Las campanas de San Mateo enmudecen por sonar muy alto

El párroco, Sebastián Sánchez, ordena que no toquen más, tras las quejas de unos vecinos y una denuncia en Fiscalía. Le dieron un plazo para bajarles los decibelios, pero el arreglo no le convence. «No es digno, suenan a cacharro viejo»

Gaumet Florido
GAUMET FLORIDO

La iglesia de San Mateo tiene tres campanas, pero desde este jueves ya no suenan, ni a las medias ni a las horas. Tampoco habrá repiques ni llamadas a misa. Lo llevaban haciendo desde hace 200 años porque la más antigua data de 1826. La decisión la tomó el párroco, Sebastián Sánchez Grimón, a raíz de una denuncia en Fiscalía por la que le obligaban a bajar el sonido de su tañido. Le dieron un plazo y técnicos especializados ajustaron los decibelios esta semana, pero el sacerdote entiende que «lo que suena, como a cacharro viejo, es indigno para San Mateo», por lo que ha optado por cortar por lo sano. No hay campanas, no hay denuncias. No obstante, su decisión no es definitiva. Busca abrir un debate en la ciudadanía. «Que la gente espabile y reclame sus derechos, que tome conciencia de lo que es un pueblo sin campanas». Una treintena de vecinos llevaba desde 2017 presentando escritos en el Ayuntamiento para protestar por el ruido de las campanas y para pedir que se le baje intensidad a su sonido.

Hasta nueva orden

La orden la dio el párroco a las 17.00 horas de este 15 de julio. Ya no sonaban desde hacía más de un año en horario nocturno, pero desde ayer tampoco van a sonar durante el día. Lo comunicó mediante un anuncio oficial. Desconexión y suspensión de los toques del campanario hasta nueva orden. Así reza el escrito. «Lo he pasado fatal, anoche no pegué ojo», confesaba este jueves Sebastián Sánchez. «Hay gente que quiere eliminar a la iglesia y el primer paso para conseguirlo es eliminar la voz de la iglesia, que son sus campanas, pero no se dan cuenta de que son cultura sabia del pueblo, que son un instrumento musical». La polémica estalló ayer en las redes sociales, a favor y en contra de la medida. «Una señora me decía esta mañana (por ayer): qué pena, San Mateo está muerto», apunta el cura, que lo comparte. «Esto le quita vida al pueblo».

Advierte de que todo parte de una denuncia en Fiscalía que dice que pusieron contra él y contra el obispo por el ruido de las campanas. «Tuve que ir incluso a declarar». El órgano judicial le fijó un plazo para que ajustara el volumen de los bronces y que luego le aportara una medición para comprobar si el nuevo sonido se ajustaba a la normativa. El martes se presentaron los técnicos en la iglesia para cumplir con ese mandato judicial y «pusieron algo a las campanas para amortiguar el sonido», pero a Sebastián Sánchez ni a los feligreses que lo escucharon les convenció. «Es que los técnicos me advierten de que el sonido de una campana no se puede bajar como el de una radio, es un mazo que cae sobre un metal, y eso suena como suena».

El edil denunciante dice que solo quieren que se escuchen menos

Rubén Díaz, concejal del PSOE en San Mateo que llevó este asunto a la Fiscalía en septiembre de 2019, no comparte la versión del cura y defiende que la tecnología por la que ahora se hace sonar a las campanas, mediante un sistema electrónico, permite reducir la intensidad del sonido. «Vivo al lado de la plaza y cuando suenan y estoy hablando por teléfono, tenemos que parar, la conversación es imposible». Y subraya dos cosas. «Primero, denuncié una infracción de la normativa de ruidos; no es cierto que la denuncia fuera contra el párroco ni contra el obispo, y segundo, no queremos que quiten las campanas ni que dejen de sonar, sino que lo hagan a un volumen aceptable, dentro de los márgenes legales». Recordó que el Ayuntamiento encargó un informe acústico en 2018 que reveló que el tañido se saltaba los límites de decibelios y que fue eso lo que motivó que la corporación local instara, o pactara, con la parroquia suprimir los toques entre las 22.00 y las 08.00 horas. «Tuvimos que exigir al gobierno local que lo hiciera, porque a pesar del estudio no tomaban ninguna decisión». Díaz achaca el problema tras el arreglo de las campanas hace cuatro o cinco años. «Antes no se escuchaban así». El cura apunta que, de hecho, una de ellas llevaba 20 años que no funcionaba.

Ortega: «Son una tradición»

El alcalde, Antonio Ortega, solo subrayó al hilo de esta polémica que la decisión adoptada es de la iglesia y que, en todo caso, el consistorio es partidario de que las campanas sigan sonando. «Son una tradición, así que a lo mejor habrá que hacerles alguna excepción en la normativa en vigor. ¿Suenan en Santiago de Compostela y no suenan aquí?».