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Estado actual de la presa del Granadillar, la de la catástrofe de El Toscón. Arcadio Suárez

Las Palmas de Gran Canaria

Las aguas que arrasaron El Toscón

Se cumplen nueve décadas de la rotura súbita de la presa de Granadillar, una tragedia que acabó con la vida de ocho personas en el viejo San Lorenzo

David Ojeda

Las Palmas de Gran Canaria

Viernes, 8 de marzo 2024

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El gañán Rogelio Herrera, que contaba 15 años y faenaba en la finca de Lorenzo Hernández, llevaba apenas unos minutos dormido en el pajar cuando sintió el estruendo que desató la tragedia. Eran las 22.30 horas del 21 de febrero de 1934, 90 años atrás. Aquella noche el muro de la presa de El Toscón se quebraba y dejaba de contener 150.000 metros cúbicos de aguas que corrieron como un demonio a caballo por las laderas, arrasando el barrio y llegando hasta el puente de La Hoya, camino de Teror, y engullendo la vida de ocho personas.

Ese desastre, que se aproxima a su centenario, fue conocido como la 'catástrofe del Toscón'. Un hecho distante en el tiempo y la memoria que hace 90 años conmocionó a la sociedad isleña. Aquel extracto de la ciudad todavía pertenecía al municipio de San Lorenzo, al que le faltaban cinco años para anexionarse a Las Palmas, y produjo demasiadas preguntas que buscaban aclarar qué había sucedido. El desaparecido 'Diario de Las Palmas' abría con un sumario en el que se leía: «¿rompióse por deficiencias técnicas o a causa de un atentado», situando la duda sobre las palabras de Simón Benítez, eminencia en su campo y en aquel entonces director de Vías y Obras Públicas del Cabildo de Gran Canaria entre otros cargos.

Durante nueve décadas diversos especialistas han tratado de aclarar qué produjo la devastadora rotura del muro de contención de la conocida como la Presa de Granadillar. Jaime González Gonzálvez, geógrafo de presas y vocal del Comité Nacional de Grandes Presas, lleva muchos años detrás de esta historia. Su teoría es clara y tiene que ver con las imprudencias que se produjeron en la construcción de la infraestructura del ingenio hidráulico en 1932. «El agua puso al descubierto la mala ejecución de la obra», relata.

La presa se enfrentó en los días de la catástrofe a su primera prueba de fuerza. 1932 y 1933 fueron años de una grave sequía en la isla. Y en la primera ocasión en la que sus muros debían contener las aguas se fracturó y permitió que su paso fuera levantando acta de la catástrofe a lo largo de su recorrido por el barranco de Jacomar.

Según las crónicas de la época fueron arrasadas dos «casitas» construidas en la zona de El Barranquillo. Por esos pagos se encontraba una vivienda propiedad de Lorenzo Mendoza, que estaba ocupada por su mayordomo Ramón 'El Pastor', su esposa y sus niñas de uno y tres años. En la otra también estaba Maximiano Sánchez, mayordomo de José Velázquez, su mujer y sus dos hijas. Esa noche también andaba por allí el gañán –como le refieren en las crónicas– Rogelio Herrera, que milagrosamente salvó la vida y con su relato ayudó a ordenar los acontecimientos.

Seguir la pista de la rotura súbita de la presa de El Toscón ha sido una odisea para los que se han querido aproximar a esta historia. «Intentando seguir las conclusiones jurídicas sobre la investigación que se realizó en su momento descubrimos que no existe ahora mismo ningún documento al respecto», subraya González Gonzálvez.

Imagen principal - Las aguas que arrasaron El Toscón
Imagen secundaria 1 - Las aguas que arrasaron El Toscón
Imagen secundaria 2 - Las aguas que arrasaron El Toscón

Los días posteriores a la catástrofe fueron muy confusos. Tardó en encontrarse una senda que fuera esclareciendo qué sucedió aquella trágica noche.

Las investigaciones posteriores, una vez se pudo entrar en el vaso de la presa, comenzaron a ofrecer las conclusiones que hoy en día dan una respuesta más sólida. «Se puede apreciar que en el revestimiento del lado derecho, el que se conserva y que no cayó, se hicieron trabajos de revestimientos en una parte del terreno que era de menor calidad. Mientras en el otro lado, en el que el suelo no era tan bueno, no se hicieron. Y ese es precisamente el tramo que rompió», expone el geógrafo de presas.

La potencia descomunal con la que el agua huyó de la presa arrastró todo lo que se trato de interponer en su camino. Algunos cuerpos de los fallecidos fueron encontrados en el mar, cruzando Guanarteme, en la orilla de la playa. Otros fueron apareciendo muy alejados del lugar en el que se desencadenó la tragedia. Fue el caso de la esposa de Ramón 'El Pastor', que tras ser encontrada fue cubierta por los que descubrieron su cuerpo con flores y hierbas en señal de respeto y pesar.

En la zona de Cuesta Las Palmas

El espacio en el que se encuentra la presa era conocido como Cuesta Las Palmas. Allí se construyó a toda velocidad una presa que ya forma parte de la crónica negra de la ciudad. «En aquellos terrenos no había una presa previa, como a veces se afirma erróneamente. Teniendo en cuenta cómo resultó la ejecución de precipitada y las consecuencias que tuvo creo que tuvo que ver con las exigencias de la propiedad. Que todavía, tiempo después, tuvo la arrogancia de intentar construir otra presa, pero no recibieron la autorización», explica Jaime González.

Los restos de la presa de El Toscón, o del Granadillar, ofrecen al curioso que se acerca una visión fascinante. La imagen de la fractura sobre los restos del muro de contención, el pretil con la vista hermosa de las Palmas de Gran Canaria, con La Isleta enfocada muy al fondo. La sensación de paz que emana un espacio a escasos metros de la zona recreativa de San José del Álamo.

Precisamente su belleza puede ser una de las causas de su rotura. «Lo que sucedió forma parte de una cadena de errores. El talud, que no fue capaz de superar su primer llenado, es demasiado esbelto y fue concebido siguiendo criterios racionalistas de finales del siglo XIX. Esa ejecución final tan rápida fue una de las claves», cuenta Jaime González Gonzálvez.

La rotura de la de El Toscón fue la primera gran tragedia de una presa en España.

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