Imagen de los vecinos a pie de la carretera por la que tienen que transitar y que carece de aceras y arcenes. / C7

Carretera de San Lorenzo: cuando el paseo es sinónimo de atropello

Los vecinos exigen al Cabildo que haga por urgencia la obra que dotará de aceras la vía para poder caminar tranquilos

Javier Darriba
JAVIER DARRIBA Las Palmas de Gran Canaria

En la carretera de San Lorenzo, el peatón es un hiperónimo de peligro y siniestro. La falta de aceras y, en muchos casos, de arcenes hacen que los vecinos se jueguen literalmente la vida cada vez que salen de casa. Allí, la definición de ciudadano incluye el riesgo de sufrir un accidente de tráfico.

La ausencia de aceras no ha impedido, sin embargo, que este jueves, algunos representantes de los 600 vecinos que viven alongados a la GC-308, hayan podido llegar al pleno del Cabildo de Gran Canaria para reclamar que declare de urgencia una obra que fue prometida y proyectada en la época en que el actual presidente del Gobierno de Canarias, Ángel Víctor Torres, gestionaba el área insular de Obras Públicas.

Para ampliar la calzada y construir unas aceras que posibiliten un paso tranquilo, se requiere 2,96 millones de euros y doce meses de trabajo a lo largo de un recorrido de apenas dos kilómetros. Pero también se necesita voluntad. Y esto es, precisamente, lo que los vecinos vienen echando en falta en la fría relación que mantienen con el actual consejero de Obras Públicas y vicepresidente del Cabildo, Miguel Ángel Pérez del Pino.

Vídeo. Proyecto de mejora de la GC-308. / C7

«Llevamos ya desde 2013 con este asunto», explica la presidenta de la plataforma vecinal creada en uno de los márgenes de la GC-308, Ana María Martel, « desde que se fue Ángel Víctor Torres, el proyecto no ha avanzado, y ya se va otra legislatura».

Por esta carretera pasan cada día un promedio de 8.000 vehículos, según los aforos que maneja el Cabildo de Gran Canaria. Y lo peor es que cada vez lo hacen a mayor velocidad. «Desde que asfaltaron la vía en febrero», expone el presidente de la asociación de vecinos El Román, Carlos Batista, «esto parece una carrera de coches».

Y, lógicamente, a mayor velocidad, mayor riesgo para los ciudadanos que tienen que compartir espacio con los coches en sus desplazamientos a pie. Por si fuera poco, la vía no es demasiado ancha y, en ocasiones, resulta complicado que pasen dos vehículos con holgura, en especial si uno de ellos es un camión. Esto hace que muchas veces los coches se echen hacia los bordes de la vía, justo por donde tratan de caminar los vecinos.

Listado de accidentes

Al borde de la carretera de San Lorenzo, los accidentes se recuerdan con fechas y nombres. Saben que en los últimos cuatro meses, se ha tenido que reponer parte de la valla quitamiedos en tres ocasiones; conocen los casos de los vecinos que han perdido el coche en accidentes de tráfico que han concluido con la declaración de siniestro total del vehículo; y tienen en mente el nombre de quien ha sido golpeado por un coche debido a la estrechez de la carretera.

Uno de estos nombres es el de Ricardo Rey. «Salía de casa y en cuanto me eché a andar, me dieron con el retrovisor en el brazo», recuerda. Afortunadamente no sufrió daño pero reconoce que podía haber sido peor porque el espejo del automóvil se rompió.

«Si me pasa a mí, me tira», abunda Ana María Martel, quien relata que en alguna ocasión ha tenido que irse a una acequia para evitar que un coche se le vaya encima.

El mismo derecho que otros vecinos

En el barrio existe la sensación de que como la obra es pequeña, no resulta lucida para que un político vaya a inaugurarla, pero reivindican tener tanto derecho como cualquier otro vecino de Las Palmas de Gran Canaria. «Esto no son los túneles de La Aldea, la reparación del Tívoli o la iluminación de La Laja», se queja la presidenta de la plataforma vecinal, «pero aquí los vecinos somos tanto o más importantes que las luces de La Laja».

Cuando hay arcenes para dirigir los pasos, no llegan ni a los veinte centímetros. Por eso, aseguran los vecinos, «nos jugamos la vida día a día».

No acaban aquí los inconvenientes de no tener acera. «Los mayores casi no salen por miedo», exponen, «y las guaguas, tanto las normales como las de los colegios, tienen que parar en la carretera».

En octubre tomarán la calle. Por tercera vez en seis años se manifestarán por las aceras.