Imagen de la vista oral celebrada ante la Audiencia Provincial a principios del mes de abril. / F. J. F.

La Audiencia absuelve a un acusado que se enfrentaba a 15 años de cárcel por abusar de su nietastra

La Sala no dio credibilidad a la declaración de la menor, restó peso a los informes forenses y no apreció elementos de corroboración

Francisco José Fajardo
FRANCISCO JOSÉ FAJARDO Las Palmas de Gran Canaria

Un varón de 70 años ha sido absuelto por la Sección Segunda de la Audiencia Provincial de Las Palmas tras ser acusado por la supuesta comisión de dos delitos de abuso sexual a menor de 16 años -uno de ellos con acceso carnal- y por los que se enfrentaba a una petición de pena de 15 años de cárcel y el pago de 60.000 euros de indemnización.

La Sala no consideró el testimonio de la menor como prueba de cargo suficiente para enervar su presunción de inocencia. Además, no contó con elementos periféricos que corroboraran dicho relato, no apreció «entidad suficiente» a las manifestaciones de los forenses y, en el caso de uno de los dos delitos, advirtió que ni siquiera tuvo que ser objeto de acusación ya que no había referencia alguna del mismo en el auto de procesamiento, que ni siquiera fue recurrido por las partes.

LOS DATOS

  • Acusación Fiscal y acusación particular consideraron al acusado autor de dos delitos de abusos sexuales, el segundo de ellos con penetración. Pedían 5 y 12 años de cárcel, respectivamente.

  • Tesis La menor, que sufre un retraso madurativo del 46%, según la forense, manifestó en el juicio que no confesó los supuestos hechos en el mismo momento por temor a posibles represalias.

  • Recurso Contra este fallo cabe protesta en forma de apelación ante la Sala de lo Civil y Penal del TSJC.

La sentencia, que tuvo como ponente al magistrado José Luis Goizueta, determinó -en síntesis- que el acusado el 4 y 5 de febrero de 2017 estuvo con la menor -que tenía 12 años en aquella época- junto con otros familiares en una casa de la calle Fernando Guanarteme. Posteriormente, se desplazaron para pasar la noche, junto con el padre de la niña y la hija del procesado, a otra vivienda en Telde.

Para la Sala, no quedó probado que el acusado «cuando la menor se encontraba acostada en una de las habitaciones» en Guanarteme, « le bajara los pantalones y las bragas y le realizara tocamientos en la vagina». Tampoco se acreditó que en Telde «encontrándose el procesado y la menor durmiendo en un sofá-cama del salón, aquel la despojara del camisón y sujetador que portaba» y la obligara a practicarle una felación, ni que mantuvieran relaciones sexuales con penetración.

Fundamentación

Los argumentos que ofrece el fallo para desmontar las tesis de las acusaciones son variados.

En primer lugar y en referencia al delito de abuso sexual a menor de 16 años, la Sección Segunda estimó el planteamiento de la defensa en el trámite de cuestiones previas, que advirtió que los presuntos abusos cometidos por el acusado en la casa de Fernando Guanarteme no se mencionaban «en absoluto» en el auto de procesamiento, que solo se refería a los supuestamente ocurridos en Telde.

Advierte que dicho auto no fue objeto de recurso por parte de las acusaciones, que además se mostraron «conformes con el auto de conclusión del sumario» y que, por lo tanto, « no se trata de decidir si el procesado pudo o no defenderse, sino de proclamar que nunca debió haber sido acusado», determina la sentencia.

Entrando en el análisis de la declaración de la víctima como única y exclusiva prueba de cargo contra el acusado, la Sala apunta que no mantuvo «desde la denuncia inicial exactamente la misma versión de los hechos». El fallo analiza las contradicciones que detectó entre lo manifestado por la menor ante la policía, ante el juez instructor y en las entrevistas que tuvo con la forense del Instituto de Medicina Legal.

De la misma forma, no existieron «elementos de corroboración con las connotaciones que la jurisprudencia viene exigiendo», detectando además «algunos elementos que restan credibilidad a la declaración de la menor», así como la localización del lugar de supuesta comisión delictiva, «una habitación abierta con presencia inmediata de adultos y otros menores», añade el fallo.

El magistrado ponente José Luis Goizueta. / Cober

La credibilidad y testimonio de la víctima «no puede dejarse» únicamente «a la valoración del perito»

La Sección Segunda expone que, durante la instrucción de este procedimiento, se le practicó a la víctima una prueba pericial psicológica, «si bien solo la ratificó una perito que con carácter previo advirtió que solo había participado en una de las entrevistas con la menor». En esta prueba, determinaron que la joven presentaba «daño psíquico compatible con haber sido víctima de abuso sexual» y que su testimonio era «probablemente creíble», pero de la misma forma, la Sala dejó claro que «la credibilidad y testimonio de la víctima nunca puede dejarse única y exclusivamente a la valoración del perito».

Insiste el fallo en que «las manifestaciones de los médicos forenses en el sentido de apreciar veracidad en el relato de la víctima, carecen de entidad suficientes para incidir en la valoración» que debe de realizar la Sala acerca de la credibilidad de la declaración de la menor. Todo ello, añade, «sin perjuicio de destacar la valiosa aportación de estos profesionales», que aportan datos «de carácter complementario, claramente secundario en relación con la declaración de la víctima, incluso con otros datos de corroboración periférica», detalla la Sección Segunda de la Audiencia Provincial de Las Palmas.

Así las cosas, para el tribunal la perito psicóloga que depuso en la vista oral «agotó la función que le es propia expresando su opinión acerca del daño psíquico que presentaba la menor», aunque incide en que no pudo «llegar a la certeza de que los hechos sucedieron como relata la misma, lo que no se puede sustituir por el criterio de las psicólogas judiciales».

Lo «contrario sería tanto como convertir al perito en una suerte de pseudoponente con capacidad decisoria para determinar de forma implacable el criterio judicial», finaliza.