Los vecinos se quejan de suciedad que dejan los jóvenes a su paso. / cober

Capellanías no quiere perder su esencia

Vecinos del pequeño núcleo piden presencia policial para evitar los problemas que les generan los grupos de jóvenes que se concentran en la zona los fines de semana

Rebeca Díaz
REBECA DÍAZ Las Palmas de Gran Canria

Los vecinos de Capellanías, un pequeño núcleo poblacional «de 3 calles y 30 casas» junto a Lomo Apolinario, en la capital grancanaria, presumen de tener «una joya de barrio». Aseguran que la vida en esta zona, en la que residen «vecinos de toda la vida», ha sido siempre tranquila pues disfrutan de un entorno privilegiado «con zonas verdes y vistas espectaculares» en plena ciudad.

Sin embargo, denuncian que esta paz de la que han venido disfrutando desde que se conformó este barrio se está viendo alterada, especialmente los fines de semana. «Desde los viernes por la tarde noche empiezan a venir jóvenes que se reúnen a beber, a fumar y que dejan todo lleno de basura», explican algunos residentes que prefieren mantener el anonimato pues no quieren tener problemas.

Añaden que el rastro «de botellas, latas, colillas y pipas» que dejan a su paso mancha la imagen de un barrio que los propios vecinos mantienen limpio. «La semana pasada vino una cuba y lo baldeó, pero la semana anterior habían venido unos seis vecinos de la parte alta que lo dejaron todo limpio», señalan.

Dicen que algo similar pasa con los jardines que se encuentran en el barrio, «que son del Ayuntamiento pero los cuidamos los vecinos».

Pero la principal preocupación de los residentes en esta parte de la ciudad es que «Capellanías pierda su esencia», dicen al referirse al modo en que esas reuniones de gente joven que se vienen repitiendo han perturbado el día a día de un barrio «en el que viven muchas personas mayores que está delicaditas de salud».

Así, los afectados señalan que esas reuniones que empiezan en al tarde noche se prolongan hasta la madrugada y en más de una ocasión «han acabado en trifulcas». Ponen como ejemplo la situación que vivieron recientemente «cuando a las tres de la mañana dos de los chicos se enfrascaron y acabaron peleando», y uno abandonó la zona en su coche «a toda mecha», con el peligro que eso supone, ya que recuerdan que « la calle que recorre todo el barrio es de sentido único» y en la zona «se encontraban también aparcados los coches de los vecinos».

De igual modo, relatan un episodio acontecido «un domingo a la seis de la mañana, en el que se pusieron a tocar las pitas». Dice que esa ocasión llamar on a la Policía Local, que «vino enseguida y se hizo cargo del asunto».

Sin embargo, señalan que en otras ocasiones, cuando acuden al cuerpo de seguridad municipal a denunciar estas molestias que sufren «por el barullo que se forma, no vienen».

Por todo esto, los habitantes de Capellanías reclaman «más presencia policial», ya que entienden que el hecho de que la Policía Local recorra la zona «de vez en cuando» puede tener un efecto disuasorio de cara a estas concentraciones de jóvenes que i mpiden el descanso.

«Las casas dan directamente a la carreteras y muchas de las habitaciones dan a la calle», explican unos residentes que confiesan tener problemas para conciliar el sueño por estas reuniones ya que en el silencio de la noche el ruido que se genera «es mucho».

Explican, además, que la velocidad a la que circulan estos vehículos que acceden a la zona les inquieta hasta el punto que « desde la asociación de vecinos se ha pedido al Ayuntamiento que ponga guardias muertos», pero que de momento «no ha han hecho caso».

Asimismo, algunos afectados exponen que se han acercado a la cercana sede de la Policía Local, en Miller, para reclamar «un poco de vigilancia, que bajen y se den un paseo» porque «a la Policía de Barrio no la vemos».

Pero afirman que la respuesta que obtuvieron del agente que les atendió en la puerta fue que «teníamos que recoger firmas de los vecinos y luego presentar la queja en la Concejalía del Distrito».

Los residentes dicen que entienden que «este es el protocolo» pero que ellos lo único que pretenden «es que esto no siga» y consideran que, «como vecinos, tenemos derecho a proteger este barrio».

Apuntan que saben que «en todos los barrios hay problemas, sobre todo en los de mayor población». Pero consideran que el que a ellos les afecta no tiene una solución tan compleja. «Este barrio es un escondite y por eso vienen, pero si la Policía aparece por aquí y la ven, ellos se van», dicen.

«Esto se puede atajar porque es un barrio chiquito», insisten estos vecinos. Por eso solicitan que «ya que toman café en la cafetería que hay en la calle de arriba, que bajen al barrio y se den una vuelta».