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Renato Alegría posa en su estudio del 47 de la calle Italia, en el barrio de Alcaravaneras. Juan Carlos Alonso
Los rostros del barrio

Renato Alegría: Con la tinta de la vida

Nacido en Chile pero asentado hace décadas en Las Palmas de Gran Canaria, su estudio de tatuajes en Alcaravaneras forma parte de la expresión artística del barrio que mira al mar

David Ojeda Merino

Las Palmas de Gran Canaria

Domingo, 23 de noviembre 2025, 07:01

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Renato Alegría fue un niño que siempre quiso ver el mar y acabó viviendo en un territorio rodeado de agua por todas partes. Chileno de nacimiento, francés de adopción y palmense de pura cepa. Concretamente del barrio de Alcaravaneras, donde su estudio de tatuajes, a la vez su casa, se ha convertido en una de las referencias del lugar y de la isla.

«Cuando le cuento a mis tres hijos mi viaje la verdad es que parece una película escrita por un guionista», bromea Alegría cuando se le pide que haga un repaso por su trayectoria vital. Nacido en 1976 en Valparaíso, solo tres años después del golpe de estado de Pinochet en su país natal, razones políticas obligaron a su familia a exiliarse en Francia.

Sus progenitores diseñaron un plan de vida al que una llamada cambió radicalmente y este niño chileno, que sacaba sus primeras palabras en francés, se vio de pronto en una larga travesía que dura hasta ahora, cuando le acecha el medio siglo de vida. «Mi padre tenía conocidos aquí que le ofrecieron un trabajo en el muelle y eso nos cambió la vida, porque la idea era quedarnos en Francia, donde nos daban asilo político. Llegamos en tren a Barcelona y tras unos meses bajamos a Canarias. Tengo muy claro el recuerdo de cuando nos dijeron que vendríamos a las islas. Pensé que serían unas islas paradisíacas», cuenta con la sonrisa que ilustra todo el diálogo.

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Sin saberlo llegó al lugar ideal. Un espacio en el que iba a desarrollar todas sus inquietudes. «Tenía fascinación por el mar. Yo nací en un entorno rural y recuerdo escaparme en tren para ir a Valparaíso, ver el mar, los botes de los pescadores...», explica de su infancia chilena, un relato que se completa mejor cuando habla de la que vivió en la isla: «Cuando llegué aquí iba a un colegio en La Isleta que se llamaba General Franco. Cuando salía de clase me acercaba a la puntilla y empecé a ver a gente surfeando y flipaba. Hasta que con 12 años mi madre me compró mi primer 'boogie' y empecé a coger olas. Ahora estar en el agua es para mí como una terapia», explica.

Amor al arte

Renato Alegría siempre tuvo inquietudes artísticas. El dibujo y la escultura le fascinaron desde muy pequeño. Y recuerda el flechazo con la pintura decorativa acrílica sobre tela que realizaba su abuela materna. Las paredes de su estudio de la calle Italia son un repositorio artístico. Toda las imágenes y piezas que conforman su espacio de trabajo muestran un lugar en el que el buen gusto es norma.

Esa vocación fue cultivada desde lo autodidacta pero también desde lo académico. Su formación se encaminó hacia la delineación y luego la ilustración en la Escuela de Arte de Las Palmas, con el tatuaje como una visión de expresión artística que muy pronto había tomado forma en su vida. «Con 18 años entré en un estudio que había en la calle de Alfredo L. Jones como aprendiz. Y a los pocos años ya empecé a trabajar por mi cuenta. Hay gente que para mí es como si fuera de mi familia, muy cercana. El otro día, por ejemplo, vino al estudio Marco, uno de mis primeros clientes, que tiene prácticamente todo el cuerpo tatuado y todos son tatuajes míos», dice.

Renato Alegría ha formado un equipo de profesionales que sitúan a su estudio en vanguardia del movimiento en las islas y el exterior. Tras sus primeros pasos en 1995 ha tenido la posibilidad de recorrer el mundo con esta vocación que es algo más que un sustento. Es un modo de vida.

A lo largo de sus años en el oficio ha comprobado la evolución que la marca de la tinta en la piel ha tenido, superando los viejos estigmas y refinando también la ambición estética de los que acuden a los estudios. «El tatuaje es algo socialmente aceptado, nada tiene nada que ver ya con la visión que se tenía antes en la gente. De hecho, casi todos nuestros clientes son de ese perfil, gente profesional. Gente que valora el talento y que no va buscando precio; va buscando un trabajo de calidad», explica.

Renato Alegría tiene ya algo más que raíces en Las Palmas de Gran Canaria y en el barrio de Alcaravaneras, donde ha ido mudando de calle hasta instalarse hace décadas en la calle Italia. Tiene su casa, el lugar al que pertenece por naturaleza.

Allí hace vida. Una de la que forman parte sus hijos –una mayor ya con 25 años, y dos más pequeños de 11 y 13 años–. Alegría es una figura inquieta de esas de las que seguirían añadiendo rutinas a sus días si el reloj tuviera más de 24 horas. «Mi jornada empieza las 05.50. A esa hora me levanto, voy al gimnasio de pesas; vuelvo y llevó a mis hijos al colegio. Me tomó un café y me voy al gimnasio en el que practicó jiu jitsu brasileño. A las 12.00 horas ya estoy aquí y aquí pasó todo el día. Por la noche leo un poco en la cama y caigo rendido».

Renato pone el nombre al estudio pero no quiere olvidarse de los que forman parte del proyecto. De Ruth, evidentemente, compañera de vida con la que comparte también mirada artística y la herencia familiar más que centenaria de la desaparecida Joyería Lezcano, que con un lenguaje artístico actualizado forma parte del ecosistema del estudio. «Son todos fantásticos, como personas y como artistas», indica con voz de orgullo.

Rurh, Elena y Renato en el estudio de Alcaravaneras. Juan Carlos Alonso

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