La sequía castiga al albaricoque de Tirajana

La producción de la delicada y sabrosa fruta que se cultiva en las medianías de San Bartolomé se ha visto mermada por falta de lluvias. Se espera que la cosecha al final de la campaña caiga de los 180.000 a 160.000 kilogramos

Gabriel Súarez
GABRIEL SÚAREZ

La cosecha del albaricoque en las medianías de San Bartolomé de Tirajana está llegando a su etapa final. «Solo queda por recoger las dos variedades más tardías, la canino o carricera y el rojo tardío», señaló Juan Carlos Gómez Aranda, el ingeniero técnico agrícola de la Concejalía de Agricultura y Ganadería del Ayuntamiento de San Bartolomé de Tirajana, quien asegura que la previsión, en cuanto a la zafra, es que baje un poco con relación a la producción del pasado año, cuando se obtuvieron unas 180.000 kilogramos del preciado fruto. «Es posible que oscile entre 150 y 160.000 kilos», afirma.

Según el técnico, la cosecha comenzó a finales de abril pasado con la recogida de las variedades currot temprano mayero, currot rojo, sayeb y mogador, que han sido las primeras en madurar, «dando como resultado una fruta de buen calibre y buena calidad». «Tras esta fase, se entró en un pequeño parón, que por otro lado es siempre habitual, hasta entrar en la recta final con la recogida, que ya está en marcha, de las variedades carricera y el rojo tardío», indicó.

Respecto a la producción de este año su estimación es que, faltando todavía por cosechar dos variedades, al final sea «ligeramente inferior a la de la zafra pasada, y esto debido a la falta de lluvias en el periodo invernal, que es cuando más lo requiere el árbol frutal para producir más cantidad y de mayor calibre».

No obstante esa falta de lluvia, la calidad del albaricoque recogido hasta ahora «ha sido buena, tanto desde el punto de vista sanitario, como de calibre y sabor», puntualiza Gómez, añadiendo que la mayor parte de la fruta recogida en esta primera etapa de la zafra ya ha sido puesta en el mercado, al principio con precios ajustados a la demanda y posteriormente algo más bajos, debido a la entrada de los albaricoques de Murcia, el principal competidor de los agricultores de las medianías tirajaneras. En Mercalaspalmas se vendía el pasado 31 de mayo entre 1,30 y 1,35 euros el kilogramo,

El albaricoque de Tirajana, de acuerdo a las estimaciones de los productores, continuará compartiendo con el murciano las góndolas de las fruterías de las islas hasta mediados de junio, la fecha en la que se prevé concluya definitivamente la zafra de esta fruta en las medianías sureñas.

«Este año la campaña ha estado dentro de las fechas habituales para esta fruta, no como el año pasado que por efectos de la prolongación de los días de frío se retrasó la maduración y comenzó mucho más tarde», recordó el técnico municipal.

Gestión

Gran parte de la producción del albaricoque de Tirajana es comercializado por los productores a través GMR Canarias Gestión del Medio Rural de Canarias S.A.U., la entidad que se hace cargo también de promocionar la fruta y de su puesta en condiciones en el mercado.

Como siempre, también existen productores que venden por su cuenta y que prefieran hacer una venta directa, «pero son los menos», comenta el técnico.

El albaricoque comenzó a cultivarse en los años 50 en la zona de Fataga, en San Bartolomé de Tirajana, para después extenderse por otras zonas altas del municipio como Tunte, Hoya Grande, Manzanilla, la Hoya y Cercados de Araña.

Desde entonces se ha convertido en el cultivo característico de estas zonas, ocupando una superficie de más de 20 hectáreas, con una producción que en sus mejores cosechas a alcanzado hasta los 200.000 kilogramos al año, siendo prácticamente la única zona de la isla en la que se produce esta fruta, y podríamos hablar, incluso, del Archipiélago.

Se trata, en su mayor parte, de plantaciones regulares con una superficie media que puede oscilar en los 5.000 y los 15.000 metros cuadrados y que dan a estos lugares un paisaje característico.

El albaricoque producido en San Bartolomé de Tirajana es una fruta delicada y sabrosa, apreciada por el consumidor, que tiene concentrada su producción, si el clima es estable, entre los meses de abril y junio.