La guagua eléctrica llega a una parada del parque de Santa Catalina. / C7

MetroGuagua se sumará al hidrógeno y al gas para no fiarlo todo al vehículo 100% eléctrico

La inversión final en la adquisición de la flota de la guagua exprés -unos veinticinco coches- rondará los treinta millones de euros

Javier Darriba
JAVIER DARRIBA Las Palmas de Gran Canaria

El Ayuntamiento y la dirección de Guaguas Municipales decidirá este año el tipo de vehículo que compondrá la flota de la MetroGuagua. La hoja de ruta diseñada plantea la adquisición de entre veinticuatro y veintiséis vehículos para que se pueda garantizar una frecuencia de paso de cuatro minutos y para poder atender al previsible incremento de la demanda. La idea inicial era apostar por el vehículo 100% eléctrico, pero ahora se conoce que se va a contar también con guaguas movidas por otros sistemas menos contaminantes que el diésel, como el hidrógeno o el gas natural comprimido.

«Seguramente optaremos por un mix de varias tecnologías», explicó el concejal de Movilidad del Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria, José Eduardo Ramírez. Detrás de esta decisión está el hecho de que no se quiere apostar la continuidad del servicio de MetroGuagua a un solo sistema ya que cualquier incidencia podría provocar una interrupción o alteración del servicio de alta capacidad.

«No vamos a poner todos los huevos en la misma cesta», argumentó el director general de Guaguas, Miguel Ángel Rodríguez. «El problema de la guagua eléctrica es la fiabilidad», añadió.

Las guaguas de hidrógeno y las eléctricas son las más caras, con precios unitarios cercanos al millón de euros

Luego aclaró que la experiencia que se tiene con las pruebas que se han realizado con la única guagua eléctrica que tiene la compañía municipal, el número de averías no es más alto que con otros vehículos de la flota, pero sí resultan más difíciles de resolver. «Cada vez que hay una incidencia, la resolución es más complicada porque tienen que venir técnicos de fuera», expuso, «no es que tenga un nivel de incidencia mayor porque la guagua eléctrica va perfectamente». Este vehículo se incorporó a Guaguas Municipales en 2019 y, hasta el momento, ha transportado a más de 150.000 personas y ha recorrido 28.400 kilómetros.

A lo largo de este año, se decidirá qué tipo de combustible se escogerá y cuántas guaguas funcionarán con uno u otro. En esta decisión tendrá un peso importante el precio de compra estas tecnologías. Así, hay que tener en cuenta que una guagua eléctrica puede tener un coste unitario en torno a los 850.000 euros, frente a los 350.000 euros de una guagua comercial de dieciocho metros impulsada por diésel; o los 440.000 euros que sale un vehículo híbrido. En cambio, una guagua de gas natural comprimido puede tener un coste similar al híbrido. Y las de hidrógeno resultan las más caras, ya que un vehículo de doce metros puede rondar los 800.000 euros, además de que presenta pocas experiencias en el transporte público colectivo y de que la línea de producción sigue siendo limitada, según expuso Rodríguez.

Grandes dimensiones

Algunos de los precios reseñados podrían variar al alza debido a las dimensiones de los coches que conformarán la flota de MetroGuagua. Se trata de vehículos biarticulados que alcanzarán alrededor de veinticuatro metros, unos seis metros de largo más que la guagua más grande que tiene la flota de Guaguas Municipales en la actualidad.

Por eso, en estos momentos se está barajando la cifra de treinta millones de euros para comprar la flota de MetroGuagua. «Muchos de estos créditos pueden venir de Europa», aseguró José Eduardo Ramírez, «se va a intentar reducir esa cuantía».

La idea original con la que se planificaba MetroGuagua era que se compraran diecisiete vehículos pero el hecho de que en 2019 el número de viajeros alcanzara el horizonte que se habían planteado para el inicio de la guagua exprés -38,5 millones- ha provocado la reflexión sobre la necesidad de reforzar la oferta.

El concejal recordó que la puesta en marcha de la MetroGuagua vendrá acompañada de una reordenación del resto de las líneas, de modo que cuando la guagua exprés comience a circular por la parte baja de la ciudad (entre Hoya de La Plata y Manuel Becerra) muchas de las líneas que hoy hacen ese recorrido se destinarán a reforzar el servicio de los barrios. Y eso con la ventaja adicional de que los trayectos serán más cortos y, por tanto, rápidos.

El concejal Ramírez, flanqueado por los directivos de Guaguas y Sagulpa. / C7

Recuperar el pago en efectivo «cuanto antes» en Guaguas

El concejal de Movilidad del Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria, José Eduardo Ramírez, aseguró ayer que está tratando de revertir la prohibición que pesa sobre el pago en efectivo en los vehículos de Guaguas Municipales desde que se inició la pandemia y que se adoptó como una medida para reducir los riesgos de contagio por el covid-19.

La petición del Consistorio capitalino ha sido hecha en el seno de la Autoridad Única del Transporte, que es el ente que ha dictaminado la suspensión de este medio de pago en el transporte colectivo de toda la isla.

«Estamos tratando de convencerlos de que permita el pago en efectivo cuanto antes», expuso el concejal durante el acto de presentación del balance de gestión de los fondos europeos Civitas Destination para el fomento de una movilidad urbana sostenible en la capital grancanaria y otros territorios comunitarios.

Ramírez explicó que uno de los argumentos de la posición municipal en favor de recuperar el pago en efectivo es el hecho de que los taxis lo aceptan y no ha generado ningún problema. Y lo mismo con otro tipo de servicios.

El edil de Movilidad desmintió que Global haya aceptado el pago de sus viajes con billetes y monedas, tal y como denunció el portavoz de Coalición Canaria-Unidos por Gran Canaria, Francis Candil. «Tampoco en Tenerife se ha aceptado todavía», aclaró.

Los guagüeros han venido reclamando desde hace tiempo la reactivación de este medio de pago, que representa aproximadamente un 14% de todos los accesos a Guaguas Municipales. Los conductores se quejan de que hay turistas que se quedan en tierra porque no pueden pagar con monedas ni con tarjetas de crédito.