Los voluntarios cargan el camión con los alimentos que tenían pendients de repartir en Zárate. / Acfi Press

Desahucio de un banco de alimentos

La asociación Cofiris acata la orden municipal de desalojo del local de Zárate pero mantiene la distribución de productos en un garaje de San Nicolás

Javier Darriba
JAVIER DARRIBA Las Palmas de Gran Canaria

El desalojo de la asociación Cofiris del local municipal en el que lleva repartiendo comida desde 2014, en Zárate, es un desahucio en cadena: el Ayuntamiento echa al colectivo pero también puede dejar en el desamparo a los vecinos que los servicios sociales municipales siguen derivando allí para que recojan alimentos mientras se les tramita una ayuda.

Al cerrar la puerta, tras vaciar toda la comida que tenían para repartir en los próximos meses, en Zárate se produjo un vacío asistencial del que muchos ya no saben cómo salir. Porque Cofiris ha conseguido mantener el reparto de alimentos, pero a partir de ahora lo hará desde un garaje que le ha sido cedido por un particular en San Nicolás. Pero muchos vecinos no van a poder acudir al risco para garantizarse las bolsas de comida con las que esquivar el hambre y la crisis.

La decisión del Ayuntamiento de interrumpir el reparto de alimentos por entender que en los locales sociales no se puede almacenar comida puede vaciar algunas despensas. «No es lógico que una familia que llamó hace dos días a los servicios sociales tenga que esperar hasta diciembre por una ayuda», expone el presidente de Cofiris, Israel Medina, «la opción que tenían los trabajadores sociales era derivar a esas personas a los colectivos de reparto de alimento hasta que se tramitara la ayuda». Y se pregunta:«Qué comen esas personas desde septiembre a diciembre?».

El día ya amaneció raro en Zárate. A primera hora, algunos preguntaban qué pasaba a las puertas del centro cívico. En una calle como Francisco Artiles Inglott, donde el aparcamiento es tan escaso, unos vecinos reservaban el hueco para el camión que iba a trasladar los alimentos almacenados. «¿Que qué pasa? Pues que el alcalde cierra el banco de alimentos».

La explicación iba extendiéndose por el resto de este barrio, uno de los más castigados por la crisis, con una carga de imprecaciones con acuse de recibo en las oficinas municipales.

La de Susana Domínguez era una de esas voces que repetían el eco de la indignación. «La comida que nos dan ellos», dice en relación al colectivo Cofiris, «no es mucho, pero es lo suficiente para pasar un mes comiendo tranquilamente». Ella considera que el desalojo del colectivo de reparto de alimentos de Zárate va hacer que algunos vecinos «se queden sin comer hasta que les venga la ayuda». E insiste en que «aquí haga falta esto y lo vayan a quitar, es un pecado». Susana Domínguez recuerda lo obvio:«Los que están pidiendo es por necesidad». Por eso, demandó sensibilidad y conciencia. Y reclamó al Ayuntamiento una mayor atención para las necesidades de Zárate. «Primero empezaron la guagua, estamos con escasez de guaguas», detalló, «y ahora nos quieren quitar la comida». Su desesperación remata su llamamiento: «¡Que se levante el pueblo canario porque necesitamos comer, trabajar y tener una vida que nos están quitando!».

El presidente de la asociación de vecinos, Anselmo Fernández, también criticó la expulsión de esta labor social de un local que va a quedar sin uso. «Nos dijeron que había deficiencias estructurales pero pedimos el informe y no nos han dado nada», explicó.

Otro momento del desalojo del local municipal. / Acfi Press

Desde el grupo de gobierno se volvió a optar por el silencio ante la expulsión de la asociación Cofiris, que sin embargo sí contó con el apoyo de varios concejales de la oposición.

La portavoz del PP, Pepa Luzardo, aseguró que el desahucio de Cofiris era una indignidad. «El alcalde, Augusto Hidalgo, tendría que ver esto y no estar de espaldas a la realidad», expuso, «qué le molesta que una asociación de voluntarios, en el peor momento, ayude a las familias más necesitadas».

La edila, junto a su compañera María Amador, estuvieron ayudando a los vecinos a sacar cajas de alimentos del local. Esta actitud fue criticada por otra concejala, Carmen Guerra, quien lo interpretó como «nuestra gran derrota como oposición». Respecto a la orden de desalojo de Cofiris, la edila no adscrita aseguró que se trata de «una aberración» y lo puso como ejemplo de «la política social del alcalde».

Por su parte, el viceportavoz de Coalición Canaria, David Suárez, explicó que no había querido imitar la actitud del PP porque «se debía haber evitado el desalojo». En su opinión, «esto es un desahucio por parte de un gobierno que, en el peor momento social, no solo no ayuda sino que da la espalda a quienes peor lo pasan». El edil entiende que «el alcalde se ha dedicado a fiscalizar el hambre» porque evita el uso de locales sociales para luchar contra él.