerte al instante lleva a cabo una 'defensa por instinto' que esté probada, circunstancias tales que no desvirtúan que la alevosía puede entenderse concurrente».

No existe para la Sala pues, alevosía en la «acción ejecutiva en el interior del bar, alevosía, ni proditoria, ni súbita ni de desvalimiento», añadiendo que tampoco la hubo «fuera del bar para construir un nuevo escenario de carácter sobrevenido en donde se entiende que podría ser un lugar nuevo, sino que es un plus para 'completar' el ataque ya iniciado y continuidad del primer ataque».

Ni en el bar ni en la calle

Insiste el fallo en que no hay alevosía tampoco fuera. «El ataque ya se había iniciado y que lo mate en ese momento posterior no convierte este hecho en alevoso. En modo alguno, se trató de una agresión ciertamente salvaje por su contexto y que acabó con la vida de la víctima de forma brutal, pero ello no atrae la alevosía, sino la de menor grado cual es el abuso de superioridad, o 'alevosía menor'», determina el Supremo.

Pero mientras descarta el asesinato y deja la pena en homicidio, sí que estima la pretensión de las acusaciones de añadir la agravante de abuso de autoridad. Detalla la sentencia que «existe una relevante desproporción en la forma de actuar por el sujeto activo del delito, que sin llegar a permitir aplicar la alevosía, sí que permite hacerlo con la agravante de superioridad».

Recuerda el Supremo el instrumento que empleó el condenado en el hecho delictivo que fue un bastón con una tijera en la punta que «aseguraba al agresor que permanecería a la distancia suficiente de la víctima para llevar a cabo la agresión». Esto provocó una «disminución de las posibilidades de defensa ante el ataque concreto» que sufrió la víctima, quien «ejerció mecanismos de defensa, aunque la actitud del autor permitió que llevara la misma a la muerte, pero sin que ello, por sí mismo, permita construir la alevosía», como argumentó el TSJC en la apelación.

Un bastón con tijeras

En este contexto, Jesús Millán «conocía y sabía que se estaba aprovechando de ese desequilibrio y de sus efectos» para la ejecución del ataque que acabó con la muerte de E.J.O.H. Además, la «forma ejecutiva de actuar con el bastón frente a los instrumentos de defensa que utilizó la víctima» provocó una situación de «preeminencia, como importante desequilibrio de fuerzas a favor de la parte agresora frente al agredido».

La respuesta técnico-jurídica ofrecida por el Supremo a los hechos que el jurado declaró probados se encuentran «a camino entre la alevosía que aplicó el Tribunal del Jurado y la decisión que el TSJC adoptó de rechazarla», quedando en el ámbito intermedio de aplicar la agravante de abuso de superioridad.

euros de indemnización en total para el hijo del fallecido y la madre es lo que tendrá que pagar el condenado Jesús Millán por acabar con la vida de E.J.O.H. Además, tendrá que cumplir 13 años en prisión por un delito de homicidio con abuso de autoridad.

Le clavó un palo con una tijera y le golpeó con una piedra en la cabeza

El fallo consideró probado que Jesús Millán, la noche del 21 de enero de 2018, se desplazó desde su casa en Costa Calma hasta Morro Jable. Allí, localizó al okupa, quien entró en un bar gritando «se va a liar» y «me quiere matar» ya que estaba siendo perseguido por el condenado que estaba armado con lo que «en apariencia simulaba ser un bastón de madera, en cuyo extremo se había insertado media hoja de tijera con cinta aislante».

Dentro del bar, el agresor golpeó a la víctima con el bastón «de forma que se le clavara la tijera en múltiples ocasiones en el tórax, zona pectoral y extremidad superior derecha, defendiéndose lanzando botellas y otros objetos que encontró, así como una silla que utilizaba a modo de escudo».

A pesar de las heridas, el hombre pudo salir del bar y escapar unos 30 metros, pero le persiguió hasta darle alcance y propinarle un nuevo golpe con el bastón terminado en hoja de tijera que echó por tierra a la víctima. Aprovechando que estaba en el suelo, Jesús Millán cogió una piedra con la que le golpeó en la cabeza «en al menos una ocasión, propinando igualmente varias patadas, no cesando en estos golpes sino hasta ser inmovilizado por una tercera persona».

Los testigos del bar confirmaron que el acusado no usaba el palo de una forma normal «pues no intentaba golpear (haciendo los testigos gestos similares al uso de un bate) sino que intentaba pinchar, de lo que es fácil deducir que el acusado conocía que el bastón acababa en un objeto punzante».