Imagen de los vecinos que impulsan la nueva plataforma vecinal en El Lasso. / C7

El Lasso recupera la voz de barrio

Los residentes de este núcleo crean una nueva plataforma vecinal para demandar mejores servicios a las instituciones públicas

Javier Darriba
JAVIER DARRIBA Las Palmas de Gran Canaria

Cuando les quitaron la guagua de las siete de la mañana decidieron que no podían aguantar más. Que si no luchaban por sus derechos y reivindicaciones, la política municipal apenas iba a subir la pronunciada cuesta en la que se elevó este barrio que acoge a algo más de 2.000 personas. Así nació la plataforma El Lasso se Mueve, en octubre pasado. Su voz empieza a escucharse ladera abajo, en el resto de la ciudad, empujada por la fuerza de atemporales de la lucha vecinal, como Kely García, pero también de gente nueva que quiere mejorar las condiciones de vida de los suyos.

Este es el caso de Soledad Melián, de Manuela Bautista o de Juan Melián, quienes no soportan que el barrio tenga que sufrir más recortes en el transporte público o que la atención municipal se quede en el paseo de Blas Cabrera Felipe.

«Tengo un hijo de dieciséis años que se tiene que levantar a las seis y media de la mañana y bajar caminando todo el barrio para llegar a tiempo al instituto de la Vega de San José», explica una madre, «y a la vuelta, lo mismo». Y todo porque se suspendió el servicio de las 07.05 horas, con lo que el barrio pasa de tener la primera guagua a las 06.30 y la siguiente, a las 07.40 horas.

También le dificultó la vida a los universitarios que cada día tienen que llegar al campus de Tafira y a los que la salida de las 07.40 no resulta suficiente para garantizar su asistencia a clase con puntualidad.

«Así no llega nadie, ni siquiera los que van a trabajar», denuncia Juan Melián. A su lado, Kely García detalla que «mucha gente iba al mercado o a Vegueta y ahora han metido a la gente en sus casas».

Los rastrojos se han adueñado de los viales públicos. / C7

Los vecinos llamaron a la compañía el 13 de octubre, donde les reconocieron que había problemas con el servicio. A preguntas de este periódico, la empresa explicó que su intención era reponer el viaje anulado lo antes posible y aseguró que a causa del conflicto que hubo en la negociación del convenio colectivo, ese viaje se vio afectado porque era uno de los que se cubría con los refuerzos de personal que se dejaron de prestar.

Además, se quejan del recorrido que hace la línea 53, que une el mercado de Vegueta con los barrios de Zárate, El Lasso, Los Granjeros y San Cristóbal. «Te tienes que esperar hasta una hora por la guagua», denuncian.

Colegio León

En el barrio tampoco dan por cobrada la deuda contraída por el Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria a consecuencia del cierre del colegio León y su posterior apertura como centro de acogida de personas migrantes. «El alcalde se comprometió a que los niños volverían al centro», recuerdan los vecinos del Lasso.

También dicen que la apertura del centro de migrantes en el viejo centro escolar ha generado alguna disfunción en la vida del barrio ya que hay algunos usuarios del centro, no todos, que tienen conductas inapropiadas.

Juan Melián explica que algunas de las personas que allí son acogidas pueden llegar con un consumo abusivo de alcohol, lo que se traduce luego en peleas y ruidos que alteran el descanso de los vecinos del Lasso.

Por eso, son muchos los vecinos que exigen la aplicación de normas de comportamiento y cierre del centro. «No se preocupan por establecer una comunicación con el barrio», critican.

Una nueva voz

El barrio del Lasso llevaba años sin representación vecinal y eso se nota en sus equipamientos, en sus servicios, en la vida comunitaria. «Hemos perdido todo lo que se hizo en su día», enumera Kely García, que es una de las históricas de la lucha vecinal en El Lasso, «antes había un coro, un grupo de sevillanas, un club de fútbol, la tienda...». En su opinión, la falta de un movimiento asociativo ha terminado por condenar al barrio a un cierto aislamiento y una actitud de desidia por parte de las autoridades públicas.

«Hay un vacío en el movimiento vecinal», resume García, quien asegura que la intención de la nueva plataforma El Lasso se Mueve es contactar con las comunidades de la urbanización Los Granjeros para tratar de fijar una estrategia común de lucha y reivindicación.

«A raíz del problema de la guagua nos movilizamos porque que nos quiten servicios con lo poco que tenemos es demasiado, es de vergüenza», expone otra integrante del colectivo.

La limpieza es otro de los puntos que aparece en sus reivindicaciones. Y la proliferación de arbustos que, en algunos sitios, «llegan a la cintura». Algunos fueron podados por los vecinos.