Un coche cruza la vía para incorporarse a la GC-201 en dirección a Ladera Alta y Los Giles. / C7

La intersección de los accidentes que atemoriza a Costa Ayala

Los vecinos demandan al Cabildo una reordenación del cruce de la carretera de acceso al barrio con la GC-201 porque la falta de aceras aumenta la posibilidad de atropellos

Javier Darriba
JAVIER DARRIBA Las Palmas de Gran Canaria

En el barrio de Costa Ayala, la serenidad que da la proximidad del mar se agita cada vez que algún familiar tiene que caminar a la parte alta del barrio para coger la guagua o para ir al colegio.

El tránsito peatonal discurre junto a un cruce que perturba la tranquilidad de una población que se sobresalta cada vez que se escucha el estampido de dos vehículos.

La confluencia de la vía de entrada al barrio con la GC-201 -que conduce a Ladera Alta y Los Giles- representa un riesgo que los vecinos ya no están dispuestos a soportar más.

Dos accidenes en un día

Hace dos viernes la paciencia de estos vecinos fue superada por dos accidentes de circulación. El primero ocurrió por la mañana: dos coches se chocaron por la falta de visibilidad que hay en el cruce, circunstancia que se ve empeorada porque el giro que tienen que hacer los conductores que van camino de Los Giles a través de un pequeño túnel.

Horas más tarde, un peatón que andaba desde el colegio de educación Infantil y Primaria Asturias hacia Casa Ayala resultó atropellado. En este tramo de la carretera, no hay aceras y los viandantes tienen que compartir espacio con los coches que suben y bajan, no siempre a la velocidad marcada por las señales de circulación.

«Aquí ser peatón es una molidura», resume el presidente de la asociación de vecinos Nuestra Señora de Montserrat, Alexis Rodríguez. Se refiere al peligro que representa cada desplazamiento porque cuando hay aceras resultan muy estrechas, van muy pegadas al tráfico o, simplemente, no existen y al viandante no le queda más remedio que ir por un arcén, un cacho de tierra o por la misma carretera.

Las imágenes muestran las dificultades que tienen que sortear los viandantes en sus desplazamientos. / C7

«No queremos esperar a que cualquier niño sufra un percance porque este peligro es diario», prosigue el representante vecinal, quien demanda a la consejería de Obras Públicas del Cabildo de Gran Canaria, que dirige Miguel Ángel Pérez, una mayor implicación en sus problemas.

La situación ha llegado a tal punto que hay madres que cuando acompañan a sus hijos prefieren alargar el recorrido por unas veredas de tierra que han hollado los pasos temerosos de los vecinos a través de fincas privadas.

«Por miedo hay muchos padres que no quieren ir por la acera bajo el túnel», describe Rodríguez. La asociación de vecinos Nuestra Señora de Montserrat pretende que el Cabildo de Gran Canaria envíe a sus técnicos a estudiar la zona para reordenar el cruce.

Dos posibles soluciones

Desde su experiencia, dos son las actuaciones que podrían acometerse para dotar de mayor visibilidad y, por tanto, seguridad a esta vía: por un lado, convertir este cruce, regido por una señal de parada obligatoria, en una pequeña rotonda que distribuya del tráfico de una manera más natural.

Y, como segunda alternativa, hacer que el tráfico que entra en el barrio desde la GC-2 tenga que ir hasta la zona del centro de salud y del campo de fútbol para que el cruce se haga más abajo.

Aparte, se reclama un cambio en el peralte de la salida a la GC-2.

La acera termina en un solar. / C7

La falta de aceras también es acuciante. Cuando se deja atrás el centro de salud y se coge el primer paso de peatones en dirección al colegio público, desaparece la acera. Por unos metros, hay que ir por una especie de canalización de pluviales que discurre entre el murete que separa la ladera ajardinada y la propia carretera. Mientras se cubre esta distancia, los vecinos tienen que caminar mirando hacia atrás, pendientes de los coches que se aproximan al cruce.

Luego entran en el paso de cemento que discurre bajo el túnel y que fue ampliado hace ya años, pero que aún así resulta muy estrecho. Aquí un bordillo recrecido resulta insuficiente para dar seguridad al peatón.

A la salida nos encontramos con la primera acera en condiciones, pero al final muere en un descampado que hay que atravesar para llegar al colegio. «El propietario de este terreno está dispuesto a permitir que el Cabildo construya la acera, y lo único que exige es que se haga un muro de contención», dice Rodríguez.

Las canalizaciones de pluviales están atoradas. / C7

Para empeorar más los desplazamientos, los vecinos tienen que atravesar la GC-201 para poder llegar hasta la parada de guaguas en dirección a Los Giles. Y además esperar al borde de la carretera sin marquesinas.

Los vecinos creen que se podría desplazar la parada a otro punto que permita una espera más cómoda.

También lamentan que las conducciones de pluviales estén llenas de vegetación y basura, y que nadie se preocupe de ellas. « Cuando hay lluvias fuertes, esto se llena de agua y de barro y no se puede transitar y los niños tienen que ir por la carretera», dice el representante vecinal.