Imagen de archivo de un soldado de Ejército de Tierra sin relación con este asunto. / C7

Condenan a un sargento por humillar a un soldado al que le hicieron incluso dos rap para reírse de él

El mando se mofó y maltrató a un soldado al que ordenaba ir «al lado de su amo», «al lado de papá», se metió con su físico e insultó a su pareja

Francisco José Fajardo
FRANCISCO JOSÉ FAJARDO Las Palmas de Gran Canari

El Tribunal Militar Territorial Quinto ha condenado a un sargento del Ejército de Tierra que estaba destinado en la Brigada de Infantería Ligera Canarias XVI, por un delito de abuso de autoridad consistente en tratar a un subordinado de manera «degradante, inhumana o humillante». Todo ello después de haber declarado probado que se mofó y maltrató a un soldado al que ordenaba ir «al lado de su amo», «al lado de papá», se metió con su físico, insultó a su pareja sentimental y hasta permitió que compusieron dos rap en el cuartel para reírse de él. Por estos hechos, cumplirá una condena de dos meses y un día de prisión -apreciaron la atenuante de dilaciones indebidas- y pagará al denunciante 800 euros de indemnización.

Los hechos ocurrieron entre enero de 2010 y finales de 2010, cuando el soldado Roberto -nombre ficticio- coincidió con el sargento en la sección de Radio Satélite de la Compañía de Transmisiones 16 de la Brigada de Infantería Ligera Canarias XVI.

Esta sección estaba formada por «diverso personal de tropa entre los que se disfrutaba de un buen ambiente de trabajo y de camaradería», sostiene la sentencia, aunque detalla que el rendimiento profesional del soldado Roberto fue «deficiente». Esto supuso que, desde el principio, «los compañeros le prestaran ayuda de todo tipo», pero al ver su falta de interés y de mejoría y sus constantes errores, «los propios compañeros empezaron a cansarse de prestarle tal apoyo».

Cumplirá una condena de dos meses y un día de prisión y pagará al denunciante 800 euros de indemnización

Los «errores, despistes y fallos» del soldado dieron lugar «a todo tipo de bromas y mofas» hasta el punto de que llegó a popularizarse el término «Roberto» o «no seas Roberto», para referirse a cualquier fallo o torpeza que pudiera cometer cualquiera en la unidad. Esta expresión «era usada tanto por la tropa como por el sargento Ismael -también nombre ficticio- y se empleaba tanto para burlarse de los fallos de Roberto como de cualquier otro.

En este escenario, el sargento Ismael, suboficial inmediato del soldado Roberto, «participaba como uno más de las burlas de los compañeros» o bien «las iniciaba él y las continuaba la tropa», o las «comenzaba la tropa y el sargento participaba de ellas».

El soldado se vio «sobrepasado» por la cantidad y recurrencia de las burlas que recibía, lo cual le «afectó personalmente, empezó a decaer su ánimo y a retraerse en sus relaciones con los demás». El disgusto que le provocaban las burlas se lo contó, al menos, a un cabo y dos soldados, «aunque al final acabaría resignándose e interiorizando el ser objeto constante» de estas mofas.

Incluso, dos de sus compañeros, a los cuales también denunciaría en su día, «le hicieron dos canciones a ritmo de rap donde, con las exageraciones propias de una canción compuesta en tono de burla, se relataban diversas vicisitudes personales y profesionales del soldado Roberto».

Este tema se propagó «más allá del entorno más inmediato de su unidad y que se escuchaba incluso en los vehículos particulares de la tropa». El sargento era «perfecto conocedor de, al menos, una de las dos canciones que se le hicieron al soldado Roberto».

«Falta de habilidades»

El sargento, relata el fallo «se fijó en la falta de habilidades del soldado», así como en «cierta deficiencia física que el suboficial aprovechaba para destacar y provocar la hilaridad» del resto de los compañeros. Y es que tenía una cadera más alta que la otra y, además, un defecto en los pies que le producía una mala pisada y mala postura pareciendo tener las piernas en 'X'. Por esto se mofaba de él diciéndole «cuando anda parece que esquía», «tiene el cuerpo raro» o «es que está mal hecho».

