Muere Mingole, un eco del pasado de La Isleta
El barrio portuario pierde a uno de sus vecinos más queridos
La Isleta resiste como puede a las presiones de la uniformidad. Solo sus raíces le permiten soportar el huracán de la globalización, pero aún así el barrio sigue mostrando las heridas abiertas por los frentes de la turistificación y la gentrificación. Por eso, en este barrio en el que la sal sana cualquier laceración y cohesiona a las generaciones con alfombras de identidad, la pérdida de un vecino como Domingo Machín Machín, al que todos conocían como Mingole, representa más que una muerte. Es un eco de un pasado que se apaga.
Este hombre no nació, sin embargo, en La Isleta. En 1936 abrió los ojos a la vida en las 40 Casas de Guanarteme, otra parte de la ciudad que sucumbió a la transformación urbana. Pronto se mudó junto a su familia a La Isleta, donde vivió cerca de otro de esos nombres míticos en el barrio, Policarpo, el del carrillo.
La enfermedad que le salió al paso de niño no hizo sino agrandar su corazón y el cariño que los isleteros sentían por él.
Era un jiribilla que lo mismo vendía los cupones de los galgos, cuando el canódromo estaba por la clínica del Pino; que repartía estampitas religiosas, siempre en el entorno de su querida iglesia del Carmen; que distribuía agua en un porrón a los obreros, a perra el buche; que descargaba pescado;o que recogía quemadores y cables en un carretón, según el perfil que le hizo la comisión de fiestas de La Isleta en el homenaje que le ofreció en el año 2010.
No era el primero. En el 2002, ya se le entregó una placa de reconocimiento.
Este martes, su timple enmudeció.