En relación a su físico, una vez el sargento le preguntó en público si con ese cuerpo «era capaz de follarse a su novia». En otra ocasión, sabedor de las dificultades del soldado para correr, le ordenó hacerlo con el traje NBQ -para proteger el torso y las extremidades de la exposición ante agentes químicos, biológicos y radiactivos- y la máscara. En otra ocasión, el sargento vio que el soldado tenía en el móvil una foto de su novia lanzando un beso y le dijo que «las mujeres que se hacían fotos así parecían putillas».

El sargento apodó al denunciante 'Leonardo' (vieja en italiano) y lo llamaba con expresiones tales como «Leonardo, ven aquí a la derecha de papá» o «Leonardo, ponte aquí a la derecha de tu amo». Precisamente con esta frase comenzaba el rap que le compusieron. Hay que destacar que el condenado, que dijo en el juicio que «fue el peor soldado» que había tenido en su carrera militar, no le sancionó nunca. Cuando cometía algún error, además de las vejaciones referidas, le daba un golpe en el pecho «que le avergonzaba».

Contra este fallo cabe recurso de casación ante el Supremo.

Rebajó su estima y su dignidad «despreciándola y humillándola»

Para la Sala, «hay duda» de que el sargento llevó a cabo un «maltrato de obra y de palabra con las que degradó, rebajó la estima, la reputación o la dignidad de la persona, despreciándola, envileciéndola humillándola o deshonrándola». Tanto los «malos tratos de obra, como los verbales son objetivamente humillantes, vejatorios y degradantes en los términos que la jurisprudencia exige», añade la sentencia de forma contundente.

El comportamiento del sargento, a juicio del Tribunal, «no justificaba ni los continuos fallos del soldado, ni mucho menos sus limitadas aptitudes físicas». Las primeras debieron de ser «objeto de corrección disciplinaria por el sargento y sin embargo no lo fueron nunca». Las segundas «nunca debieron de ser objeto de mofa y sin embargo lo fueron constantemente». En resumen, según la sentencia «el sargento, en el trato que deparó al soldado, erró en todo».

El mismo fue «constante, personal y directo», fruto de la «fijación» del sargento con el soldado y sin otra finalidad que la de «envilecerle constantemente amparándose para ello en la pretendida legitimidad que le daba el hecho de ser sargento y de hacerlo siempre para corregir o para evitar fallos del soldado». Es una «denigración y una vejación intolerable justificar el maltrato en un pretendido fallo previo de la víctima» y esta era precisamente la excusa que se ponía constantemente por el sargento. Y lo peor de todo, «la que llegó a la tropa».

El sargento «tomó fijación» con el soldado y, como dijo de manera gráfica un cabo en su declaración como testigo, decidió «disciplinarlo a su manera». Precisamente, coincide esta afirmación que a la Sala le pareció «tan certera», con el hecho de que a pesar de que el sargento dijera en su declaración que Roberto fue «el peor soldado» que tuvo y que le «corregía constantemente», a diferencia de lo que hicieron otros mandos, el acusado «no le sancionó nunca». O mejor dicho, sostiene la resolución, «no lo hizo nunca legalmente ni con el mínimo respeto que merece la dignidad de cualquier soldado», incluso el «peor», sino que decidió «corregirlo a su manera».

Destaca la Sala que «es cierto que algunas actitudes no eran exclusivas del sargento», especialmente las burlas o las mofas, porque «también la tropa hacía alguna de ellas», pero esto no hacía «buena» su conducta.

Todos estos comportamientos del sargento «se llevaron a cabo con evidente abuso de su autoridad», de esa «autoridad que le confería su condición de superior». No «puede admitirse», determina, «que fueran bromas, las cuales por cierto no siempre son divertidas o inocuas. Hay bromas pesadas o hirientes que pueden hacer mucha gracia a quien las hace o a quien las ve desde fuera, pero pueden no tener ninguna para quien las sufre, que era el caso del soldado».